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Autor: ELSYE JOHNSON
05/10/2009
EL DÍA DE LOS NIÑOS

E

n este día siendo que ayer se celebró el día de los niños; quiero dedicar este editorial a ellos con un tema que nuestros niños lo viven en carne propia día a día: la injusticia social.

Voy a abordar este tema muy delicado como lo es la injusticia social, pero no voy a hablar desde un ángulo superficial, sino voy a tocar la llaga que causa el dolor no solamente a hombres y mujeres sino que, lastima de forma directa a lo más débiles como son los niños, lo mas precioso que como raza humana hemos procreado; más sin embargo la clase dominante no repara en los niños quienes al final son los afectados y, sin meditar que, la formación que se les da hoy, la veremos reflejada en los hombres y mujeres del mañana puesto que, estamos forjando hombres y mujeres, los que regirán el destino de nuestra sociedad salvadoreña.

Hay que preguntarse: ¿Que pretendemos como país? , seguir construyendo un laberinto social, una inmundicia de sociedad, como la que históricamente hemos palpado, o queremos vernos como una sociedad chiquita, digna y civilizada, que el mundo nos vea con respeto y como personas que hemos evolucionado de forma positiva y, que ese pasado de masiva explotación quede en una borrascosa historia causada por gobiernos corruptos.

Los niños salvadoreños crecen por obra de Dios, ya que en su mayoría no reciben lo básico para que sobrevivan, por tal razón cientos de ellos mueren, prematuramente por falta de alimentación y medicina a tiempo. Primeramente debemos entender que, somos tan responsables como país por permitir tanta injusticia contra nuestra niñez, puesto que el no proveerles lo necesario para su desarrollo físico, germinarán multitudes de seres enfermos y mal nutridos, por lo que, es necesario hacer hincapié para caminar de la mano y, empezar a construir una sociedad digna, fomentando el humanismo de distintas formas.

Hay que decirles a los señores del partido de arena, basta ya de perseguir intereses mezquinos e individualistas que, solo han conseguido dejar a la mayoría de la población en un oasis de miseria y dolor. Por otra parte la niñez salvadoreña a sido sometida a un sufrimiento tanto físico como emocional, por parte de un sistema social que, jamás se preocupó por ayudar a su pueblo; los niños sufren carencias que en sociedades desarrolladas ni siquiera en películas se ven, mientras nuestros niños se levantan y con suerte encuentran una tortilla para desayunar y por la noche si los padres no tienen un plato de fríjoles, se van a dormir sin cenar. ¿Es esta la justicia de Dios, me pregunto yo? O es el resultado de un sistema capitalista incapaz de ver mas allá del mundo egoísta en que ellos giran.
 
Yo recuerdo mi niñez, por lo que hablo con autoridad ante el tema de la miseria, puesto que la he vivido en mi propia piel, la cual me obligó a emigrar a tierras desconocidas a muy tierna edad, donde no tenia una madre o un padre que me cuidara ya que, debido a mi estructura moral, me era difícil aceptar el degenere que se observa en estas sociedades, pero el dolor de la miseria me hizo madurar de forma prematura, lo cual me enorgullece puesto que, capté lo bueno que estaba a mi alcance, y deseché lo malo. Aprendí a adquirir una solidez en cuanto a valores humanos, lo cual me ayudó a forjar una mujer objetiva y ya que al salir de la puerta de mi casa, lo hice con plena convicción de honrar a Dios, a mis padres y a mi pueblo; por tal razón construí un pequeñito universo donde muy pocas gentes caben por su naturaleza humana, y aprendí a encontrar satisfacción en pequeñas cosas que no se adquieren con dinero; también aprendí que hacer el bien es un buen negocio y el hecho de compartir mis recursos a sido mi forma de vida, puesto que el día que concluya mis vacaciones por esta tierra, solo me llevaré el privilegio de haber hecho lo mejor de mis recursos y mi tiempo; debo decirles que no fue muy fácil, pero no es difícil, por lo que considero injusto que todas las generaciones de niños experimenten dolor como millones lo han han vivido.

Solamente requiere disposición de aportar un poco para que, los demás puedan subsistir con dignidad. No nos engañemos, no existe tal cosa de clases sociales, solamente existen dos: la que oprime y mancha a mi pueblo y, la clase oprimida por la oligarquía.

Ya llegó la hora de decir, unidos construyamos un mundo de esperanza para una sola familia que se llama humanidad, ante todo crear oportunidades donde los niños, puedan educarse y crecer con dignidad; la buena educación es transmitida a través de diversas formas, los hogares, las escuelas y los medios de comunicación son fundamentales ya que, la forma como se estructuran las programaciones a la que nuestros hijos están expuestos, es lo que ellos asimilaran como pan de cada día.

Francamente el futuro de los niños esta en nuestras manos, actuemos de forma responsable, puesto que ellos son inocentes y, simplemente se limitan a obedecer y captar a lo que se les expone.

 
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