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Antolín Castro Participante en el I Premio Cabral de Literatura

 
Autor: Antolín Castro
10/02/2011
Relato a concurso en el I Premio Cabral de Literatura
EL MUNDO EN SUS MANOS

C

aminaba solo entre la gente, si bien cuantos caminaban lo hacían solos igualmente. A diferencia de otros, Daniel llevaba las manos abiertas y ello le permitía cambiar la soledad por la abundancia, un sencillo recurso que venía buscando desde pequeño.

Las sienes plateadas le hacían parecer algo mayor de lo que era, pero es cierto que ya había cumplido los cincuenta. Nació en un pueblo de la montaña, alejado de las grandes ciudades, y es allí donde comenzó una extraña manera de interpretar la vida, su vida.

Sus orígenes no eran humildes, pertenecía a una familia acaudalada, pero sí lo era el sentido de su vida. Desde chico aprendió a autoabastecerse, siquiera podemos quitar el consumo de la leche materna, a acceder a las cosas por sí solo. Le gustaba compartir pero disfrutaba mucho más si lo hacía en una sola dirección, la de ser él quien daba. Esas cosas, sus orígenes, se los contaba a cuantos tenían oportunidad de ponerse frente a él. Un repaso a lo que había sido su discurrir por la vida y que él mismo había protagonizado.


El mundo en sus manos: Sí se quiere, se puede

Tuvo estudios y alcanzó a tener un gran empleo. Una nómina importante le permitía disponer de todas las cosas que se pueden comprar. Disfrutó por un tiempo, no pudo resistirse a hacer la prueba si bien no fue largo ese periodo, de cuanto le daba el dinero, desde mujeres a juego y a disfrutar de los coches más modernos y lujosos. Todo lo tenía, al menos lo parecía desde el exterior, y fue fácil en ese periodo de prueba el alcanzar a tener quienes le pretendieran.

Y así fue. Casó, en una primera ocasión, con una adinerada mujer, hija de un magnate del petróleo, lo que le situó económicamente al borde de la máxima abundancia, pero no duró mucho aquel matrimonio. Entre dudas por mantener su trabajo o vivir del dinero de la esposa como ella pretendía, optó por lo primero y eso le hacía disponer de menos tiempo libre, lo que le impedía claramente, por sus obligaciones profesionales, coincidir demasiado con ella en su entrar y salir.

Pocas cosas les unían, por lo que pasados tres años de cuestionarse siempre ese matrimonio, éste fue a una deriva final. La solución fue el divorcio, donde recuperó la iniciativa para dedicar su tiempo a las cosas que le gustaban que, curiosamente, estaban alejadas de las que proporciona el dinero.

Sentía que quería tener el mundo en sus manos y no al revés. Empezó a frecuentar lugares de meditación y comenzó a interesarse por conocer las religiones que se practican en el mundo, quería encontrar el mejor camino a la mayor verdad. En ese tiempo conoció a Alicia en una clase de yoga y el contacto con ella le daba una relajación adicional a la que la práctica del yoga le proporcionaba.

Esa coincidencia se fue haciendo fuerte en la relación que mantenían los dos y su vida se fue cargando de espiritualidad. Vivían como pareja aunque ni siquiera se planteaban el casamiento. Querían tener hijos pero, tras varias pruebas médicas, pudo comprobarse que Alicia no podría tenerlos. Físicamente era una mujer delicada. Quizá eso también acercaba a Daniel mucho más a su persona, pues sabía, y le gustaba, dar más que recibir.

Siendo de religión católica ambos, les gustaba incursionar en otras creencias siempre en busca de apuntalar su fe cristiana o poder comprobar los puntos de apoyo que otras religiones podían aportarles. Viajaron y conocieron lugares de fe de las distintas confesiones del mundo y de cada una fueron adquiriendo testimonios que les hicieron más fuertes. Llegaron a convencerse de que la raíz es la misma y que son los hombres quienes modulan su uso. Lo cierto es que en nada abominaron de su catolicismo, si bien tenían pautas para disfrutar de la espiritualidad de todas las demás creencias.

