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Autor: Diego Millán García
30/04/2015
NADA COMO UNA MADRE

L

a vida está hecha de sueños que no siempre se cumplen. Yo te podido realizar uno de ellos. Siempre quise conocer Grecia. Amo la cultura clásica, soy devoto de Sócrates, Platón, Aristóteles, admirador de sus poetas y de sus grandes héroes como Alejandro Magno, y me fascinan sus mitos. Muchas veces pienso que después de Grecia, todo es repetición. Y aunque soy consciente de que la Grecia actual poco tiene que ver con la de aquellos tiempos gloriosos de Pericles, desde mi juventud quise un día conocerla. Pues bien, gracias a mis alumnos de 1º de Bachiller y con la compañía de Inma, una excelente amiga y profesora, emprendimos el pasado martes 14 de Abril, junto con 38 chicos y chicas de 16-17 años, el vuelo hacia Atenas. Cinco días inolvidables llenos de emociones, arte, cultura, historia, descanso, naturaleza, diversión y noches insomnes. También de tristeza al ver in situ lo que está pasando actualmente en el país de los helenos, donde la crisis se nota especialmente en las calles de la capital, con muchos pobres, mendigos, descuido de edificios, gente sin techo. Todo rodeado de piedras milenarias que en la Acrópolis, el punto más alto de la ciudad, destellan recuerdos gloriosos, cuando Atenas era el centro del mundo con su espectacular Partenón y el no menos hermoso Erecteón y sus famosas Cariátides que, pese a que hoy están reducidos a esqueletos pétreos que han desafiado las inclemencias, guerras, saqueos, destrucciones, robos, y andamios y grúas, deslumbran e irradian todavía una majestuosidad y dignidad inigualables. ¡Qué emoción sentí con las explicaciones de Artemisa, nuestra excelente guía griega al contemplar esos monumentos que están en mi memoria afectiva y literaria desde hace muchos años y que por fin podía ver en la realidad! Lo mismo me ocurrió al recorrer el Areópago, una inmensa roca entre la Acrópolis y el Ágora, e imaginar sobre ella los pasos del apóstol san Pablo predicando a los atenienses el mensaje cristiano adaptado a la filosofía griega, pero que a pesar de eso cosechó un estrepitoso fracaso, con apenas la conversión de Dionisio el Aeropagita y Dámaris. Y bajo el Areópago, el Ágora, el centro de la vida política, administrativa y social de la ciudad, y en la que se conserva casi intacto el tempo de Hefesto o Vulcano, bellísimo cual pequeño Partenón, y la iglesia bizantina de los Santos Apóstoles, y desde el cual se divisa una imponente vista de la Acrópolis.

Parecida vista que se puede contemplar desde el templo de Zeus Olímpico que conserva quince espectaculares columnas corintias y la preciosa puerta de Adriano.  Y luego el estadio Panatanaikos y las plazas más importantes de Atenas: Monasteraki, Omonia y Syntagma, está última famosa por contener el Parlamento griego y en cuyo espacio se puede contemplar cada hora el pintoresco cambio de guardia, así como asiduas manifestaciones de protesta o de celebración. Muy cerca las sedes de la Academia de Letras, con sus estatuas de Sócrates, Platón, Atenea y Apolo, y la Universidad. Un primer día intenso de visitas y pletórico de cansancio y emociones.   Los otros dos días nos llevaron fuera de Atenas, al Peloponeso, para visitar por un lado tres lugares de fuertes reminiscencias históricas y religiosas, como Corinto, y su espectacular Canal que une el mar Egeo con el istmo de Corinto, y que trae a la memoria las andanzas y cartas de San Pablo. Y de allí al imponente teatro de Epidauro, perfectamente conservado y con una acústica increíble para los 14 mil espectadores que podía contener. Y qué decir de la emoción al contemplar la famosa puerta de los Leones de la Acrópolis de Micenas, que tantas veces pude ver en los libros, o la impresionante tumba de los reyes Atreo y Agamenón. Y por otro lado, el cuarto día fue de descanso y de contemplación de la belleza de las islas griegas, con sus cielos y aguas marinas intensamente azules y luminosas, como las de Hydra, y sus burros-taxi, Poros y Aégina. Un placer para los ojos, un suave bronceado para la piel, y una prueba para las piernas que debieron recorrer multitud de escalones para subir a lo alto de sus escarpados pueblos blancos, y contemplar desde lo alto de maravillosas vistas y paisajes.


La Madre de todas las madres.

