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Autor: Ingrid Matta
08/07/2015
AHORA QUE SEÑOREAS POR LA ETERNIDAD

Q

uiero contarte que eternamente me sentiré conmovida, cautivada y encantada, con tu vida toda, mi amado Facundo Cabral. Al mudarte dejaste una estela de luz, entonces me pregunté: ¿Eres una estrella, o era tanta tu luz que nos dejaste el camino iluminado para no olvidarnos de que aunque te hayas ido, seguirás vivo eternamente entre nosotros? Es por eso que no tengo claro si debería estar triste o más bien agradecida contigo en estos momentos cuando conmemoramos cuatro años de tu ausencia física, que fue la única “ausencia” que hasta ahora pude sentir. 

“Gracias a mi obra, mi tiempo se extenderá en los demás, por eso cada cosa que escribo es un dibujo en la eternidad…” 

Decías:

“Sólo estoy de paso, sé que me esperan otras formas de vida cuando pase el río de la muerte”. (No es bueno saber todas las cosas, en lo que no sabemos volvemos a ser niños y eso alegra a Dios y calma a los hombres), admirabas al extraordinario Chuan Tzú, aquel del que se dice posiblemente fue, el más espiritual de los filósofos chinos  y que decía: seguiré vivo en otros cuando me haya muerto, por eso ahora somos muchos los que escribimos… Sólo tú, te detuviste, tu canción seguirá porque la canción nunca termina, sólo se suspende...

Constantemente para mí, fuiste motivo de admiración por tu vivir apasionadamente, tu discernimiento, tu sabiduría y ese saber escuchar, y transmitir, lo que sentías y vivías. Siempre tuve la sensación que extraías el néctar más dulce de cada vivencia, de cada experiencia, y mejor aún, que siempre estuviste dispuesto a compartirlo con todos sin el más mínimo asomo de egoísmo.

Los sabios como tú, ven todas las cosas  a la luz de la intuición, están en su centro, y ahí te mantuviste, y nos recreaste dándonos tu versión muy personal y original de todo lo que te acontecía. Desde tu conocimiento, pudiste descubrir el “uno”, sin fragmentaciones, resonabas con cada canto, con cada sonrisa, con la humanidad, con el arte, con la literatura, con todo, desde la paz de tu espíritu. Tu vida, un compendio de aventuras, reflexiones, vivencias, sueños, inquietudes, magia, búsquedas, encuentros, enseñanzas, que trascendieron todas las fronteras creadas por el hombre, y ahora eres de todos y de nadie, libre por convencimiento, firme, y abierto cómo una flor, que quiere ofrecer lo mejor de sí, su néctar,  a todos, ¿cómo no estarte agradecida? ,¿Cómo, no? De ti, aprendí que no estamos separados de nada ni de nadie, y también que solamente desde uno mismo es posible comenzar a hablar de todo lo que tenemos en común, y no de lo que hemos hecho individualmente, que la diversidad definitivamente nos enriquece, nos armoniza; nos decías que en la variedad está la continuidad de la fiesta, (de la vida)… gracias a ti, tengo cientos de hermanos, muchísimos, por todo el planeta… y así cómo yo, hay miles de seres, que te debemos esta bendita conexión!

Siento también que nos dejaste una serie de claves, o códigos, y herramientas para vivir, para correr los velos, para encontrarnos con la temida oscuridad, y con la tan anhelada luz, para sondearnos internamente hasta encontrarnos con el centro de la verdad que está en nuestro propio corazón. De mucho que tengo para recordarte, repasar, y retomar, de lo que de ti, asimilé, es que la humanidad es una sola, dentro de este basto universo.

Que la culpa no existe, que el miedo paraliza, que es la antítesis del amor, que es la valentía.  Que debo caminar de frente a la luz, que sufrir no vale la pena, que es una pérdida de tiempo, que no vine a sufrir, vine a evolucionar, el dolor está en la periferia, el dolor es físico, y el sufrimiento está en mi cabeza, por lo tanto es intelectual, el dolor está en mi cuerpo, y el éxtasis dentro de mí, descubrí que el paraíso está aquí y que yo elijo vivir en el cielo, o en el infierno, y que la aceptación termina con todo lo que solemos llamar  problemas, que en realidad, son oportunidades.

Que puedo reiniciarme cada día, y que debo vaciarme día a día, porque en una cabeza llena de teorías, dogmas y rigideces,  no hay espacio para nada más,  que soy bendecida, que la vida es una fiesta, que no hay improvisación en el universo, que la única religión o al menos la que las resume a todas: es el amor.  

