Plumas invitadas
Las fábulas de Pla Ventura
Entre lo Divino y lo Pagano
Frases célebres
Noticias
videos de Facundo Cabral
 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
Autor: Ildefonso Santiago Cacho Núñez
16/01/2012
TODO SEA POR EL SABER

M

e tocó cursar parte de mi secundaria en el colegio comercial nocturno de la ciudad de San Rafael, para nada diferente a mis otros muchos compañeros. Los recuerdos de los mejores años de mi vida como estudiante de secundaria, nunca me han abandonado y los recreo ahora, para deleite mío y para quien los desee leer.

Nadie me puede negar que esos fueran los tiempos más dichosos de todo aquel que tuvo la suerte de cursar la secundaria, porque no se tiene la misma responsabilidad que en la universidad, ni mucho menos la inocencia y candidez de la primaria, adonde todo es juego y el estudio es un poco más aliviado.  Estamos aun bajo la tutela de nuestros padres, que nos cobijan bajo su ala y podemos disfrutar un poco más la niñez.

Para mí la secundaria, implicaba más responsabilidad que para la mayoría de mis compañeros, que aun seguían al amparo de sus padres, porque a los 16 años me independice y aunque fui forzado a hacerlo, (un trance muy doloroso para mí)…comencé a comprender las cosas de un modo completamente distinto, a la perspectiva que había tenido hasta ese entonces.

Por diferencia de carácter, genio y personalidad con mi padre, el decidió internarme en un instituto reformatorio de menores…a mi mas que reformarme lo que me hacían falta eran consejos paternos y una buena amistad con él, cosa que nunca se dio. Internar a un joven era una modalidad de ese entonces para reformarlo… (Craso error)…según mi forma joven de pensar, “el que había nacido trocado….ni volviendo a nacer se enderezaba “….y esa idea, tanto como la experiencia, son solo una forma de pensar de la gente de esa época, porque ambas al correr del tiempo e igual que la moda, cambian y lo ayer tuvo validez, hoy es absolutamente obsoleto y carece de valor.

Por orden de un juez de menores, a pedido de mi padre, fui internado en el instituto “cuadro nacional”…el nombre era en referencia al sitio donde se ubicaba. Ese fue el asentamiento de un regimiento del ejército y las barracas que alojaron a cientos de soldados años atrás, servían ahora para alojar a los jóvenes que según algunos padres como el mío y ciertos burócratas “metiches” de la sociedad de esos años, teníamos problemas de conducta….!!! Carajo!!! Si esa gente viviera en la actualidad, se escandalizarían hasta un infarto de la conducta de muchos jóvenes de hoy…comparados con ellos, nosotros éramos unos angelitos y no me estoy mandando la parte, Ahhh!.

Allí encontré los mejores muchachos que había conocido en mi vida hasta entonces…ni en mi barrio los había encontrado y eso que allí todos eran hijos de familias respetables…!!! Hummmmm!

El instituto se encontraba varios kilómetros al sur de la ciudad de San Rafael y la principal y única vía de acceso era la ruta 143, bordeada de álamos centenarios, la carretera de asfalto de dos carriles y las banquetas de tierra y piedra suelta.

Producto de mi trabajo…(porque en el instituto, le ayudaba al secretario de entonces, don José García, recibía un pago mínimo, pero pago al fin )…con ese dinero, compre una bicicleta, que era mi medio de transporte al colegio, que a pesar de los largos kilómetros que me separaban de él, mi decisión y mi ahínco por seguir estudiando nunca me abandonaron…en los viajes de regreso es adonde pasaba las de Caín y Abel, como dice el dicho…y yo me consolaba diciéndome: “ todo sea por el saber”….

Cuando no me iba en bicicleta, abordaba el micro-ómnibus, que pasaba frente al lugar, solo hasta ciertas horas.

De ida era una maravilla, porque apenas empezaba a caer la tarde, aun en tiempo de invierno… (Allá, en ese entonces, no se atrasaba o adelantaba el reloj, para aprovechar la luz solar….solo se cambiaba el horario de entrada al colegio)…en mi viaje a la escuela recuerdo haber contemplado los más bellos atardeceres hasta ese entonces en mi vida….la gran aventura, sucedía al regreso de clases a veces después de media noche.

En la época de este relato, yo contaba con 17 años, cursaba el tercer año de secundaria, porque había repetido el primero de estudios e iba atrasado un año…yo era un estudiante del montón, vago para estudiar, pero con un poder de retentiva que me permitían salir adelante en una lección, con solo leer un poco en el receso y recordando la explicación de la clase anterior del profesor.

