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Autor: Pla Ventura
23/10/2017
RENACER EN LOS ANDES

E

s motivo de reflexión el libro de Miguel Ángel Tobías, RENACER EN LOS ANDES, todo un documento del que debemos de aprender y, ante todo, tomar nota de lo que un ser humano puede ser capaz ante las dificultades que la vida pueda presentarle. Tobías no es un tipo cualquiera, se trata de un hombre apasionado que, su vida toda es un logro apasionante. Deportista de élite, actor de reparto, director de cine, piloto de aviones, guionista, presentador de TV y, como ahora, narrador de una altura conmovedora como ha sucedido con su libro RENACER EN LOS ANDES.

El libro de Miguel Ángel Tobías es, ante todo, un motivo de fe, sencillamente porque fue la fe la que le mantuvo vivo en las montañas de los Andes en que, como él confesara, estaba sentenciado a muerte en dichas montañas. No es menos cierto que, las convicciones divinas de Tobías le salvaron de la muerte. Como él dice, posiblemente, un milagro le salvó de una muerte segura; pero no una sola vez puesto que, previamente, por tierras de África, por dos veces consecutivas salvó su vida en otros tantos momentos en que, por lógica estaba sentenciado a muerte. Aleccionador el relato de este autor vasco que, desde hace muchos años recaló en Madrid para, desde el centro de España emprender las tres mil aventuras que ha llevado a cabo.


Portada del maravilloso libro que se cita.

Su biografía es interminable porque sus hechos así le delatan, entre ellos, haber sido el guionista de ESPAÑOLES POR EL MUNDO, la serie de TVE que, más tarde, tantas cadenas televisivas plagiara su formato. Es cierto que, su fama de aventurero le ha llevado a sitios insólitos y, todo ello por su alma aventurera en la que ha conocido el mundo y sus gentes. Si el riesgo es lo que le apasiona a Tobías, en su haber tenemos que anotar su alma solidaria para con el mundo mediante diversos programas que ha llevado a cabo al respecto, un prodigio de ser humano de los que sin pretenderlo saben cautivar a sus homónimos. Su libro, sin duda, es un documento revelador, mágico y, por encima de todo, ese libro de cabecera que todos debemos de tener al alcance de la mano.

Mientras Miguel Ángel Tobías se sentía perdido en los Andes, por su cabeza pasaron muchos recuerdos que el autor nos regala a modo de testimonio a sabiendas de que su final estaba muy cerca. Y, como sabemos, cuando alguien está al borde de la muerte no le importan las confesiones puesto que, por duras que éstas sean son siempre el reflejo de la verdad y, en dicho menester se entregó Tobías a miles de metros de altitud, aterido de frio, perdido entre las montañas, sin alientos, sin comida, sin apenas ropa y, con cuarenta grados bajo cero, con semejante “palmarés”, mediante esperas el tránsito de la vida con la muerte, nadie sería capaz de mentir en lo más mínimo.

Es emocionante cuando Tobías evoca, para sus adentros, como recuerda a las personas que amó –para su fortuna las que sigue manado- su testimonio es totalmente y revelador porque desnuda su alma en aquel clima de horror y desolación. Palabras sinceras, mágicas, únicas en las que, además del frío que le mataba daba la sensación de que podría morir de pena al recordar su vida y la de los suyos, antes que por el propio frio que le mataba por momentos.

Buscando alejarse de la realidad que le asolaba, es decir, de la muerte que le acechaba, Tobías se recreó junto a los suyos narrándonos pasajes conmovedores de lo que es una familia al más alto nivel.

Su creencia divina, sus conversaciones con Dios en lo alto de la montaña son de una esencia enigmática, de ahí el milagro que se produjo para que salvara la vida. ¿Se salvó porque rezó o quizás porque luchó? Todo a su vez, como él confiesa; pero cualquiera, tras leer sus letras se queda con la certeza del milagro porque él hizo lo que debía, lo que no sospechaba es que “otro” estaba por allí para ayudarle.

Es cierto que Tobías puso todo de su parte para no quedarse congelado moviendo todos sus músculos en la noche, pero como él dice, ¿de dónde salió aquella mano que le tocó su hombro para que no se durmiera? Cosa que, de haber sucedido, jamás hubiera despertado.

Una lección de vida la que nos ha regalado este hombre del que, irremediablemente tenemos mucho que aprender. RENACER EN LOS ANDES es de un calado mágico; nadie, tras leer este libro puede sentirse pobre ni desdichado. La pobreza, como relata Miguel Ángel Tobías solo tiene una presencia, ver la muerte de cerca, ahí sí que todo el mundo tiene derecho para sentirse pobre y desdichado; lo demás, todo lo que entendemos por pobreza es si acaso un parodia de la realidad que este hombre vivió en las montañas de Los Andes.