Último de compras y vuelta a Madrid, con la mochila de los sentimientos repleta de recuerdos hermosos e inolvidables, y con un último regalo: la contemplación desde el aire de la ciudad de Atenas, el Peloponeso, las islas y toda la Grecia continental. Sólo decir para terminar que deseo de corazón que la Grecia actual y el Gobierno populista de Syriza sean capaces de devolver a aquel milenario pueblo una recuperación económica que llegue a todas las capas de la sociedad y les haga recuperar una esperanza que se merecen, a pesar de todo.

Porque aunque no está excluido que en un momento pueda salir de la Comunidad Europea y del euro, ni de que Alexis Tsipras y sus ministros puedan cumplir sus promesas ni den al final su brazo a torcer y acaten las medidas impuestas desde Bruselas y el Fondo Monetario internacional, es claro que sin Grecia, Europa no puede entenderse ni completarse, no sería Europa.   

Es la esperanza ahogada en el Mediterráneo, a poca distancia de Grecia, en el Canal de Sicilia, donde la noticia de la muerte de casi mil personas (cientos de niños, mujeres y ancianos), procedentes de diferentes lugares de África, de Siria y de Irak, que buscaban una vida mejor lejos de las guerras, la persecución y el hambre, y que han convertido ese famoso mar en un cementerio de vidas y de sueños, sacudía la modorra de la acomodada Europa que expresaba a través de sus líderes políticos la necesidad de evitar que semejante tragedia no se repita.

Y mientras tanto siguen llegando miles de personas a las cosas griegas, italianas y españolas, saturadas y desbordadas por una situación que debe conmover y remover las conciencias y los bolsillos de los adormecidos países del centro y norte de Europa. Es el dramático mensaje que lanzó el Papa Francisco, pidiendo acogida, solidaridad y mayor implicación de todos, recordando una vez más la trágica situación de muchos cristianos que además se encuentran al llegar a Libia con los yihadistas que los persiguen y los ejecutan. Y es que Libia es en estos momentos un Estado fallido donde campan a sus anchas diferentes facciones islamistas y extremistas que junto con las mafias de personas han convertido la costa libia en un incontrolable éxodo de seres humanos en búsqueda de la Ítaca europea y la Arcadia feliz de los euros. A cambio encuentran la muerte o una vida incierta por años en albergues y centros de acogida desbordados y hacinados. ¿Hasta cuándo se va a seguir contemplando esta tragedia expresando sólo buenas y bonitas palabras que no llevan a acometer medidas urgentes den salida a esta situación de sufrimiento, en la que deben implicarse más países europeos, y definitivamente reconstituir el Estado libio y destruir las bases terroristas y las mafias que trafican sin escrúpulos con las vidas de miles de personas?  

Y sin apenas recuperarnos del drama mediterráneo, nos llega la terrible noticia del terremoto que ha asolado Nepal, uno de los países más pobres del mundo, que ha reducido su ingente patrimonio cultural a escombros, y ha segado la vida de al menos cuatro mil personas, y sembrado aquel hermoso país de las montañas más altas del mundo y su valle de Katmandú en un caos de dolor y de destrucción que ha conmovido profundamente a la Comunidad Internacional. Sólo cabe esperar que no ocurra lo que en Haití. Muchos países prometieron ayudas millonarias que en muchos casos acabaron en manos de sus autoridades corruptas o no llegaron a la población que, hoy en día, sigue en campamentos sin esperanza de que algún día sea reconstruido de una vez por todas una nación que poco interesa a los cálculos políticos y estratégicos ni de Estados Unidos ni del resto del mundo.

Es el triste sino de los pobres que siempre sufren las injusticias y las salvajes acometidas de la naturaleza.   Pero no todo es destrucción y egoísmo. Todas estas tragedias despiertan siempre lo mejor del ser humano, su capacidad de compasión y de solidaridad. Ahí están siempre las ONGs más importantes, como Cruz Roja (cuyo Día Internacional se celebrará el próximo 8 de Mayo) que realiza una extraordinaria labor humanitaria junto a Intermón Oxfam, Cáritas, Médicos y Bomberos Sin Fronteras, Ayuda al Desarrollo, ONU, y un sinfín de Voluntarios que nos devuelven la confianza en la bondad de los seres humanos. Ellos mantienen la esperanza en un mundo mejor, más justo, libre e igualitario.

