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Felipe Alberto Rodríguez Rathgeb Participante en el I Premio Cabral de Literatura

 
Autor: Felipe Alberto Rodríguez Rathgeb
17/05/2011
Relato a concurso en el I Premio Cabral de Literatura
ENTRE AYER Y MAÑANA

N

oche tras noche el ejercicio es similar, nunca he sido un atleta, ni menos asiduo a cultivar el estado físico, situación que por cierto está pendiente y que necesariamente debo en algún momento revertir, sino que más bien esa rutina constante e incluso pseudo-maratónica que es el reflexionar, divagar, recordar añoranzas, soñar en el pasado, particularmente en lo que fue, en lo que pudo haber sido y en lo que definitivamente no ocurrió; y por otro lado lo que pienso hacer a futuro, mis proyecciones, anhelos, deseos.

Sé que lo importante del pasado es todo aquel aprendizaje, bueno y malo, que nos permita vivir en el presente, lo que a la larga nos preparará para un mejor futuro pero teniendo claro lo importante que es vivir en el ahora, disfrutando y aprendiendo de todo lo que nos está pasando y de lo que sucede a nuestro alrededor. Nunca es sencillo determinar en qué momento nos encontramos de nuestra vida, jamás sabremos salvo y quizás al final de nuestro días, que ha sido lo mejor y lo peor que nos ha tocado vivir, y como cada una de esas vivencias nos ha permitido mejorar o empeorar como seres humanos.

La vida es cambio constante, tan pronto se está feliz, como luego triste, enfermo como sano, acalorado o con friolento; sólo o acompañado, satisfecho o frustrado, con energías como cansado. Pero en el último tiempo, siento que transito por una etapa más decidora, de un cambio más profundo y decidor, que los anteriormente mencionados. Estas cavilaciones permanentes, han conducido a una única reflexión, que espero de mí desde ahora en adelante que estoy a punto de convertirme en profesional?.

Para ello he estimado necesario hacer una retrospectiva y luego una proyección en base a lo que en el último tiempo he estado viviendo. Lo primero que me debo preguntar, es que es lo que me instó a elegir la carrera que estudié; Derecho, una carrera que tiene mucha nobleza pero que socialmente es observada con una doble faz, por un lado como una carrera que otorga un cierto estatus, sinónimo de sapiensa y cierto posicionamiento y soltura económica, y por el otro lado una cierta desconfianza que generan estos sujetos, me refiero a los abogados, para algunos cuenteros, mentirosos, ladrones de cuello y corbata. En mi caso particular, no he decidido estudiar ni por el status, ni por qué me vaya a sentir más o menos sabio, ni mucho menos por lo económico, nunca me han gustado ni he pretendido en tener casas grandes con grandes piscinas, ni vehículos costosos de último modelo; claro hay ciertos placeres a los que uno irremediablemente ha de caer, pero mis reales aspiraciones jamás han apuntado a ese sentido. Por otro lado, como en cualquier profesión y labor en el mundo hay quienes realizan actos que al menos rayan en lo inmoral, pero no creo que se puede generalizar, no todos los abogados son ladrones, el tema es que hay ladrones que son abogados.

El verdadero motor, que me movió a elegir esta profesión, fue la beta social que tiene y el interés de ser un ejecutante de la justicia llevándola a quienes les es más ajena o al menos esquiva. Esto sin duda alguna motivado por el constante ejemplo de mi familia, de mis abuelos y tíos quienes desde sus orígenes humildes, con esfuerzo, dedicación y mucho sudor, han sabido salir adelante. No puedo dejar de mencionar a mi abuelo , agricultor que hasta el día de hoy con casi 80 años en el cuerpo continua incansablemente trabajando la tierra hasta en día domingo, incluso en año nuevo, de la misma manera que lo hizo toda su vida y con la misma humildad que en sus primeros años. Jamás olvidaré la frase que dijo una vez durante un almuerzo familiar; “He dejado mi juventud en los surcos de esta tierra”. Por otro lado mi tío y padrino, que ya también cercano a la edad de 80 años, sigue realizando con la misma pasión y entrega de toda una vida su trabajo, otra persona que no conoce del descanso, que no hace caso a enfermedades para ser carpintero, mueblista, agricultor, boxeador, maquinero y fogonero de trenes, distintos oficios y actividades que ha desarrollado a lo largo de su vida. Una que siempre se ha entregado por completo a su familia, preocupándose siempre más por los demás , que de sí mismo. Alguien que me ha enseñado a no tener apego a lo material ni al dinero y a entenderlo como un medio, jamás nunca como un fin.