Miguel Ángel Tobías, el autor de tan feliz relato

Por cierto, todos deberíamos de hacernos la misma pregunta: ¿Qué sentirá un ser humano cuando ve que tiene la muerte tan cerca? Y, a su vez, ¿qué extraño sentimiento albergará al ser humano cuando comprueba que ha burlado a la muerte y sigues en el mundo de los vivos? Ambas preguntas se las respondió Miguel Ángel Tobías; primero cuando comprobó que le quedaban apenas unas horas de vida y, acto seguido cuando se produjo el milagro y volvió a vivir para disfrute personal y, sin duda alguna, para el regocijo de los suyos. Sin duda que, dichas preguntas, mejor dicho, dichas sensaciones, son imposibles de revelarlas sin haberlas vivido; ni los mejores novelistas podrían estar a la altura de alguien que, como en el caso de este autor, las ha vivido en carne propia.

¿Qué queda de todo lo vivido por Tobías? Sin duda, una lección memorable para él y, por encima de todo, para todas aquellas personas que hayan leído su libro que, apasionado como pocos, nos deja una lección imborrable. Podría destacar miles de anécdotas de un libro tan bello, pero me quedo con el pensamiento del autor a cuarenta grados bajo cero y sabiéndose condenado a muerte, inicia un diálogo interno para con su señora madre; es decir, se confiesa ante el universo junto a dicha mujer que le alumbró y a la que adora con todas sus fuerzas.

El diálogo citado, de una belleza memorable, puede emocionar a cualquiera y, sin duda que nos quepa, con toda seguridad, como el autor confiesa, posiblemente, la conexión que estableció con su madre, a modo de cordón umbilical junto al universo, hasta es posible que fuera una parte más del milagro que se produjo para que él salvara su vida.

Yo diría que Miguel Ángel Tobías ya lo había hecho “todo” en la vida, pero como se ha demostrado, por fin se animó a contarnos sus vivencias en África primero y en Los Andes después, para que todos comprendamos la grandeza de la vida; es decir, a saber valorarla cuando como le sucedió a él, estás viendo a la muerte tan de cerca. Sabíamos de sus innumerables virtudes como ser humano, como profesional del medio televisivo, pero nos quedaba conocer sus datos como literato que, sin tener que inventar una sola palabras, por sus hechos le hemos conocido en profundidad y, sin duda, ha estigmatizado el corazón de las gentes con sus letras llenas de grandeza, aleccionadoras por completo; como digo, un monumento para la reflexión y toda una lección de vida.

Para que relato tuviera el condimento que pudiera faltarle, Tobías recurrió para su prólogo a Fernando Parrado, el hombre que mejor podría entenderle en el mundo, el que le arroparía por completo puesto que, como sabemos, Fernando Parrado es uno de los supervivientes de la llamada TRAGEDIA DE LOS ANDES en que, aquel avión uruguayo se estrelló aquel doce de octubre de 1972 en que, junto a Parrado, quince compañeros salvaron la vida. ¿A qué precio? Solo ellos lo supieron.

Es cierto que si Tobías sufrió lo incontable en aquellas montañas inhóspitas, lo suyo era pura broma para lo que pasaron Parrado y sus compañeros que, para sobrevivir, tuvieron que alimentarse con los cuerpos de los compañeros que habían muerto. Sin la tragedia citada, los supervivientes, todos tienen el calificativo de héroes, Fernando Parrado y Roberto Canessa, los autores materiales de que el grupo se salvara, sufrieron la tremenda condena de andar durante diez y días y diez noches sin rumbo, hasta que por fin, aquel 20 de diciembre encontraron al arriero que les salvó; es decir, llegaron a la civilización para de tal modo ser rescatados todos los que pudieron sobrevivir.

Si hablamos de milagros, sin duda que éstos existen, de otra manera, ¿quién podría entender que, en aquel dramático descalabro del avión en las montañas de Los Andes, ante todo, hubiera supervivientes?

Tobías, como homenaje hacia aquellos hombres, acudió a Fernando Parrado para que le prologara el libro. Éste, con un cariño desmedido y sabedor de lo que Miguel Ángel Tobías había vivido, no dudó en regalarle al autor vasco sus letras más emotivas para engrandecer todavía mucho más su libro RENACER EN LOS ANDES que no dejará indiferente a nadie; yo diría que, más que indiferencia, lo que producirá será una emoción sin límites, primero lo que Tobías nos ha contado y, acto seguido por la forma de narrarlo que, por supuesto, se aleja de todo estereotipo que pudiéramos imaginar. A Tobías no hace falta decirle aquello de Dios te bendiga, sencillamente porque él es un bendecido; haber salvado la vida tres veces con la ayuda de Dios, su título no puede ser mayor.

 
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