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Autor: Ingrid Huertas Torres
23/04/2015
EL MILAGRO SE CONSUMÓ

U

n día cualquiera del enero del 2015, después de haber tenido un tranquilo final de año y de festejar de la mejor forma mis primeros cincuenta añitos llenos de satisfacción por el deber cumplido, llega una carta a mi correo donde me invitan a participar de un curso de Emprendimiento en Israel.

No me lo podía creer. Dije: “Que cosa más loca se le ocurre a la gente”. ¿Yo en Israel? Sin trabajo, sin dinero para poder dejarle a mi hija por el  mes que dura el curso, sin documentos para viajar, sin tiempo; pues el tiempo se dedicaría a buscar trabajo, qué cosa perdida. ¿A quién se le ocurriría? Me dije, posiblemente es la forma de retribuirme estos años de realizar evaluaciones de proyectos internacionales sin recibir dinero a cambio, cosa que hago solo por el placer de ayudar, de colaborarle a tantos jóvenes que sueñan con un mundo mejor.

No dudé en preguntarle a mi hija, que tiene un carácter mil veces más fuerte que el mío y que no permite nada que no sea con objetivos claros, y siempre de cara al bien y la satisfacción de Dios.

“Hija, ¿qué tal esta invitación que me ha llegado? Es de locos ¿verdad?”

Ella me dice: “Madre que poca fe tienes, haz lo que tengas que hacer, Dios proveerá si es para ti, irás”

En ese momento lloré, no solo por la carta sino por la respuesta de mi hija, me hizo recordar el día que le diagnosticaron posible cáncer endometrial, en que yo me ataqué a llorar y a orar y ella me preguntó:

“Madre ¿qué le pides a Dios?”.

Yo le dije: “Pues que te sane hija, que no te haga sufrir”.

Ella me dijo: “Yo en cambio, madre, le digo que solo se haga su voluntad, si es su voluntad que yo tenga eso pues que sea, el me dará el valor de enfrentarla”.

Yo no puedo con ella, no puedo con esas respuestas, me aterran, me asustan, es tan cercana a Dios que casi lo puedo tocar.  Desde ese día es un ángel prestado para mí, para acompañarme por un tiempo, el que El disponga.

Continúo…

Entonces, mientras tocaba puertas presenciales y virtuales para encontrar la fuente de ingresos, hacía los papeles para solicitar la autorización de la embajada de Israel para ir.  

Si, así de loco fue todo, no tenía ni idea de donde sacaría dinero, no me conocían en la embajada, no tenía vínculos ni relaciones con nadie para que me ayudara, eran treinta personas las que elegirían a nivel Latinoamericano,  pensaba.  

“Yo pensaba, por Dios, en Colombia se presentaran miles supongo”, nadie me conoce, sin embargo pasé mi hoja de vida, eso sí con quince años en docencia, la mayora sino todos con experiencia en emprendimiento, varios años como Directora de áreas de emprendimiento, de extensión universitaria, de internacionalización, como Directora de carrera a nivel nacional, con especialización y terminando el magister, con una empresa creada pero que aún no caminaba como para obtener ingresos de allí, así es que bueno, era mi carta de presentación y mi posible carta ganadora.

La respuesta llegó días después. Había sido aceptada. Era increíble, yo jamás ni siquiera lo habría imaginado nunca. Ese país para mí era como una especie de cielo al que yo no tendría acceso ni en mil años, pero allí estaba la respuesta,  sí.

Y ahora, ¿de dónde sacar el dinero? Pagaban todo, menos los tiquetes, mal contados, cinco millones de pesos.

Y mi hija pensaba: ¿Cómo se mantendría por ese mes? ¿Y los servicios y los pagos de deudas y demás? Dios ¿Cómo me diste esta posibilidad si no tengo cómo ir?

Y entonces…….Suena el teléfono:

“Señora Ingrid, el banco en obsequio por  su buen manejo le abre un crédito por siete millones y los puede utilizar ya y en lo que quiera”.

Menos mal que no sufro del corazón o allí hubiera quedado, eso no era posible no sucedía ni en las mejores películas de EE.UU. Pero señor dije: “De que me habla si yo no tengo crédito con ustedes ni cuentas ni nada, hace como diez años tuve un crédito pero nada más”. “Sí, señora, pero el banco la ha ubicado y tiene el préstamo aprobado”.

Mientras esto sucedía ni una llamada ni lejana ni cercana para trabajo.  Si salió así era porque tenía que ir, no cabía ya duda alguna.  Así es, así fue.  Dios en su infinito amor, me invitó con todo pago a Israel, a conocer su casa, a saber de Él frente a frente, a comprobar una vez más que existió, que existe y que existirá siempre, que está a nuestro lado y que pase lo que pase, jamás, nos deja solos.  

Esta historia continuará…..

Israel…

 
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  Autor: 0sHdmSvPHYK 20/06/2016
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  Autor: 9UfMKu4gz 18/06/2016
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  Autor: Frans Manoloff 27/04/2015
  Linda historia, los imposibles no existen para quièn tiene fe. Cree en el Señor Jesucristo y veràs su Gloria brillar. Shalom