En un viaje al Tibet, donde querían sentir de cerca ese sentimiento, esa forma de vivir, su filosofía y su cultura, Alicia empezó a sufrir fuertes dolores y altas fiebres lo que les impidió completar sus deseos. Examinada por los médicos le aconsejaron un reposo total y la realización de una serie de pruebas que ellos prefirieron hacer en Europa.

Las pruebas fueron concluyentes y la palabra cáncer inundó por completo sus vidas. Había mucho que hacer en el terreno material pero mucho también en el campo espiritual. Fueron duros años en lo físico, intentando atajar el mal que la aquejaba, pero sirvió para que ambos encontraran definitivamente el sentido a la vida. A pesar de los intentos médicos, quedó pronto claro que el cáncer ganaría la batalla.

Curiosamente, y semanas antes de que Alicia alcanzara el camino que lleva hasta el cielo que todos anhelamos, un buen amigo puso en sus manos un pequeño libro. Les dijo que era uno de los mejores regalos que les podía hacer. Sabedor de sus inquietudes por encontrar lo mejor del hombre en el propio hombre y de la búsqueda que ellos habían hecho a través de las distintas religiones, les invitó a que conocieran a un hombre que sin estar revestido de hábitos había adquirido los mejores hábitos a través de su propia existencia. Allí quedó el libro, junto a otros muchos, en la mesita de noche.

No fue ese día, pero sí unos después, cuando se interesaron por el libro. No era un libro de muchas páginas y empezaron a leerlas detenidamente. Tras del prólogo tuvieron ocasión de llegar al inicio mismo de la obra y esta decía así: “Facundo Cabral nació el 22 de mayo de 1937 en La Plata, provincia de Buenos Aires, en Argentina…”

No les era muy conocido el personaje pero fue tal la insistencia por parte del amigo de que incursionaran en su lectura que siguieron leyendo. Tuvieron enseguida ocasión de llegar a otra página bajo el título “Lo que han dicho de Facundo Cabral” y esto les movió mucho más su curiosidad. Querían saber quién era ese personaje tan recomendado y empezaron a leer las citas. La primera rezaba así: “Es una leyenda viviente que pasea graciosamente entre la Biblia y el Pedro Páramo, entre el desierto y la tierra del fuego, entre Chagall y Octavio Paz”. Ahora si estaban seguros de que tal ‘recomendación’ de lectura merecería su máxima atención.


Es visible: El mundo en sus manos

Cada página les fue interesando mas que la anterior y así pudieron leer otra de las impresiones que hablaban sobre él: “No le teme a la muerte porque vive junto a Dios”. Alicia no pudo por menos, que tras esa lectura que iba haciendo pausadamente Daniel, echarse a llorar. Tras el consuelo que Daniel le brindó, durante el abrazo, ésta le susurró si era posible que la aceptara en matrimonio antes de tener que partir. Un sí rotundo salió de los temblorosos labios de Daniel. Y así fue como prepararon una boda que tenía todos los visos de ser un acto simbólico, aunque no lo fuera pues abrazaba los mejores sentimientos, además de que por tantas razones era la rúbrica a una vida en común.

El matrimonio se celebró en breves días y, dado el deterioro que padecía Alicia, en su propio domicilio, en presencia de unos pocos amigos que oficiaron de testigos. Fue uno de esos actos que de verdad dan sentido al sacramento, basado en el amor sincero y sin otros intereses que el sentirse juntos hasta que la muerte los separe, no cabían muchas opciones más.

Felices por el paso dado, siguieron abundando en el conocimiento del personaje de aquel diminuto libro, que después leyeron una y otra vez. Cada vez que lo hacían descubrían nuevas metáforas que daban sentido a muchas de sus inquietudes y de los actos de todos los días; que revestían de amor todo aunque pudieran parecer cosas banales. El conocimiento de Cabral les iba descubriendo ese mundo que ellos habían estado buscando y que se lo brindaba la recopilación de unas pocas páginas.