Mi abuela, un ejemplo para mi madre y su hermana, quien por circunstancias de la vida, debió ingeniárselas para poder trabajar, soportar la repentina muerte de su madre, criar a sus hijas y finalmente salir adelante con ellas. Finalmente mis padres que son el pilar fundamental y que de cierta manera han también absorbido todos los ejemplos de vida anteriores, ellos en su trabajo como profesores, me han enseñado a ser agradecido de la vida, de Dios. Muchas veces les acompañé siendo muy niño a la pequeña escuela en la que trabajaban, una escuela muy pobre, cuyos alumnos a veces se alimentaban sólo de las comidas que allí les entregaban y con ello debían permanecer el resto del día ya que sus padres a veces no tenían para comer en sus casas; y el gran cariño y entrega que ellos tenían para con sus alumnos y sus familias, haciéndome ver que somos todos hermanos y que debemos ayudarnos. Además a veces la vida es como una escalera muy alta con muchos escalones, tan pronto puedes estar peldaños arriba, como por una mala pisada o una jugarreta del destino puedes caerte y bajar hasta el primer peldaño.
Un gran hito, que ha terminado por hacer el gran click necesario en la mí vida y por cierto en la vida de mi familia, en donde por cierto la analogía con la escalera cobra cierta validez ya que caímos hasta el sótano, fue  el deber soportar la enfermedad sin aviso que afectó a mi hermana, quien en ese entonces tenía 15 años, en donde debió permanecer por más de tres meses conectada a ventilación mecánica, viéndola sufrir a ella, a mis padres, a toda mi familia por momentos debatiéndose entre la vida y la muerte y estando por más de un año en periodo de rehabilitación. Finalmente y tras una larga travesía, mi hermana se recuperó, no tiene grandes secuelas, y más allá de todas las anécdotas lo importante para cada uno fueron las enseñanzas.

La vida es un regalo que nos lo es dado, somos administradores pero no dueños de la misma, y en ese preciso instante se hace necesario aprovecharla al máximo, vivir a fondo cada momento.
De todo lo anterior, no podía sino aprovechar la oportunidad que me daba la vida y agradecer infinitamente la posición en que Dios me había colocado, el paso por los primeros años de la Universidad fueron decidores, se fue formando el carácter, con dudas y miedos, con muchas inquietudes que se fueron tornando en más experiencias, complejo en un principio pero con un saldo muy favorable al final, siendo siempre como fui y nunca como lo que no era o querían que fuera. En los últimos años dedique tiempo a la dirigencia estudiantil, situación que me permitió a mí y a todos mis demás compañeros reencontrarnos, descubrir que entre todos podemos conseguir grandes cosas por intermedio de la unidad y el entendimiento como única bandera de lucha para conseguir pequeños grandes cambios.

En los últimos años de práctica de lo que será mi profesión, he conocido y compartido con mucha gente, comprobando que la vida es  “El arte del encuentro”, y la riqueza inmensa que esto lleva consigo, el sentirse útil para los demás, que puedo ser de ayuda y que ese es el mejor pago, la mayor satisfacción que se puede sentir.

Hoy sentado en la butaca del teatro, observando cómo pasa una escena de mi vida y con todos los actores que han actuado en ella, puedo darme cuenta que lo que antes sospechaba, hoy se hace realidad ante mis ojos, se confirma mi vocación que está en el servicio a los demás, en saber que lo que estoy haciendo con mi trabajo en útil y de ayuda para los demás, en que estoy aprovechando cada minuto y experiencia que me entrega la vida, no importan los ternos ni las corbatas, tampoco los títulos que existan pegados en la pared, ser un buen profesional no depende solamente de tener buenos y sólidos conocimientos, hoy más importante es tener los valores y la valentía que me permitan ocupar esos conocimientos en ayuda de los demás. No es tarea fácil, sobre todo cuando se rompen el molde de los cánones establecidos y se es mirado como un bicho raro por aquellos que están moldeados por lo establecido, quiero ser un caminante en esta vida, volver a recorrer las calles de Buenos Aires, Lima, o las de  Afganistán o las viejas y queridas calles de mi natal Traiguén, siempre saludando y sonriendo a aquel con el que me encuentre a mí paso, no pretendo ser nadie en especial, sólo un hombre que se siente feliz de lo que hace, como dice un amigo, sólo ser “uno en lugar que puede ser cualquiera”.-

 
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