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Autor: Pla Ventura
05/07/2017
LA 9 DE JULIO

U

na de las calles más emblemáticas de la ciudad de Buenos Aires, como sabemos, tiene por nombre la 9 de Julio y como si de un macabro paralelismo se tratare, Facundo Cabral, un grande de la canción argentina, casualmente, fue asesinado en Guatemala un 9 de julio, posiblemente, para que jamás argentino alguno olvidara la simbólica fecha.

No ya en Argentina, que sería lo lógico, pero es en todo el mundo cuando en dicha fecha evocamos, yo diría que todos lloramos la pérdida de un cantor irrepetible puesto que, como sabemos, cada cien años aparece en escena un cantor como Facundo Cabral, hombre al que admirábamos e incluso con el que gozábamos de su amistad y su cariño.


El inmortal, Facundo Cabral

Nacemos para morir, ya lo decía Facundo, de ahí que la vida sea el arte del encuentro; pero una cosa es morir porque así lo decide Dios y otra muy distinta que te arrebaten la vida como le sucediera a Cabral en Guatemala, la ciudad en la que había acudido para realizar sus últimas presentaciones puesto que, su salud, para su desdicha, estaba muy deteriorada.

Pese a todo, nadie sabe los años que Cabral hubiera vivido de no haber sido asesinado por un mal nacido que, como se supo, queriendo matar a un tipo determinado acabó con la vida de Facundo Cabral que, casualmente iba a bordo del auto del que fue pasto de las balas asesinas que, como si de un mal presagio se tratare, al que querían matar apenas le rozó una bala mientras que, Facundo se llevó dieciocho balazos en su cuerpo.


Cabral con La Madre Teresa

Mataron a Cabral, es decir, nos privaron de su cuerpo, de las conversaciones que habitualmente manteníamos con el erudito cantor argentino de las que, a diario, tomábamos lección. Físicamente, desde aquel aciago 9 de julio no le veremos más, y bien que lo lamentamos. Pero ni el asesino que disparó la balacera nos podrá arrebatar la leyenda de este cantor universal que conquistó corazones por el mundo. Perdimos su cuerpo, su estandarte, pero siempre seguiremos gozando de su obra.

Facundo Cabral solía decir que no le importaba morir porque le había dejado una canción al mundo. NO SOY DE AQUÍ…….Y tenía razón porque Cabral se inmortalizó aquel mágico día en que escribió dicha canción a la que le siguieron muchas, pero él sabía que NO SOY DE AQUÍ…..sería su “buque insignia” en el devenir de los tiempos.

No es cuestión de una canción que, a priori, nos podría parecer un bagaje pobre para un hombre que ha sido tan grande en el mundo; fueron muchas y, lo que es mejor, más que sus canciones nos legó su obra literaria con mucho más peso que sus propias canciones.


Pergamino en honor a Cabral

Cabral estaba casado, como él decía, con la música, pero lo pasaba mejor incluso con su amante, la literatura. En ambas facetas era grande, la prueba es que toda su obra que ha quedado esparcida por el mundo, no de la forma que todos hubiéramos querido, pero sí en retazos maravillosos que las gentes siguen difundiendo por el mundo.

Casualmente, a Facundo le salvó Internet. ¿Cómo? Efectivamente. De no haber existido Internet la obra  Cabral hubiera quedado inerte por el mundo. De este modo, con semejante medio, Facundo Cabral sigue maravillosamente vivo puesto que, canciones y oraciones, todas las encontramos en este medio fabuloso que ha inmortalizado para siempre al maestro.

Los hombres que dejan huella son inmortales, lo dije muchas veces y no me cansaré de repetirlo; moriremos todos y nadie se acordará de nosotros pero, en el caso de Cabral, como se sabe, por muchos años que pasen todos recordaremos al argentino más grande que piso este planeta cuando de arte hablamos.


La proclama de que Cabral sigue vivo

Nos cabe la satisfacción a todos los que le conocimos y tratamos que, como Cabral nos confesara, hasta decía que le excitaba la idea de morir, sencillamente por aquello de la curiosidad de la que era portador puesto que, a diario, su vida era puro aprendizaje, tremenda curiosidad por conocer otros lugares. Siendo así, por lo curioso, es por lo que decía Cabral que no le asustaba la idea de la muerte.

Han pasado ya algunos años desde aquel 9 de julio fatídico y, para suerte del genial cantor, a diario, le recordamos como si le tuviéramos presente. Como él dijera, mueren todos, menos los cantores y nada es más cierto. Y en su caso el axioma se acentúa mucho más puesto que, además de cantor, Facundo Cabral era un excelente narrador, un literato al más alto nivel, ahí están sus obras que le definen por completo.

Será en el Cielo donde Facundo Cabral seguirá impartiendo lecciones y canciones; pero en la Tierra nos hemos quedado con su legado inmortal, el que vivirá siempre junto a nosotros, sencillamente, el que nos sigue alimentando el alma.

 
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