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Autor: Gabriela Flores
18/06/2015
MARÍA...

C

orría el año 2012...

La señora Gabriela tenía un contrato firmado de marzo a diciembre, con una Entidad Pública de una ciudad, donde iba a ser promotora de trabajo de un promedio de 300 mujeres del estrato 0, es decir, las señoras que vivían en la calle, las que vendían sus cuerpos, las que participaban en bandas de drogas, robos, atracos, etc.etc.etc.

Gabriela no pedía esos trabajos, llegaban, nada más.....y de todos, con todos siempre se ha despedido con lágrimas en los ojos, ama a esas personas, la llenan total y deja hasta las vestiduras en cada labor donde tiene que ayudarlos.  Nada que hacer, Gabriela es una llorona incorregible  y una amante en todo el sentido de la palabra de estas labores sociales.


Un estremecedor relato de nuestra compañera Gabriela Flores

La señora Gabriela dentro de los varios contratos que logro para ellas, había uno especial, que se daba por primera vez en la ciudad y era el de ser ayudante de la construcción de las calles, labor en ese momento exclusiva de los hombres, la lucha por conseguir la contratación para las señoras fue dura, estuvo en cuanta reunión la llamaron los ingenieros hombres, porque ellos decían que esas señoras tenían muchos problemas con sus hijos, con sus enfermedades, con el cuidado que se debía tener con ellas por ser mujeres, etc., pero al final Gabriela salió victoriosa, era la única oportunidad para ellas y no podía perderla.

Sin embargo, como todo, los ingenieros dijeron que habría contratación un solo día para todas las que quisieran y hasta las 2 p.m., que lo tomara o lo dejara. Quien dijo nada, Gabriela se propuso y fueron llamadas una por una las 300 señoras, a todas se les invito, lo único que tendría que hacer era llegar a un lugar con su documento de identidad y firmar contrato nada más.

Allí estaba Gabriela, la primera en llegar, tenía que estar todo listo, llegaron las señoras poco a poco, Gabriela era la encargada que no hicieran escándalo y que todo fuera en orden, que difícil con ese personal pero a todas las escuchaba y las atendía y hasta me hacían caso porque el amor por ellas se me derramaba por los poros.

Sobre el mediodía se acerca a Gabriela una de ellas, la llamaremos María, porque en medio de toda su historia, nunca las pudo concebir como malas, siempre creyó en su inocencia dentro de lo que su entorno les había proporcionado. 

Se acerca María y dice: “Mire Dra., le agradezco mucho el favor que nos hace, pero ayúdeme a pasar sin el documento, yo no lo traje y necesito urgentemente el trabajo, tengo 3 hijos pequeños".  Le dice Gabriela: “No es posible eso María, váyase como sea y tráigalo, no hay otro día, y la contratación va hasta el mediodía, es ese un requisito inviolable, sin embargo espere miro a ver si puedo ayudarla".

Gabriela con el uno con el otro, que hicieran una excepción, que al otro día ella presentaba el documento, nada, todo fue infructuoso, tenía que tener el documento.
Entonces, Gabriela se acercó y le dijo que nada o el documento o en mano o no podía hacer más por ella, entonces, en un arranque de desespero, de sinceridad total, de amor a sus hijos dijo: "Dra., la verdad es que he rentado mi cedula”,  “¿cómo así María”? de que habla explíqueme ¿cómo que rentó su documento?, “Si Dra., anoche no tenía para darle de comer a mis hijos, así es que si uno presta el documento por unas horas, le dan un dinero y con ese dinero he podido dejar hoy desayunados a mi hijos”, pero me he quedado sin el documento hasta la noche que me lo devuelven”.

Gabriela, la inocente, Gabriela, quedó de una pieza, ¿qué era eso? ¿En qué mundo existía tal cosa?, por Dios, ¿cómo era posible eso?,  en ese momento Gabriela entendía que ese documento lo utilizaban para robar, para asaltar, para pasarlo en algún lugar y estafar a alguien o hacerse pasara por María en otras cosas peores…

Dios,  dijo Gabriela a María, “igual lo siento, no puedo hacer nada, he hablado y no me han escuchado y el tiempo se agota”.  Entonces María, con toda la confianza que le habría proporcionado en eso segundos Gabriela le dijo:

“Entonces,  Dra., le pido mil perdones, y si usted quiere delatarme lo puede hacer, pero yo necesito ese contrato, me iré a mi lugar de trabajo y al primero que se me atraviese le quito el dinero para poder devolver el dinero prestado por la cedula y así llegar aquí con el documento para el contrato”.

