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Autor: Lilian Elízabeth de Marco
25/06/2015
HERMANO QUERIDO

M

i buen hermano, cuántas cosas buenas nos rondan por más que las malas quieran arruinarnos la vida. Yo soy una convencida de que todo lo que uno da le vuelve multiplicado y jamás he esperado que lo poquito o mucho que pudiera dar me regresara materializado, nunca fui una persona materialista.

Yo soy una agradecida a Dios y a la vida porque si bien toda mi vida he sido de condición humilde, jamás me sentí pobre, porque pobre creo es aquel que cierra los ojos y las manos ante la necesidad del otro. Habrían de pasar muchas cosas en mi vida, entre ellas la partida física de mi amado padre y gran maestro, para qué comenzaran a llegar a mi vida personas realmente grandes, maravillosas, de todas ellas seguí aprendiendo cosas que mi padre me había  enseñado y muchas no pudo ante su abrupta partida.

Siempre preferí poco, pero bueno, por esa razón nunca me llené la boca diciendo que tenía muchos amigos; puede que tenga muchos, muchísimos conocidos, pero amigos, amigos son pocos porque los amigos ocupan un lugar de hermandad, y a ellos podemos contarles nuestras alegrías del mismo modo y sin pudor alguno, nuestras penas y necesidades. 

Los amigos sinceros te retan, tratan de enseñarte cosas que de pronto no sabías, no adulan falsamente ni dicen lo que no sienten, por eso y sólo por eso elegí quedarme con los amigos que tengo que son pocos pero son buenas gentes, son leales y de ellos espero un reto sin ofenderme, o una amonestación sin sentir incomodidad alguna. 

Cuántas cosas buenas y valiosas aprendemos de un gran amigo querido, yo comparto con mis hijas  este hermoso don que Dios me ha dado a mi tanto como a ellas y a tantos otros buenos seres que van por la vida llevando sus propios pesares a cuesta, pero no por ello dejan de tender una mano.

Tu gesto para conmigo, hermano querido, se ha repetido otras veces, no dudé en acudir a ti porque  cuando uno está al borde del abismo siempre pide ayuda a quienes más cercanos siente. Gracias a ti, en mí caso, tu ayuda ha sido una esperanza que abre una puerta que para mí sola es muy difícil mantener abierta. 

Estas circunstancias y estos dolores que me atraviesan cada día y ya no me dejan dormir me hacen agradecértelo eterna, infinitamente. Gracias hermano querido, ten por seguro que tu ayuda no es una ayuda más, es algo que yo llamo milagro, esos milagros que pueden hacernos sentir que podemos seguir luchando con cosas dolorosas que si bien no buscamos ni merecemos, llegan, golpean y se quedan y uno debe aprender a vivir con eso.

 
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