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Autor: Rosa Sánchez, novelista.
04/06/2013
ALBERTO GIL, GENIO Y FIGURA

C

omo se dijo que ‘quien comparte, se queda con más’, por aquello de ser un poquito mejores cada día y hacer de la generosidad nuestra seña de identidad, por todo ello mi intención y empeño por traer a Alberto Gil a Pilar de la Horadada. Y porque se dijo también que nadie enciende una luz para ponerla debajo de una mesa, sino para alumbrar a cuantos se encuentran en la casa. Por los valores que transmite y de los que ya os hablaré, por lo que enseñan sus vivencias y experiencias, por la magia que le rodea y por el interés que despierta él y su mundo… por todo ello valía la pena proponérselo.


Alberto Gil y Rosa Sánchez, firmando ejemplares.

Y él, cómo no, aceptó encantado. Todo fuera por ser testimonio de superación y esperanza, por alumbrar con su resplandeciente luz a cuantos se dejaran alcanzar haciendo visible el mundo de la discapacidad visual, por sensibilizar, por estar ahí y tantas otras cosas. Por eso llegó hasta aquí embarcándose en otra de sus odiseas literarias, cumpliendo su palabra y saliendo airoso de toda clase de obstáculos y otras vicisitudes del día a día. Haciendo de la amistad gala y ornato, su tarjeta de presentación. Por todo eso y para consolidar mediante un emocionado encuentro la amistad que empezó a forjarse entre nosotros, hace ya la friolera de cinco años, gracias a un blog solidario de internet donde ambos éramos comentaristas…

Ése es Alberto Gil. Dinámico, divertido y amigo de sus amigos. Explorador innato. Arqueólogo vocacional. Viajero incansable, de los que se la juegan apostando siempre por los retos más difíciles. Portador de luz, como os decía y no me canso de repetir, estandarte de ejemplaridad. Amigo fiel. Hombre honesto y sencillo. Orador que sabe transmitir como nadie su saber con naturalidad, cercanía y humildad, haciendo gala de aquellos principios y valores que aprendiera de sus padres. Precisamente lo que termina haciendo de él un alma grande y la respuesta a cómo llega a grandes y pequeños por igual, ya que en ello basa su razón de ser. Porque con Alberto se da la controversia de que no hay secretos y, al mismo tiempo, sí los hay: entrega desinteresada, modestia, coraje, tenacidad…


Rosa y Alberto en la LIbrería Códex

Pero, ¿de dónde saca un hombre que lleva veintiséis años ciego tanta energía, tanta ilusión, tantas ganas de vivir y salir adelante, además, sirviendo de ejemplo a otros muchos que no pueden quejarse casi de nada? No me queda duda alguna de que son dádivas procedentes de su espíritu de lucha y superación, pero añadir también que aquí la literatura ha jugado un papel importante… La literatura como arma, como tabla de salvación, como vía de escape de la realidad, como puerta a un mundo paralelo, perfecto y más humano. Lo entiendo bien.

Después de una triunfante presentación, donde emocionó e hizo sonreír a partes iguales, como no podía ser de otra manera, bajó feliz los escasos escalones que distan de la entrada de la librería ‘El Baúl del Libro’ hasta la acera, con el corazón henchido por la acogida brindada. Esbozando una de esas sonrisas de quien es sabedor que se deja el trabajo bien hecho. Esa sonrisa que invita al optimismo y a la esperanza. Porque me consta que prepara con esfuerzo y tesón cada viaje, realizando siempre un trabajo metódico, calculado y bien organizado. Pero a la hora de exponer sus experiencias abre el corazón de par y par y todo lo que fluye es música para los oídos, no se trata de nada elaborado. Alberto se presta siempre a la improvisación, como los grandes genios y maestros. Y el resultado no deja a nadie indiferente. Doy fe.


Vemos a Alberto Gil leyendo en Braille.

¿Y cómo no? Como buen observador y filósofo de la vida, rehúye de los estereotipos. No le agrada que le comparen ni comparar porque cree en la individualidad del ser, en su autenticidad y valor como ser único. Cree en la capacidad que todo ser humano posee para conseguir la paz y la concordia, la felicidad y la realización personal contra cualquier contratiempo. Cree en un ser superior que nos protege y que no deja nada al azar. Y como buen guerrero de la luz, mediante su pasión por la literatura y los libros, trata de hacer de este mundo un lugar más cálido. Más confortable y seguro. Más amable y tolerante. Un lugar donde todos seríamos más felices si así nos lo propusiéramos. Y, por su parte, lo consigue con creces, porque quien se adentra en sus relatos, donde da vida a fantásticos seres y humanizados personajes, descubre que, más que emocionar, enseña, transmite, enamora. Porque posee la sensibilidad necesaria para transformar el llanto en risa. La magia y fantasía suficientes para dar vida y forjar ilusiones. Y la creatividad que hace falta para transportar al exigente y experimentado lector hasta ese universo ilimitado del que se componen y da vida a sus relatos.

Y de las huellas que recoge en su libro, de todas esas vivencias y experiencias personales: ¿qué destacar? Ah, sí, la sonrisa, sí... y la amistad. Porque pudimos comprobar que este escritor comulga con el ejemplo. Es un hombre de recursos que nunca se deja nada en el tintero. Dejó constancia de ello hasta a su vuelta a Madrid, donde escribió una exhaustiva crónica de lo acontecido donde tuvo recuerdos y palabras para todos. Y a mí, que me gustan las personas que no son cortas de memoria, descubrí que en ese sentido, Alberto Gil, mi gran amigo, se lleva la palma. Ni el conserje de la Casa Museo de Miguel Hernández, que tuvimos el honor de visitar el día de su partida, escapó a su agradecimiento en aquella crónica, tal y como acostumbraran hacer los mejores dramaturgos, escritores y poetas de todos los tiempos.

 
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  Autor: PACO ALVAREZ 06/06/2013
  ¡Qué bonitas palabras para tan buen amigo! ¡Cuánto me alegré de que Alberto estuviera contigo y con Luis! El otro día me llamó emocionado de los días que había pasado ahí. ¡Qué buen círculo se hizo! Por una parte vosotros, por la otra Alberto con su sonrisa, con su entusiasmo, con su cariño. Gracias por haber conseguido este encuentro.