Que todo se desordena para reordenarse de nuevo, que todo está en constante movimiento y por ende todo cambia, que nada es estático, que nada nos pertenece, que la vida es circular y va ascendiendo en forma de espiral, y a la vez que vamos subiendo, volvemos a ver lo mismo desde más arriba…

Que en una eternidad siempre se puede empezar de nuevo, que pronto tendremos la caída definitiva de todas las ideologías, cristalizadas, petrificadas y los convencionalismos que nos han debilitado como raza humana, para empezar a renacer, reverdecer y florecer.

Que todo lugar es sagrado y en todo lugar está Dios, porque Dios es todo lo que existe. 

Recuerdo los múltiples personajes que citaste a lo largo de la vida: a Jesús, predicando, a Juan el Bautista, a la Madre Teresa, que siguen creciendo en mí, gracias a ti, y que crecen como un día crecieron en ti, y ahora bebo de la fuente inagotable de la vida porque ahora sé conscientemente que estoy despierta! Mozart halagaba tu oído, yo también me sentí  atraída por su música, pero tú inundaste mi vida, encendiste el fuego purificador, interno  en mi corazón. ¿Cómo no recordar lo que nos dijiste tantas veces?: Haz lo mejor porque lo que está bien hecho dura para siempre. Este es para mí, un lema en mi vida…

Aprendí a vivir sin temor en el desierto de mis soledades, a encontrarme conmigo misma, a sentir y beberme la vida, a danzar con las estrellas, a reencontrarme con mi niña interna, a olvidar, y también a recordar, lo que me hace bien, a sentirme valiente ante los embates de la vida, a construir, a recomenzar, una vez, cientos de veces, a confiar, a creer, pese a que muchas veces, lo único que encontré a mí disposición, para recomenzar era la nada…

Sé a ciencia cierta que llenaste cientos de teatros, cientos de veces, y en varias ocasiones fui testigo de ello, pero lo que más me satisface es que en tu sagrado hacer, dejaste miles de almas colmadas de fe y esperanza, renovadas incluso.

Gracias a ti, me atreví a andar descalza, liviana de equipaje, aprendí a desprenderme, entendí que nada me pertenece, ya no soy arriera de penas, ni pesares, ya caminé caminos de ida y vuelta, subí a la montaña y regresé con las manos vacías y el corazón lleno de Dios, ya gocé, me uní a todo lo natural, escuché la música del bosque, jugué con los delfines, soñé, me desperté, construí sueños, cultivé jardines, sembré, coseché, me defraudé por esperar, pero volví a empezar pensando ya de otra manera, disfruté de lo sencillo, ya sufrí también, claro, ahora mucho menos que antes, ya tengo más claridad de para qué estoy aquí ,y quien soy, ya me encendí como muchos soles de verano e igualmente me apagué con las frescas aguas de un mar que me embruja y me decora las sienes con sus traviesas espumas, ya escuché las caracolas, ya soy, ya siento la ternura que habita de mí, ya me empequeñecí y también crecí, ya lloré, ya viví, reí contigo, medité, di miles de gracias, reverencié la vida, me enamoré de ella, ya no rabio, ya amo sin condiciones y posiblemente lo que me falta por hacer, y aprender, que puede ser mucho todavía, lo  encontraré en lo que aún no he descubierto de ti, para que me ayudes a lograrlo.

Dicho por ti, a todos, en algún momento, hoy, de vuelta a ti, desde mi alma: “De todas maneras, no morimos solos, nos llevamos a los que amamos, o por lo menos parte de sus almas, porque los que se quedan mueren un poco, a veces mucho, para no dejarnos tan solos en el misterioso viaje. Tal vez con estas palabras estoy dibujando a los que me cuidarán del otro lado, algunos celestes con ojos azules, otros marrones con ojos negros, otros verdes con ojos amarillos, otros rojos con túnicas blancas, otros con anillos de oro en las puntas de los dedos, a la manera de los altos muertos egipcios.” Mi alma te honra, Facundo Cabral, por el fervor que provocaste en mí, y porque que no sólo  me fue posible transformarme, es más, llegué más allá de los límites de mi propia imaginación. Ayer, hoy, y un día cualquiera, a cualquier hora, en cualquier momento, y en cualquier lugar, mientras permanezca en esta eterna, eternidad, te honraré y te amaré. Gracias infinitas mi amado Maestro. 

Y gracias a ti, LUIS PLA, por permitirme expresar mi sentir, y por ser el eco de esta leyenda viviente…

 
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  Autor: Lilian Elizabeth 15/07/2015
  Extrañaba y mucho estar en este maravilloso altar dedicado al querido Maestro Facundo Cabral. Al volver luego de un exilio forzado me encuentro con tamaño homenaje en el cual mis pupilas se han deleitado. Un gran, gran placer leerte querida Ingrid Matta! Mis reverencias siempre a tu alma y a tu pluma! Abrazos enormes! Bendiciones!