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Autor: José Luís Pla Cortés
02/01/2015
TIRURÍ, TIRURÍ

S

e nos ha ido otro año. Recuerdo cuando era niño, que feliz me hacía recibir el año nuevo. Ansioso porque llegara el fabuloso día de los Reyes Magos y ver la más preciosa de todas las cabalgatas que existen, las de Alcoy, con sus pastorcillos, soldados romanos, pajes subiendo con sus largas escaleras a las casas para dejar regalos y esos fastuosos Reyes procedentes de Oriente con sus incansables camellos.

No puedo olvidar aquella tonadilla que con gran alborozo gritábamos los primos en busca de nuestros regalos.

Tirurítirurí señor reijaestemaÇí.

Otro recuerdo es con que ilusión ponía la fecha en los cuadernos, deseaba con todas mis fuerzas llegar lo antes posible a mi meta, cumplir los 18. ¡Qué lentamente pasaban los años! Se me hacían interminables, sobretodo esos que van de los 11 a los 14. Pero he aquí la sorpresa, que cuando acabé mi etapa sirviendo a la patria en la Armada española los años cambiaron de velocidad y comenzaron a volar.

Pensando y reflexionando sobre el por qué de este cambio. He llegado a la conclusión que la diferencia está en la responsabilidad.  Cuando eres adulto el ritmo de vida vienen determinadas por las ocupaciones y esto hace que se consuman rápidamente los días. Que diferente sería si pudiéramos volver a la infancia y poder decir de nuevo, abuela, tío y pegar grandes cabezazos afirmativos a la pregunta de ¿Tú quieres mucho al papá y a la mamá? Ahora somos nosotros los que contestamos ¿Qué quieres cariño? cuando escuchamos la palabra tío y son nuestros padres los que hacen de abuelos. Y doy gracias a Dios por tenerlos y todavía disfrutar  de “aguela“ Amanda cercana al siglo de vida, pero con una alegría y amor por su familia que nos llena a todos de gran felicidad. 

Si volviéramos atrás disfrutaríamos más de cada momento, lo saborearíamos lentamente. Lo curioso es que si deseamos la sabiduría que nos da la edad, debemos perder la frescura de la niñez. Indefectiblemente los días pasan y debemos asumir que somos responsables de las secuelas que dejan en nuestra vida a consecuencia de las decisiones que vamos tomando.

La diferencia entre un día u otro, un año u otro, es que con cada día o nuevo año, se nos brinda la oportunidad de hacer cambios, de rectificar. La forma en que pasan lo reconocemos por lo que van dejando a su paso. Si queremos ver el paso de los años con satisfacción, mira que dice la Palabra en cuanto a nuestra forma de vida:

Si oyeren, y le sirvieren, acabarán sus días en bienestar. Y sus años en dicha. (Job 36: 11). Si preguntamos quién quiere acabar el nuevo año con dicha y bienestar la respuesta la sabemos ¡ Todos ! Pero para que así sea, nos tenemos que implicar. El texto sugiere acabar en bienestar: como, abundancia, alegría, gozo, prosperidad…Y dicha: como, deleite, suave, dulce…

Pero para ello debemos de oír inteligentemente, obedecer, alabar, adorar, amar al Señor. Y si te preguntas a quién, la respuesta es muy fácil. A Jesús, a aquel que hace pocos días celebramos su nacimiento en el día de Navidad.

¿Qué tal has acabado el año? Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que ya ha pasado. Ahora tienes un nuevo reto por delante, y el texto de Job te hace una propuesta. Si deseas vivir en alegría y deleite todos los días que están  por llegar, debes hacerlo obedeciendo y viviendo exclusivamente para Dios. Si lo haces así, te aseguro, que al final del año estarás satisfecho.

¡!! Fel´Çany 2015 !!!

 
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