Gabriela, sintió un escalofrió por todo su cuerpo,  rogo a Dios por unas palabras para aquella mujer, todo sus principios se revolvieron, en ese momento comprendía que esa que estaba al frente era una atracadora de la calle, que esa era su labor,  pero debía contestar algo, cuando firmó el contrato se lo advirtieron, cuando trabajó con ellas lo sospechaba, ahora lo confirmaba, pero ella había firmado diciendo que las iba a ayudar, que momentos tan difíciles.

“María, haga lo que usted considera debe hacer,  aquí estaremos hasta las dos de la tarde”.

A las dos ya finalizando la contratación, llego María, con una gran sonrisa, paso firmo su contrato y abrazo a Gabriela, solo dijo: “Que Dios pueda perdonarme y la bendiga a usted por siempre”.

Gabriela se acercó mucho a muchas, pero especialmente a María, le ayudaba con los mercados (A Gabriela le daban un mercado mensual y otros obsequios), le preguntaba por sus hijos, cuando María enfermo (una enfermedad venérea), llegó la mamá y Gabriela organizó todo para darle trabajo, más adelante seria la abuela la encargada de los hijos de María. 


Si pretendemos emocionarnos, aquí tenemos un bello motivo

Cuando Gabriela se tuvo que ir porque terminaba su contrato, María había quedado en el hospital muy grave, Gabriela, ese diciembre le dio todo lo que le habían obsequiado sus jefes, su mercado, su cobija, sus almohadas, todo fue para María y su familia.    La felicidad de Gabriela, fue la bendición de la abuela, quedaba con trabajo y podría sacar adelante a su hija muriéndose en el hospital y a sus nietos.

Siempre que pudo, y como era Gabriela la que liquidaba las nóminas, les perdonó todas las faltas a todas, faltaban porque estaban agotadas de vender sus cuerpos en la noche, porque debían llevar a sus hijos al médico, porque no tenían con quien dejarlos, porque debían hacer otra cosa para poder darles desayuno, porque la droga las dejaba totalmente dormidas, nunca pudo dejarlas sin su nómina completa, todas la llenaban de amor, especialmente las más enfermas, las más acabadas por la droga, las más irresponsables, las más dejadas, todas le llegaban al corazón a Gabriela.

Y para finalizar, lamentando a día de hoy no tener fotos de comprobación, fue la salida que Gabriela logró hacer con ellas, logro reunir noventa de las más acabadas, de las más lastimadas por la vida, entre ellas a María y llevarlas a un lugar fuera de la ciudad, en contra de todo y de todos; un lugar donde al finalizar, ellas mismas dirían, era la primera vez en sus vidas, que se sentían niñas, que se sentían personas, que se sentían humanas, que sentían amadas.

Ahora recordando, se me estremece el corazón, Gabriela, llamo a “Bimbo”, ese lugar es especial para llevar los niños de los colegios, los acogen con todo el amor del mundo, les muestran toda la planta y les dan obsequios, es una salida maravillosa para los niños, esta empresa es abanderada en ese sentido.

Cuando Gabriela llamó, de una le dijeron loca, ¿cómo así señora? Este es un evento para niños, nada con adultos, y menos con esa clase de señoras, eso es imposible, pero esas palabras eran todo un reto para Gabriela, llamó al gerente, al subgerente, a todo el mundo y al final, lo logró, habían sacado un día para las señoras especiales de Gabriela, tendría que ir con todos los cuidados y con todos los policías del mundo pero tendrían su día.  La felicidad de Gabriela era inmensa.

Llegó el tan anhelado día, las señoras no podían dar crédito a lo que sucedía, ellas con sus mejores galas se disponían a ir a un paseo, a un paseo diferente, a un paseo donde nadie las lastimaría, donde volverían a ser niñas otra vez, donde las tratarían de forma especial, donde nadie se burlaría de ellas, donde serían acogidas con amor, con ese amor que tanta falta les hacía.

La jefe de Gabriela, que nunca creyó que ella lo lograría, se encargó de enviarles cajas de refrescos y mantecadas para el camino, aunque no lo quería demostrar, también era feliz por ellas.

Ahhh que maravilloso día, simplemente eran noventa niñas de 25 a 50 años cada una, cómo disfrutaron, cómo jugaron, cómo comieron, cómo conocieron, todos los que las atendieron sin excepción se volcaron en amor con las señoras, quien sabe que pasó, seguramente Dios también estaba allí con ellas, pero piensa Gabriela, que al parecer, fue y seria el día más feliz de sus vidas.

Gabriela se enteró al poco tiempo que María había fallecido, la abuela recogió a los niños y se los llevó para su ciudad de residencia…….

 
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