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Autor: Rosa Sánchez, novelista.
09/02/2015
ABORTO O ADOPCIÓN...HETE AQUÍ LA CUESTIÓN

A

propósito de las dificultades que atraviesan algunas familias pilareñas que se han introducido en el complicado mundo de las adopciones, y aprovechando que el aborto se trata de uno de los temas más controvertidos del candelero social, permitidme que este mes de sueños millonarios, fiestas entrañables y encuentros familiares abra un pequeño debate con algunos incisos al respecto. Porque ‘aborto’ y ‘adopción’ pueden ir más interrelacionados de lo que a simple vista pueda parecer. El argumento que hoy planteo no es otro que la adopción como alternativa al aborto. Adopciones viables y seguras, sin costosos e interminables trámites, donde la pareja interesada no tenga que tener un patrimonio a la altura de la Casa de Alba para hacer realidad el sueño de ser padres. Y miles de niños y niñas verían la luz alumbrando la vida de otros.

Por eso mismo, me consideraría una ciudadana de una sociedad pródiga en principios y valores si ésta promoviera el respeto a la vida y demostrara mayor interés por la infancia desfavorecida agilizando el proceso de las adopciones siendo, al mismo tiempo, más justa y comprensiva con los solicitantes. Y me parecería más ético que esa misma sociedad, una vez que las medidas de prevención del embarazo han fallado, una vez que ya no es posible echar el tiempo atrás, diera muestras de una mayor sensibilidad orientando a la gestante hacia un final menos drástico, trágico y traumático que el aborto de esa nueva vida. Y digo ‘orientando’ porque la gente en general acaba creyendo que aquello que se legaliza es la mejor opción, o la más correcta, como pasa también con el asunto de la eutanasia... y no es así. La protagonista de ‘Juno’, una película sobre una adolescente que se queda embarazada y que, finalmente, tras barajar la opción del aborto, decide no interrumpir su embarazo y dar a su hijo en adopción, nos sirve de ejemplo.

La prevención es el camino y los políticos de esta sociedad deberían unirse y aunar esfuerzos en pro de la vida en vez de hacer apología constante de la muerte, como es el caso de muchos que se llaman a sí mismos progresistas. Prevenir sí, pero de una manera mucho más íntegra y honesta a como se viene haciendo desde hace años a través de campañas dirigidas a los jóvenes donde este tema se trata, a mi parecer, con cierta frivolidad. La educación sexual que se imparte en colegios, institutos y stands a pie de calle suele centrarse en enseñar a pre adolescentes a colocar preservativos, si es que no se les termina regalando alguna caja o unidades sueltas, sin criterio alguno. Vamos a ver. Incitar no es prevenir. Educar en valores, sí. No se nos vaya a ir el tema de las manos, que hace tiempo que se nos está yendo y mucho.

Estoy a favor de las campañas de Salud Sexual dirigidas a jóvenes y promovidas por nuestro Ministerio de Sanidad, así como otras instituciones y organizaciones que se encargan de ello, claro que sí, pero bajo la supervisión de expertos, con la profesionalidad y la seriedad que requiere el asunto. Porque enseñar a una adolescente a colocar preservativos no le previene de un futuro embarazo indeseado. Porque, como decía anteriormente, una cosa es concienciar y otra incitar. Y digo ‘No al aborto’ porque no es la respuesta. No es la solución. No me parece una actitud ética. Abortar es interrumpir el desarrollo de una vida humana. Y, seamos claros, es una medida que no está exenta de muchos peligros. La publicidad que se le da a ciertas cosas a priori es engañosa y todos lo sabemos. Vender el aborto como una solución ‘segura’, aparte de ser inmoral, es un error porque su práctica conlleva muchos riesgos, además de las secuelas físicas y psicológicas que puede ocasionar en la mujer y su entorno. Pero de eso parece que no conviene hablar…

Al igual que todo médico consagra su vida al servicio de la humanidad a través del juramento hipocrático, de la misma manera la humanidad entera debería posicionarse a favor de la vida concienciando y educando en valores. Con dignidad y respeto. Y puesto que el Ministerio de Bienestar Social y las agencias encargadas de las adopciones (las denominadas ECAIS) eternizan esos trámites de adopción que terminan desmoralizando a miles de parejas españolas que esperan un niño o niña durante años, mientras se pasa la vida y pierden la ilusión (además de una ingente cantidad de dinero, ya que adoptar parece haberse convertido en un lujo o capricho), centrémonos en que todos esos niños que terminarán siendo abortados gracias, en parte, a ciertos programas de propaganda electoral, tengan amor y un hogar ofreciéndoles a las madres el apoyo y orientación adecuados. Por favor, no permitamos que jueguen con todos nosotros mientras se hace negocio con la necesidad de unos y las carencias de otros.

Vivo con la esperanza de que, muy pronto, nuestros ojos se abran ante un mundo mejor, más cálido y humano. Donde se defienda la vida, los derechos de las personas y se actúe con sentido común y en consecuencia. Donde todos tengamos cabida, independientemente de nuestro credo, raza o estado físico. Un sitio donde se hable de vida, de esperanza, y cuando ésta ya no sea posible, la muerte se acepte y se trate como lo que es: una condición más del ser, un cambio de residencia, un cambio de estado de conciencia.

Nada más. Una sociedad donde los políticos destinen nuestro dinero a ayudas sociales y residencias de cuidados especiales y dejen de malgastar en comilonas o en el mantenimiento de tradiciones absurdas. Donde a todas las personas que padezcan cualquier clase de discapacidad se les ayude, se les integre (si es posible), y se les asegure un futuro. Un país donde a nuestros gobernantes no les resulte más fácil y barato quitarse de en medio a enfermos y dependientes que invertir en soluciones. Donde no nos engañen con leyes, excusas y política barata. Donde no nos vendan la muerte como una opción más… Luchemos por esa realidad, en pro de la vida. Y con mis mejores deseos de paz, amor y felicidad, termino con una frase de un alma grande: “La imagen de Dios está en ese niño que aún no ha nacido. No lo maten, porque un error no se borra con un crimen” (Teresa de Calcuta). 

 
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