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Autor: Blanca Díez
25/03/2013
DESDE EL LOCUTORIO

M

i barrio ha ido cambiando de aspecto en estos últimos años. Todo ha ido sucediendo poco a poco, sin brusquedad alguna. Pero ahora ELLOS están aquí y no se van.

Primero llegaron ellas a nuestras casas. Vinieron a limpiar. Les dimos trabajo quienes en la vida habíamos imaginado que por poco dinero alguien haría las labores del hogar por nosotras. Luego vinieron ellos para cuidar de nuestros mayores, o atender las barras de los bares. Seguidamente aparecieron sus hijos e hijas. Niños de otros países, de otras razas, con otras costumbres, que se matricularon en  nuestros colegios con la misma rapidez que nosotros sacábamos a los nuestros de ellos. Finalmente aparecieron los locutorios ocupando las lonjas que anteriormente habían sido mercerías, fruterías, pequeños comercios familiares.

Se nos hacía raro ver como en la frutería de la madre de Rafita ahora había un locutorio y un poco más allá, donde antes estaba una pequeña tienda de bisutería, otro más. Estéticamente no quedaban bien en nuestras calles porque eran locales con cabinas, ordenadores, desde ellos se enviaba dinero y se vendían comestibles, una mezcolanza extraña donde se reunía gente diferente. Está claro que estéticamente desentonaban.

Cada dos por tres te topabas con negros vendiendo bolsos y CDs, con sudamericanos sentados en los bancos de las plazas bebiendo mate a todas horas, los filipinos con su forma tan rara de vestir y esas viseras, los chinos con sus grandes bazares….Todo estaba cambiando. Si y era inevitable.

Se empezó poco a poco a respirar en el aire  esa frase de “juntos pero no revueltos”.

Pasamos a su lado pero no junto a ellos. Oímos como hablan por sus móviles de última generación y no entendemos cómo es posible que antepongan siempre el teléfono a otras necesidades.

Les vemos en los locutorios. Yo nunca había entrado en uno. No había tenido la necesidad. Mi familia, mis amigos, todo lo que me importa lo tengo a mi lado y si por algún motivo se desplazan al extranjero rápidamente se le da orden a la compañía telefónica para que la comunicación sea ágil y barata. Luego está el Skipe ¿Quién no tiene un ordenador en casa con internet las 24 horas del día? Ellos, los Otros, los que no estaban desde el principio entre nosotros.

Esta vida es un constante aprendizaje, de ahí que no se pueda decir aquello de “yo nunca, jamás”. Ahora todos los domingos voy al locutorio para hablar con Pepín. Espero, esperamos, a que den las 19.30 horas del domingo por la tarde con una ilusión que nos recuerda a cuando mi marido, entonces novio, me llamaba desde una cabina telefónica desde Melilla, donde estaba haciendo la mili y solo oír nuestras voces nos reconfortaba.

Entras, preguntas si hay alguna cabina libre, te dicen “tiene que esperar” y esperas.

Desentonamos. Nos damos cuenta. No es nuestro sitio. Miramos alrededor y vemos un montón de anuncios ofreciéndose para trabajar o buscando habitaciones.

Sobre la pared los relojes van marcando las horas de los distintos países. En las estanterías productos desconocidos se ofrecen a la clientela. Nada de lo que veo me resulta apetecible pero ¿Qué no daría yo por un buen bote de alubias o un sobre de jamón si estuviera fuera de mi pais?
Mientras, sin pretenderlo, escuchas las voces de alrededor “¿Qué tal estás hijo? ¿Estudias? ¿Haces caso a la abuela? ”Si, os mando el dinero la próxima semana” “Yo estoy bien, si, si de verdad” “Dile a tu hermano que se ponga” “Ya recibí las fotos”. Pienso ¿Cuántas vidas? ¿Cuántas historias? ¿Cuántos anhelos?

Se libra la 4, es nuestro turno, marcas el número y por dentro te dices”que podamos hablar, que el tío haya ido con el teléfono móvil que le regalamos a la casa de Pepín, que las líneas funcionen bien que… “, ya está la voz del tío de Pepín al otro lado. ¡Qué alegría Señor!

Ahora somos nosotros: “Cariño ¿Cómo estás? ¿Qué tal comes? ¿Cómo va Dylan, está mejor del paludismo? ¿Tuviste algún examen en el cole? Ya, ya sé que  las mates son difíciles, si, te entiendo, ya sé que no tienes quien te ayude con los deberes, que no tienes luz, lo sé , lo sé, pero vete a la biblioteca del cole, si todos los días” “¿Te compró la teresiana las mosquiteras? Duermes mejor ahora ¿verdad?”. “Si, aquí está lloviendo mucho, no para desde que te fuiste”. Antón, que dice que te pongas tú: “¿Que pasa cacahuete? ¿Qué se te rompió el candado de la maleta? Tu tranquilo, claro, tendrás que abrirla a la fuerza es donde guardas todas tus cosas. Si te doy permiso, tu tranquilo.”¿Pero qué tal estás?”. “Ya sabes, responde, aguantando esta mala vida”. “Ya han pasado dos meses, dentro de nada es verano y estás de nuevo aquí”. Si, dice, pero es que aquí el tiempo pasa más despacio. Allí los días se iban corriendo”

A veces vienen sus amigos para hablar con él. Nos esperan a la puerta del locutorio. Ellos tampoco habían estado antes en uno. Les resulta divertido. Es como viajar a otro tiempo. No entienden porque hoy es imposible comunicar con él. Las líneas telefónicas, les decimos, andan mal. Insisten en que volvamos a intentarlo, que igual tenemos suerte esta vez. Antón marca una, otra, y otra docena de  veces más el número. No hay manera. No ha habido suerte.

Salimos de los locutorios cabizbajos. Con la pena de que el domingo haya terminado así, sin la alegría y el “subidón” que nos da a todos cuando oímos su voz y de camino a casa vamos comentando de forma aturullada las conversaciones que hemos mantenido con él. “A mí me ha dicho….” “Pues yo le he contado…” “Y entonces se ha reído…””Si, si, conmigo también se ha reído”
Luego por la noche, ya en casa, analizamos lo que ha dicho y cómo sonaba su voz: triste, alegre, preocupado, cansado, desilusionado….

Benditos locutorios que permiten que gente que se quiere en la distancia, que se añora cada día y cada noche pueda conectar por unos minutos con los que están allende los mares.

 
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  Autor: NWhfkUwlQj73 20/06/2016
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  Autor: NyPuzs7Y6s 18/06/2016
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  Autor: NmvMkmvZmEuN 18/06/2016
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  Autor: Cecilia 31/03/2013
  Blanca! Te entiendo perfectamente! DeMis amigas y yo hasta hace poquito ibamos una vez al mes para hablar con nuestra amiga Pilar que estaba en Dominicana... todo un ritual de risas y charlas atropelladas! jeje Muxu!  
  Autor: PACO ÁLVAREZ 29/03/2013
  ¡Qué interesante lo que nos has plasmado en este bonito relato! Pues si, cuantas cosas nos quedan por descubrir, y como siempre cuando las conocemos es cuando podemos opinar algo más sobre ellas.
Como bien dices, siempre hemos mirado mal los locutorios y sin embargo son el gran momento del día o de la semana, para muchas personas.
Me alegra mucho que nos hayas acercado, mediante vuestro contacto con Pepín, a estos establecimientos.
Un fuerte abrazo,