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Autor: José Luís Pla Cortés
09/03/2015
GIM

D

espués del verano, de estar en la playa o en el campo, volvemos con algún kilo de más y pensamos que dejando de tomar cerveza los helados, la picaeta, y comer verdura, que con un par de paseos por la montaña nos quitaremos esos kilos que nos sobran. Pero llega el tiempo que separa el invierno del verano y buscamos ropa de abrigo y  volvemos a darnos cuenta de la cruda realidad. Cuando logramos abrochar el pantalón después de una lucha titánica nos damos cuenta que al sentarnos no hay manera posible de mantener el botoncito tapando esa cicatriz que todos tenemos debido a la unión con nuestra madre durante la gestación.

Ahí es cuando decidimos ir al gim, nombre popular con que ahora conocemos al gimnasio. Seguro que esto nos ha pasado a más de uno. Mi experiencia al empezar fue una pesadilla. Recuerdo que me tuve que acostar con las gafas puestas porque no podía ni quitármelas y a la madrugada para irme a trabajar, tuve que poner el cepillo de dientes en el lavabo y mover la cabeza de un lado a otro para darles algo de aseo a los dientes de mi temblorosa boca.Esa misma tarde le dije al preparador que si no quería que volviese, que me lo dijera, pero que no me hiciera sufrir de aquella manera.

Los compañeros del gim, de los cuales muchos son amigos, solían darme palabras de aliento y ánimo. Y ahí estoy cada día que mi trabajo me lo permite, ejercitándome a las órdenes de este profesional, agradable y paciente llamado Santy. Ahora ya resultan unas clases más divertidas y donde ponía dos chapitas de peso ya van siete y subiendo. Cada clase tenemos algo nuevo para que sean divertidas y agradables a pesar del esfuerzo. Estoy feliz, cada día conozco gente nueva y me da pie a hacer nuevos amigos. Y poco a poco mi cuerpo lo va agradeciendo, ya mide más el pecho que la cintura, he descubierto varios músculos que había oído hablar de ellos, que los estudié en mi época colegial pero que nunca me los había notado, ahora ya tengo tríceps, por fin. Mi cuerpo de manera pausada se va transformando.

Porque es bueno y saludable cuidar nuestro físico y el gim es un buen lugar para ello, pero mucho más importante es cuidar nuestro espíritu. Muchos son los que dicen ser creyentes, que creen en Dios, que leen la Biblia y sin embargo que pocos son los que obedecen al Creador. Para ser un verdadero hijo de Dios, uno tiene que reconocer a Jesús como su Salvador.

Juan 6: 40 Porque la voluntad de mi Padre es que todo aquel que ve al Hijo de Dios  y cree en él, tenga vida eterna y yo lo resucitaré en el día último.La salvación es por gracia, por ese regalo divino que Dios nos da sin merecerlo. Sin embargo una vez hemos  aceptado a Jesús en nuestras vidas debemos saber que por nuestras obras nos reconocerán. Es esta la razón por lo que la vida cristiana es de trabajo, fe, obediencia, andar por un camino angosto.Como decía antes refiriéndome al gim, escuchar al maestro , apoyarse con los hermanos en la fe, trabajar aunque a veces cueste y tener fe de que vamos a lograr  llegar a la meta.

Mirad podemos ser socios de un gimnasio, ir un par de veces al mes, conversar, tomar una bebida isotónica, caminar por la cinta durante un rato, pero eso no hará que nuestro cuerpo cambie. Sólo por el hecho de ser socio.Lo mismo los creyentes no basta sólo con decirlo, tenemos que obedecer la Palabra y vivir para dar gloria a nuestro Dios, no es suficiente con decir, creo, no sea cosa que algún día tengamos que escuchar las palabras de Jesús que nos diga.¿Por qué me decís Señor, Señor y no me obedecéis?

 
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