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Autor: Antolín Castro Cortés
15/10/2014
MI MADRE, HOY

H

oy es un día muy especial para mí y los míos. Mi madre se convierte en la persona más longeva de entre todos mis familiares. Nadie ha durado, felizmente para ella, tanto tiempo.

En esta fecha, 15 de octubre de 2014, mi madre logra superar a mi padre, quien hasta anteayer mantenía esa marca de más longevo. Mi padre estuvo con nosotros durante 97 años, faltándole solo 5 días para cumplir 7 meses más. A mi madre solo le faltan 4 para cumplir esos siete meses por encima de los noventa y siete.

He de felicitarla y debemos felicitarnos todos sus cuatro hijos, trece nietos y treinta y tres bisnietos, cincuenta herederos de su sangre, casualmente veinticinco varones y veinticinco hembras, que celebramos el poder disfrutar de ella durante tantísimo tiempo. 

Y cumple esa marca encontrándose en buen estado físico y mental, manteniendo un espíritu optimista y de muy buen conformar. Pocas cosas la hacen desistir de su alegría por vivir, pero poco también la preocupa el abandonar este mundo para acompañar a su marido y verse ya con el Señor, a quien dedica sus oraciones.


Antolín Castro con su señora madre.

Vivaz, dicharachera y locuaz, todavía es una alegría visitarla en la residencia de mayores donde se encuentra. Irradia alegría, con breves momentos de cansancio por vida tan rutinaria.

Nuestras visitas, casi diarias, le hacen levantar el ánimo y nada le anima más que ver la Santa Misa por televisión y el ganarnos a todos al dominó cuando la visitamos. Y como un rito, no se encuentra totalmente vestida si no lleva un delantal, a ser posible con los gallos representativos de Portugal.

La queremos mucho tiempo más con esa frescura y dinamismo, si bien el lógico deterioro se hace patente en el día a día. Mujer emblema para todos los que hemos heredado su sangre. Orgullo de cada uno de nosotros que vemos en ella un faro que nos ha guiado y que todavía mantiene sobre nosotros un magnetismo evidente.

Yo, al escribir estas líneas, quiero mostrarle mi cariño, mi admiración, mi respeto y mi deseo de seguir disfrutando de su presencia. Si a los mayores hay que respetarlos, a los más mayores habrá que hacerlo con más motivo.

Ella ya se ha ganado ese título de ser la más mayor, la matriarca de sus cincuenta descendientes y nuestros quince cónyuges. Sesenta y cinco personas que hoy celebramos esta tan grata noticia.

Mi madre sería mi madre aunque no hubiera sido tan trabajadora y obstinada para llegar tan lejos, la querría igual, pero ahora tengo más motivos para quererla y admirarla. Una matriarca sobre la que seguir volcando mi cariño para hacer que se sienta bien todos los años, meses, semanas o días que la queden de vida.

¡Mi madre! qué madre más longeva tengo. Un motivo para que hoy escriba estas líneas desde la gran felicidad de poder contárselo a quienes me lean. Madre no hay más que una, pero que te duren tanto forma parte ya del premio que te concede la vida, su vida.

 
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