Plumas invitadas
Las fábulas de Pla Ventura
Entre lo Divino y lo Pagano
Frases célebres
Noticias
videos de Facundo Cabral
 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
Autor: José Luís Pla Cortés
18/02/2015
SOLEDAD EN COMPAÑÍA

N

o importa donde estemos, paseando, en la parada del autobús, esperando el turno en la carnicería o en el médico, siempre vemos a nuestro alrededor a  la gran mayoría de personas “whatsapehando”Parecen, o parecemos, seres solitarios encerrados en nosotros mismos, cuando en realidad lo que hacemos es conversar con otras personas. No podemos estar sin hablar con nadie, en el momento estamos en cualquier lugar sin hacer nada sentimos la imperiosa necesidad de comunicarnos. Y en vez de hablar con la persona que tenemos a nuestro lado lo hacemos por medio del móvil.

Me coincidió estando varios comerciales esperando a ser atendidos  que estaban todos con el dichoso aparatito. Yo metí mano al bolsillo y ¡Horror! lo dejé olvidado en el coche. De momento no tenía con quien hablar, gracias que uno de ellos dio descanso a su dedito y entablamos una distraída charla.

Pensando en estas cosas tan cotidianas he llegado a la conclusión que estamos en una, soledad en compañía. Es decir, que vivimos rodeados de gente y nos encontramos solos. Vemos a los jóvenes, o no tanto, caminando por la calle con el teléfono entre las manos sin parar de escribir, hace que perdamos el saludo a nuestros vecinos, a aquellos que nos cruzamos cada día con ellos, el  ver que pasa a nuestro alrededor, la belleza de un nuevo amanecer. 

Mi esposa que suele utilizar el transporte público me decía que se tuvo que proponer el no utilizar el teléfono, se percibió que  se estaba perdiendo el ver a las gentes pasar, los bellos edificios que tenemos y la preciosa oportunidad de hablar con la gente que va en el autobús, escuchar su voz, en vez de leer y escribir, y no me estoy refiriendo  a un libro.  

En la vida cristiana también sucede algo parecido. Buscamos caminos para hablar con Dios cuando en realidad sólo hay uno Jesucristo. Ya nos lo advierte la Biblia en diferentes pasajes. Por ejemplo en el Salmo 115:1-8 Señor glorifícate a ti mismo y no a nosotros, ¡glorifícate por tu amor y tu verdad! ¿Por qué han de preguntar los paganos dónde está nuestro Dios? Nuestro Dios está en el cielo. El ha hecho todo lo que quiso. Los ídolos de los paganos son de oro y plata, objetos que el hombre fabrica con sus manos; tienen boca, pero no pueden hablar; tienen ojos, pero no pueden ver, tienen orejas pero no pueden oír; tienen nariz, pero no pueden oler; tienen manos pero no pueden tocar; tienen pies pero no pueden andar ¡ni un solo sonido sale de su garganta! Iguales a esos ídolos son quienes los fabrican y quienes en ellos creen. 

Cuántas veces equivocamos a quien enviamos el mensaje, y en vez de ir al verdadero y único camino  nos desviamos y buscamos aquello que podemos ver y tocar, aunque estemos equivocados y no obedezcamos al salmista que escribe inspirado por el mismo Dios.

Nos complicamos mucho la vida para hablar con El, para suplicar por nuestras necesidades, darle las gracias por cada bendición o simplemente  por que  queremos hablar con nuestro Padre celestial. Y en verdad que el hablarle, el orar con El es algo realmente sencillo, hay que hacerlo, como nos enseña. S. Juan 14:6 Jesús le contestó: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre.

Si te sientes solo en el lugar donde estés, sólo mira a tu alrededor, sonríe, saluda y verás que fácil es encontrar compañía, disfrutar de una grata conversación con los que están a nuestro lado. No es bueno que el hombre o la mujer, estén solos, aunque estén rodeados de los más idílicos paisajes o disfrute de las más abundantes riquezas y comodidades. No es bueno vivir en un edificio en el que  ni si siquiera se conoce a los vecinos del mismo rellano de escalera. No es bueno entrar en el ascensor con otras personas y no saber hacia dónde dirigir la mirada, con tal de no encontrarse con la del otro. No es bueno que en el matrimonio no exista una comunicación en la que se compartan las penas y las alegrías, cosas importantes e incluso aparentes tonterías. 

Debemos hacer un esfuerzo para comunicarnos, por romper barreras, por abrir puertas por las que el amor al prójimo, reflejo del amor de Dios que ya lo hizo por nosotros por medio de su Hijo Jesucristo, pueda penetrar y no empeñarnos en vivir aislados, encerrados en nosotros mismos, y sin una palabra afectuosa que funda el hielo del aislamiento, de la soledad y muchas veces de la tristeza y la depresión tan extendida hoy.

Si tienes necesidad de hablar con Dios, de contarle tus problemas o tus alegrías, de pedirle perdón de suplicar por salud, por trabajo, o cualquier cosa que hablarías con un padre; no le des más vueltas, no equivoques a quien le envías el mensaje y habla directamente con Él en el nombre de Jesús.

Cuántas veces nos sentimos solos ante desgracias, enfermedades y en vez de hablar con el único Dios que nos escucha, perdemos el tiempo enviando Whatsaps al lugar equivocado.

 
  Nombre
  Email
 
  Comentario
 
INSERTE EL CÓDIGO para activar su opinión
CAPTCHA Image
código:     ((Pincha si no puedes leer el código))

 
consulta y respeta las normas de uso