Como lo hicieron y lo siguen haciendo los Sindicatos que mayoritariamente, y a pesar de todo, luchan por la defensa de los derechos de los trabajadores (la esencia del próximo Día Internacional del Trabajo del 1º de Mayo), o la de aquellos periodistas y medios que se juegan la vida por defender la libertad (cuyo Día Internacional se recordará este próximo 3 de Mayo) de pensamiento y de ideas, tantas veces pisoteada y reprimida en variados países, desde Venezuela hasta China, pasando por innumerables países del todo el espectro de nuestro mundo globalizado, más por su indiferencia y represión que por su libertad y solidaridad.   

Y es que la humanidad no parece aprender de los errores ni de los conflictos. Ahora que andamos de conmemoraciones y aniversarios de las dos Guerras Mundiales y de los 40 años del final de la famosa guerra de Vietnam, qué poco hemos aprendido y escarmentado. Ahí está una tierra, nuestro planeta, sembrado todavía de tensiones, crueldades, hambre, refugiados, guerras sin fin como la de Siria o Irak, brotes racistas y xenófobos como los que suceden estos días en algunas ciudades de Estados Unidos, o en algunos países europeos, la corrupción que no cesa de salir a la luz en España, o las reanudaciones de muertes por parte de la guerrilla de Colombia y que ha puesto en frágil peligro la posibilidad de un Acuerdo de Paz.

Indicios de que el ser humano, como se suele decir, es el único animal que tropieza una y mil veces con la misma piedra, sin aprender que es mejor el diálogo y el entendimiento pacífico entre las personas y los pueblos que el recurso a las armas que lo único que hace es hacernos retroceder a los tiempos más oscuros de nuestros antepasados de la Edad de Piedra.   

Pero no debemos desesperar. No olvidemos que la Caja de Pandora extendió todos los males por el mundo pero guardó dentro de ella lo que más nos define, la esperanza. Esa esperanza que llevó a Ulises y a tantos héroes a superar los escollos y tentaciones del camino, y a no perder de vista esa Ítaca ideal donde le esperaba su amada Penélope, un mundo mejor, otro mundo posible donde todos seamos en verdad hermanos e iguales, un mundo donde el amor, la convivencia en paz y el respeto de unos hacia los otros sean la ley fundamental. Son los héroes de todos los tiempos que denuncian las injusticias y claman como profetas en el desierto del mundo.

La historia de ayer y de hoy está llena de ellos. No todos a veces han estado a la altura de su misión y no siempre han denunciado con fuerza los atropellos contra los Derechos Humanos y contra toda tiranía del color que sea. Dos de ellos han fallecido recientemente, el alemán Günter Grass, premio Nobel de Literatura, el antinazi que formó parte de las SS, quizá el escritor más famoso y polémico de la segunda mitad del siglo XX, y cuya primera novela “El tambor de hojalata”, llevada luego con gran éxito al cine, le catapultó a la fama mundial. El otro el uruguayo Eduardo Galeano, considerado uno de los más destacado autores de la literatura latinoamericana, y cuyas obras más conocidas son “Las venas abiertas de América Latina” y “Memoria del fuego”. Fue un gran amante del fútbol y, aunque nacido en una familia burguesa y conservadora, se convirtió en la referencia intelectual de la izquierda latinoamericana. Sin duda una voz lúcida, discordante y crítica que apostó por la libertad y la defensa de los más necesitados y olvidados.   

Salvando las diferencias ideológicas, lo mismo hizo desde su altura intelectual y religiosa el papa Benedicto XVI, del que se han cumplido 10 años de su elección como Sucesor de Pedro y Obispo de Roma. Un Papa quizá incomprendido, con poco carisma para comunicarse con las multitudes, pero cuyo gesto de renuncia hizo que su figura histórica se agrandara e hiciera posible la llegada del carismático Papa Francisco.   Pero sin ir más lejos ni tan alto, hace unos días moría Adela, una extraordinaria mujer, que formaba parte del grupo de fe que llevo todos los martes en el Colegio. En el verano pasado se le detectó un cáncer de pulmón muy agresivo. Se ha ido con apenas 64 años. Pero qué ejemplo de alegría, bondad, generosidad, entrega y fe nos ha dejado. Sin duda, ha pasado un ángel a nuestro lado que ha alegrado nuestras vidas y las ha llenado de positividad, entereza y una sonrisa permanente. Se ha ido en paz, animando a su familia a permanecer unida y a todos nosotros a seguir creciendo en la fe y en el testimonio del amor. ¡DESCANSA EN PAZ, ADELA!  