Alicia moría un mes después de conocer la existencia del libro, pero lo hizo convencida de que en ese periodo se había acercado mucho más a Dios que en todo el tiempo en el que  había estado buscándole. Los secretos, los atajos, la versatilidad de lo humano, la facilidad de encontrarle, se la habían proporcionado aquel puñado de páginas que resumían la vida de un cantor argentino. Para Daniel no supuso una alegría la pérdida de su amada, pero sabía que se fue con la sensación de haber encontrado el camino correcto para su marcha. Se propuso que ese, y no otro, sería el suyo hasta el final de sus días.

Pasaron años y el libro acompañaba a Daniel allá por donde fuera. Tenía por costumbre ir con las manos abiertas para llenarse de todo y como gesto visible de que nada material debe ser acumulable. Lo que el espíritu da y concede pasa de esas manos a otras en los encuentros con todos los seres humanos. Había comprendido el mensaje de Facundo y lo había hecho suyo.

Había encontrado la felicidad que a lo largo de varios años estuvo buscando. Le apasionaba dejar claro que no fue atrapado por el dinero y pretendía siempre hacer bandera de su forma de vivir, de actuar. Así caminaba, así se expresaba. No tenía dudas y cuando éstas aparecían le bastaba con volver a leer y releer aquel librito. Ahora, precisamente ahora, caminaba solo entre la gente por la calle pero su imagen se iba difuminando sin saber muy bien por qué motivo…

Sonó entonces con fuerza el despertador de la mañana; perezoso le costaba abrir los ojos para abandonar la cama. Hizo falta que su esposa le llamara a gritos: ¡¡Ramón, Ramón que se te hace tarde!! Entre el ruido repetitivo del despertador y las voces de Reme sólo alcanzó a decir: Ojalá fuera yo como Daniel y pudiera encontrar también el libro ese que hablaba de Facundo Cabral.

Ese pensamiento obsesivo sobre lo soñado le llevó a Ramón hasta el cuarto de baño, mientras no paraba de cavilar sobre la diferencia de disfrutar del mundo en sus manos o padecer que el mundo le tuviera a él entre las suyas.

Ilustración gráfica: Santiago Velázquez

Fotografía: Tuswallpapersgratis.com

 
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  Autor: maría garcía 18/02/2011
  Bello escrito que demuestra que el hombre ha de buscar mas allá de las cosas materiales.
Final inesperado, pero lleno de contenido también.
Los sueños se mezclan con los deseos y éstos adquieren ser sueños, como aquellos pelean por ser deseos.
Enhorabuena por escribir así.
 
  Autor: veronica 11/02/2011
  LAS PERSONAS ,TIENEN QUE DECIDID Y ANALIZAR QUE LES MOTIVAN PARA SER FELIZ,EL MUNDO SOMOS TODOS ,Y TODOS TENEMOS QUE ESTAR CON TODOS,Y PIENSO QUE LA MEDITACION Y EL YOGA TE DEGA SENTIR Y TENER UN SENTIR MEJOR PARA AFRONTAR MEJOE EL MUNDO,,,,.  
  Autor: Juan Rubio Barceló 11/02/2011
  Modesto sin llegar a tanto, pero algo parecido se engendró en mi alma hasta quedar convencido, que algo poderoso invisible,me acompañó siempre en mi difícil camino, eliminando el sufrido dolor y llenándome de felicidad.- "Jurubar".-  
  Autor: Mauricio López 11/02/2011
  Estupendo escrito con muchos mensajes en su interior. Algunos otros textos hay de Castro en esta página, en otra línea, pero siempre amenos y certeros. Ayudará a que muchos quieran conocer mejor la vida y obra de Cabral.  
  Autor: nilda machado 10/02/2011
  Antolín...

Espectacular escrito... Conmovedor...

Nos relatas una vivencia única... inédita... desde tu corazón...

Es innegable, que conocer la filosofía de Facundo Cabral nos atrapa... nos hace diferentes...
Sí, es como sentir el MUNDO ENTRE LAS MANOS...

Y pensar, que solamente Facundo Cabral desea compartir su alegría de vivir... su abundancia de amor para todos... sin deseos de que algo sea retribuído... Ni siquiera espera gratitud... Regala luz y bienestar...

Antolín... tu inspiración me conmueve... Gracias, amigo...
Precioso mensaje...

Dios te bendiga.

Nilda Machado.