En parte del trayecto de regreso, contaba con la compañía de un estudiante de mi clase, Aldo Túnez, que también era un gran amigo. El autobús que nos llevaba de regreso en esa dirección, llegaba justamente hasta su casa, adonde también había un almacén, propiedad de sus padres…la localidad se llama “puente el calicanto”.

Los chóferes del transporte, ya nos conocían y algunos más buenas gente que otros,  cuando llegábamos a nuestro destino, antes que Aldo se apeara del vehículo, me ayudaba a convencer al chofer para que me llevara un poco más cerca del instituto, que quedaba a mitad del camino recorrido; algunos accedían a regañadientes, pero la mayoría se negaba a llevarme y decían que ya estaban muy cansados y que deseaban llegar a sus casa a descansar y yo los entendía perfectamente, solo había un chofer, que un par de veces me llevo, poniendo en riesgo su empleo, porque si lo descubrían, lo hubiesen despedido de seguro.

De allí en más mi regreso era toda una odisea…en las frías noches de invierno, cubría mi cara con una bufanda lana, que yo mismo había tejido, para protegerme del aire gélido…cogía unas cuantas piedras y comenzaba la marcha.

Caminando por la banqueta de la carretera, a las pocas cuadras a mi derecha, se encontraba la finca de la familia zeta, (uno de los hijos de esta familia, fue mi compañero en la primaria)…unos perros enormes cuidaban la finca…la casa se encontraba un poco mas retirada de la carretera. cuando yo me aproximaba al lugar , caminaba con mucho sigilo, para evitar que los perros me oyeran y me persiguieran, pero no siempre lograba mi objetivo…al caminar en la obscuridad de la noche, tropezaba a veces con una piedra, una lata u otro objeto y allí comenzaba la persecución…cuando los perros se acercaban, yo les arrojaba las piedras que traía y el problema comenzaba cuando se me acababa la munición…cogía del piso, lo que fuera con tal de defenderme…ja ja ja…cada vez que lo recuerdo ahora, me da mucha risa, pero les aseguro que en esos momentos, se me erizaban los pelos de la nuca y no me causaba ninguna gracia.

De  vez en cuando algún vehículo que pasaba, me encandilaba y hacia las cosas aun peor para mí, pero nadie se detenía a ayudarme…el viento, por leve que fuera silbaba entre las ramas de los  álamos y parecía susurrarme cosas no muy agradables que aumentaban mi temor. En las noches de tormenta, mis viajes se convertían en una pesadilla mucho mayor, porque aparte de tener que protegerme de los perros, debía protegerme de la lluvia y de los conductores que por la lluvia no me veían bien y a veces pasaban muy cerca de mí amenazando atropellarme.

Una de esas noches…Dios se apiado de mi…me envió dos Ángeles en forma de pareja…un matrimonio de una iglesia protestante que vivía a mitad del camino que yo debía recorrer a pie. las personas muy amables, me preguntaron adonde me dirigía, al saberlo el hombre ofreció llevarme hasta la puerta del instituto…allí creo que desperté interiormente y comencé a pensar que un ser humano que profesaba una fe religiosa distinta a la mía, se había detenido a ayudarme, cuando los de mi propia fe, me ignoraban…fue cuando empecé también a pensar en las palabras que profesaba mi hermano Pedro…”todos somos hermanos e hijos de Dios “…es decir como decía mi otro hermano…facundo….”uno solo”…

Seguía pensando…entonces de que sirven las divisiones en la fe cristiana, si todos somos hijos de Dios.

El matrimonio, se ofreció a detenerse y llevarme nuevamente, cuando coincidiera su horario con el mío, a pesar de que debían desviarse de su camino para hacerlo…aclaro, que nunca mencionaron que debía convertirme a su fe o visitar su iglesia, como lo hacían otros.

Comencé a comprender entonces, porque hay un solo idioma, el del amor, un solo Dios y está en todos lados y una sola raza…la humanidad…pero también comprendí que era demasiado joven para entender muchas cosas de la vida y yo no había nacido sabiendo.

Algunas noches mi regreso era sin muchos sobresaltos, pero otras noches, no sabía cómo iba a regresar y ni siquiera si lo lograría con bien…es por eso que esas noches inciertas que viví en mi juventud, vuelven de vez en cuando a mi mente y están situadas entre mis recuerdos imborrables…me sirven mucho para recapacitar, cuando estoy angustiado por la falta de trabajo, de dinero, de comida…pero a la vez pienso: si cuando era un joven inexperto, supe sobrellevarlas y salí adelante…hoy son menos las cosas que me puedan detener para lograr mis objetivos… 

 
  Nombre
  Email
 
  Comentario
 
INSERTE EL CÓDIGO para activar su opinión
CAPTCHA Image
código:     ((Pincha si no puedes leer el código))

 
consulta y respeta las normas de uso