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Autor: Susana Varela García
06/01/2012
QUERIDO NIÑO JESÚS

Q

uerido Niño Jesús:

Sé que es un poco tarde para escribir, pero en Venezuela todo lo dejamos para última hora.
Comienzo por pedirte que me ayudes a olvidar tantas tristezas e infortunios, que han sido bastantes y me han golpeado muy duro, los más grandes: dos hijos operados de emergencia y la muerte del maestro Cabral, entre otros que han sido menos graves.

Creo que ha sido el año más difícil de mi existencia. No ha sido sencillo estar a punto de perderlo todo, no ha sido fácil ver a mis hijos con sus huesos rotos rumbo al quirófano y no ha sido fácil que al hombre que escribió, hablo y canto las palabras que te daban fuerza, animo y paz, que por años te sirvieron de ejemplo, le arrebataron la vida de una manera tan ruin y que a partir de ese momento, solo viviría en tu corazón, en tus recuerdos. Tu Facundo, te fuiste a la hora que Dios mando, pero para mi fue temprano! Mi parte humana no se conforma con esto!

Tuve que abrir espacio, ya que mi papa, tiene literalmente una mansión en mi corazón, pero el siempre fue generoso y compartió felizmente su morada con Cabral, a quien, a diferencia mía, logro conocer personalmente hace muchos años.

También pido que Dios nos llene de salud física, para así poder enfrentar los retos por venir.
Pido calma, mucha calma ya que es un don que solemos perder muy rápido y más rápidamente nos arrepentimos por no habernos controlado.

Pido claridad de pensamiento, ya que siempre nos creemos en lo cierto, sin ver que el entorno de los demás  no es el mismo nuestro y terminamos minimizando situaciones que en otros son graves, cosa que resulta ofensiva y a veces hasta cruel.

Pido que nos envíe respeto y tolerancia para conmigo y mi prójimo, los que pensamos o somos diferentes, no somos menos ni somos malos, solo somos distintos, y sin cambiar nuestra esencia, podemos convivir en paz.

Pido también dinero, ya que también es una necesidad y utilizado de la manera adecuada es una bendición.

Pido a Dios que nunca me falten buenos libros, la lectura engrandece, enseña, distrae, llena y relaja.

Pido que Dios bendiga a mis hijos, que le enseñe lo bueno que hay en mí y me perdonen lo malo.

Y pido que Dios no permita jamás que me olvide de quién es y de todo lo que hace por mí y por los míos cada día y que nunca borre de mi memoria las palabras de mi papa que están grabadas a fuego en mi corazón y las que aprendí de “Facundo”, así lograre ser mejor cada día.

Feliz Año Nuevo para todos.

 
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