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Autor: Pla Ventura
31/03/2009
LA PERSEVERANCIA

N

o existe mejor arma que dignifique al ser humano que la propia perseverancia ante sí mismo. Alguien, por casualidad, puede llegar a la meta pero, serán siempre las excepciones que confirman toda regla. En la vida, nada es fruto del azar en líneas generales, todo tiene una razón de ser que, en definitiva, no es otra que la perseverancia constante en aras de aquello que amas o anhelas. Pobre de todo aquel que espere sin ser capaz de luchar por sí mismo. La vida tiene que estar marcada por las propias metas que sea capaz de forjarse el propio individuo. A partir de ahí, el camino será más sencillo porque, de tal modo, cada quien y cada cual sabrá el camino que tiene que elegir y, por supuesto, recorrer.

La mejor asignatura en aprobar no es otra que la convicción por aquello que amas que, tras lograrlo, te hará muy feliz. La constancia suele ser el camino que lleva hasta el éxito. Si te quedas impávido ante tu suerte, cada día que pase lo tendrás más negro; la vida no se puede concebir con gentes impávidas porque si la vida es movimiento constante, nosotros, los mortales, no podemos quedarnos parados. Y en esa forma de movernos es cómo llegaremos hacia la meta soñada. Nada es sencillo; el que lo crea vive equivocado. Todas las profesiones, incluso hasta el más humilde trabajo tiene sus dificultades; sin embargo, superarlas será nuestro éxito. Recordemos que, Edison, por citar a un genio de la vida, fracasó dos mil veces hasta que logró su sueño; crear la bombilla incandescente para que nos alumbrara. Eso es lo que creíamos todos, que había fracasado dos mil veces y, sin embargo, Edison, con toda humildad, para darle la gran lección al mundo dijo que jamás fracasó; eso sí, tuvo que hacer dos mil experimentos hasta que logró su meta.

El grave problema de la sociedad actual y, si se me apura, así ha sido durante toda la existencia, no es otro que la envidia que tenemos de nuestros semejantes y, como antes dije, la impasibilidad que nos ata ante nosotros mismos y, desdichadamente, el tiempo que podíamos invertir en nuestro ser buscando soluciones, lo desperdiciamos envidiando  a nuestros semejantes. Perdemos oportunidades de oro por esta cuestión y, más tarde, todavía tenemos “agallas” para lamentarnos. No aprovechamos bien el tiempo y, a su vez, si perdemos nuestra oportunidad, es entonces cuando nos quejamos. En realidad, no aplicamos la lógica de nuestra vida y solemos pagarlo muy caro.

Todo es cuestión de esfuerzo; no esperes que nadie haga por ti lo que tú no serías capaz de hacer por nadie. Todo es un tema de oportunidades y, como tal, debemos de aprovecharlas. Los lamentos no sirven. Lo que en realidad valen son las convicciones de cada cual y, bien aprovechadas nos proporcionan los resultados anhelados. Tú eres el dueño de tu vida, el amo de tu existencia, el autor de tus resultados, el señor de cuanto quieras lograr. El mundo está lleno de ejemplos y tú no puedes quedarte atrás. Pensar que los demás han tenido suerte es una tarea absurda. Sigo creyendo que, la suerte, salvo gozar de buena salud, no existe por lado alguno. Uno, cada cual a su manera y forma, podrá tener más o menos fortuna en aquello que emprenda, pero todos, sin distinción, tenemos que luchar con desmedido frenesí.

Ahora mismo, en los momentos que vivimos, hasta para lograr un sencillo puesto de trabajo hay que hacer un esfuerzo sobrehumano. Siendo así, ¿se imaginan el arrojo que hay que poner para ser piloto de fórmula uno, torero, acróbata, malabarista, corredor de motos o cualquier profesión que entrañe alto riesgo? Luego, esos hombres y mujeres que han sido capaces de marcar esa diferencia, inevitablemente, tenemos que admirarles y, como tales, hacernos nuestros como imagen corporativa de aquello que queramos lograr.

Si Edison fracasó dos mil veces hasta lograr su objetivo, Fléming se pasó varios años en la búsqueda de su invento fantástico como resultó ser la penicilina y, si analizamos, todos los grandes hombres del planeta, para lograrlo, han tenido que sobresalir ante un esfuerzo sin límites. Recordemos que, si la vida es constante movimiento, nosotros, como partícipes de ese festín que es la propia vida, ¿cómo quedarnos inertes en este movimiento? Yo todavía me sigo asombrando de la lucha titánica de muchos seres humanos que, por llegar hacia la meta que se han propuesto, muchos, hasta han sido capaces de entregar su vida en el empeño. Eso es motivo de admiración, de orgullo parte de sus semejantes. De tal manera, como se comprueba, la envidia es siempre mala compañera porque, a diario, será siempre la madre de todos nuestros fracasos. Sin embargo, si admiramos, nos motivamos y, no existe mejor lección que sentirnos motivados por aquellos que con sus acciones han sido capaces de remover nuestras conciencias y, en definitiva, han sido el asidero para nuestras ilusiones.

 
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