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Autor: José Luís Pla Cortés
19/12/2014
A LOS AMIGOS

C

uarenta años me separan de mi  encuentro con el que iba a ser mi primer amigo, Jordiet el del Manila, la primera alegría de mi paso por el colegio. Son muchos años riendo, disfrutando el uno del otro, sobrellevando las tristezas y regocijándonos de las alegrías. 

Conforme pasaban los cursos del cole, íbamos siendo más en la pandilla, grupo que todavía hoy estamos juntos y que con gran gozo y orgullo compartimos con  nuestra  esposas.y a la vez amigas. La vida, que a veces  es agradecida con nosotros, me ha regalado muchos y buenos amigos. Aquellos de mi amado club de fútbol,  el  Inde, que disfrutábamos  en el Barranquet, Bellavista y en nuestro poli, de mi vieja filá de manta roja y pluma en el turbante, de los lugares donde trabajé, mis clientes, de mi nueva  vida en la Iglesia Bautista Monte Sión, esas preciosas excursiones con los scouts en los que descubríamos montes y ríos y a nosotros mismos en nuestro recorrido por la adolescencia,  amigos y amigas de mi esposa que he tomado como míos propios, familia que va mucho más allá de una relación cordial y puedo llamarles, amigos. 

Con el orgullo  de poder decir que mis hermanos y padres son amigos míos y la satisfacción de tener amigos como hermanos. Hoy mi homenaje va mucho más allá de mis amigos, es para todos aquellos que se consideran verdaderos amigos.

El libro de Proverbios, que es uno de mis favoritos de los que se encuentran en la Biblia, dice en unos de sus versículos así:Un amigo es siempre afectuoso, y en tiempos de angustia es como un hermano.

Algunas amistades se rompen fácilmente, pero hay amigos más fieles que un hermano.Podemos tener amigos, perdonar por la redundancia, de jugar a cotos, del esquí, de subir al monte, de juntarnos con los niños en el cole y un  largo etc...Sin embargo tenemos que ver, que amigo es aquel por el que arriesgaríamos nuestra vida por salvar la suya, esa persona que lo sabe todo de nosotros y a pesar de ello nos quiere. Esa familia que podemos elegir. Aquel que vemos cada largo tiempo, por las distancias o las circunstancias, pero que al verlo (como al tío Calíu, que plora i que ríu) se nos llenan los ojos de lágrimas y reímos recordando viejas historias.

La amistad, ese tesoro que vivimos día a día. El saber que siempre tenemos a alguien a nuestro lado que nos quiere, que hará lo posible para entendernos, nos perdonará sin dudar y olvidará lo ocurrido. Esa amistad que forjamos con nuestra esposa y damos como herencia a nuestros hijos. El hablar sin palabras, ver en la oscuridad,  saborear  la verdad.

Quiero contaros una historia real pero contada de forma metafórica.Dícese de un hombre que clamaba a Dios para que le diera un verdadero amigo, que le acompañara siempre, que supiera perdonar, lo amara en toda circunstancia, incluso que diera su vida por él y pagara todas sus deudas de pecado.

Sin vacilar,  Dios le dio a su propio hijo Jesucristo. Desde aquel  día al caminar,  el hombre veía sus propias huellas y otras, siempre, a su lado. Su vida era preciosa y perfecta, pero hubo un tiempo que le vino la enfermedad, la falta de trabajo….parecía que la desgracia se estaba cebando con él.

El hombre enojado reclamaba a Dios ¿Dónde está ese salvador  amigo mío  que me prometiste? Ya no veo sus huellas a mi lado.  Dios con suma paciencia le contestó.Hijo mío,  las huellas que ves marcadas en el suelo no son las tuyas , son las de mi buen hijo amado Jesucristo que en estos momentos,  tan difíciles de tu vida,  te lleva en brazos, sin él no hubieras podido continuar tu camino.

En el libro de San Juan 15: 12-15 con palabras de Jesús, nos dice donde tenemos al perfecto amigo, siempre que queramos aceptarlo como tal.Mi mandamiento es este: Que os améis unos a otros como yo os he amado.

No hay amor más grande que al que uno le lleva a dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que mi Padre me ha dicho.

Recordad amigos míos que os amo y sabed que Jesús siempre espera para ser vuestro perfecto AMIGO.

 
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