Y es que desde luego, quien tiene una influencia decisiva en la vida de las personas, de las familias y de la sociedad, y quizá más que ninguna otra persona o ideología, son nuestras Madres. En España, y en gran parte de los países latinoamericanos, es el mes de Mayo, quizá porque también está dedicado a la Virgen María por estas tierras hispanas, el mes dedicado a homenajear y festejar a las madres, en concreto en España el próximo domingo día 3. Una ocasión, pero la única, para destacar el papel insustituible de las madres, para bien o para mal, en las vidas de los seres humanos. Yo desde luego siempre pienso en las madres que sufren por las muertes de sus hijos o en esa madre cuyo hijo adolescente entra en una escuela y mata con una ballesta a un profesor e hiere a otros (como ocurrió hace unos días en Cataluña). Pero también en las orgullosas y buenas madres de los 78 adolescentes de nuestros diferentes colegios y parroquias viatorianos que durante el pasado fin de semana nos hemos reunido en el hermosísimo Monasterio agustino de la Vid, cerca de Aranda de Duero (Burgos) para reflexionar, convivir, orar, compartir en un ambiente sano, alegre y profundo. Son las madres que no siempre son comprendidas, valorados, agradecidas y amadas como se merecen. Yo al menos doy infinitas gracias a Dios por tener a la mía viva, con 91 años, y derrochando bondad, mente lúcida y juventud del corazón. Es mi deseo también para ti. Sé no todas las madres son perfectas ni siguen el mismo patrón. Pero es cierto que ser madre es una experiencia que marca para toda la vida, la suya, y la nuestra. Y muy mal tiene que estar una madre para abandonar un hijo, matarlo o rechazarlo.

Cuando sabemos, y yo lo visto en innumerables ocasiones, en mi propia madre, que el dolor más grande de este mundo es la pérdida de un hijo. Por eso, no estaría nada mal que, sea este domingo u otro día cualquiera, o todos los días, le digamos de corazón: ¡GRACIAS, MAMÁ! Es el mejor regalo que podemos hacerle, no me cabe duda. Y no lo dejes para mañana, puede ser demasiado tarde.  Y me voy despidiendo ya, que quiero enviar este mensaje antes de viajar a Valverde del Camino (Huelva), el pueblo de mi hermana Maruja con motivo de la Primera Comunión de mi sobrinito nieto Samuel. Allí me encontraré con mi madre y gran parte de familia (estará ausente mi hermano Paquito por convalecencia de operación de cadera) y podré disfrutar de unos días de descanso y amistad con la buena gente de aquella tierra valverdeña. Eso sí, me perderé las actividades del Día de la Comunidad de Madrid, esta ciudad de la que me siento parte, como me he sentido igualmente parte de Vitoria (que estos días ha celebrado a su Patrono San Prudencio) y de mí siempre querido Chile (que estos últimos días ha vuelto a ser escenario de la fuerza amenazadora y destructora de la naturaleza con la erupción del volcán Calbuco que ha sembrado de cenizas y de preocupación el sur de Chile y de Argentina, y ha hecho evacuar a casi cinco mil personas).   

Te deseo que la alegría que irradia la Pascua de Cristo Resucitado inunde tu vida de bondad y de ánimo positivo, a pesar de todos los problemas que puedas tener o vivir a tu alrededor. Seas creyente o no, el Evangelio de Cristo está lleno de valores humanos que todos podemos llevar a nuestra vida. Y es claro que las creencias, cuando son sanas y no están contaminadas por fanatismos intolerantes o excluyentes, son fuente de salud, de consuelo, de fortaleza, de esperanza. Y desde luego si tienes a tu cargo o se te han confiado personas, trátalas bien, sé amable, cariñoso, respetuoso, generoso. No cuesta nada sonreír y tratar con delicadeza y simpatía a los demás. Es lo que hizo ese Buen Pastor que fue Jesús, modelo de ese liderazgo humilde y servicial que tanto necesitamos en la vida de la Iglesia, en la política, en la sociedad. Un liderazgo cercano a las personas, acogedor con todos, que comparte y se solidariza con los problemas reales de la gente, no buscando otro interés que el del bien y de la felicidad de las personas.  

 
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  Autor: rTxoTXmawMOg 21/06/2016
  Yo, good lokoin out! Gonna make it work now.  
  Autor: JCZnHjrq 18/06/2016
  That's a smart way of lokinog at the world.  
  Autor: nPa6Hg7bo 18/06/2016
  I see, I susoppe that would have to be the case.