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Autor: Dolores Spada
01/06/2009
UN VIAJE APASIONANTE: ENTRE VENECIA Y ATENAS

E

mpecé mi viaje en Venecia, ciudad muy querida por mí y el hecho de volver a verla me excitaba y reavivaba mis recuerdos.

La encontré de nuevo bellísima. No puedo explicar lo que sentí al encontrarme en la Plaza  de San Marcos; sé que una orquesta tocaba melodías sugerentes y de pronto quedé como hechizada, miraba a mi alrededor y no sabía lo que miraba; veía y no sabía que veía, la Plaza aunque repleta de turistas, para mí tenía silencio, estaba vacía;  este vacío me inundaba cuando de repente mi alma alzó el vuelo como hacen las palomas estrepitosamente y entonces mis ojos se posaron sobre las finas columnas del Palacio de los Dogues, sobre el León Alado en la alta columna, la dorada Basílica de San Marcos, el Reloj de los Moros y siempre mascaras, mascaras encerradas en su misterio. Fue una vivencia sublime que todavía me estremece.

Una vez ya restablecida de este embrujo pero con inusitada alegría paseé en góndola por sus estrechos canales hasta llegar al Canal Grande donde los Palacios de las antiguas  y aristocráticas familias venecianas residen, muchos se han convertidos en sedes gubernamentales y sociales, otros son hoteles y muchos están sencillamente ahí para  que los admiremos al mismo tiempo que nos preguntamos de quien son y porque son tan bellos.

Me despedí de Venecia pensando que es probable que no la vuelva a ver y sabiendo que algo de mi corazón se quedaba con ella.Seguimos viaje ya embarcados en un crucero todo blanco y muy grande. Navegamos toda la noche y llegamos a CROACÍA un país muy católico que ofrece vistas sobre al mar de gran belleza tiene playas doradas y puertos pequeños se ven construcciones nuevas que dan la impresión de un país en resurgimiento. Recordé allí que mi bisabuela era croata.

Seguimos viaje hacía la Isla de Corfú, isla que escogió la Emperatriz "Sisí"  para descansar del agobiante protocolo de la Corte de Viena que entonces estaba en todo su apogeo. En ella hizo construir un sencillo Palacio con un bonito jardín sobre el mar y en que domina una gran escultura de bronce que representa a Aquiles, joven y en todo su esplendor de fuerza y vida para encontrarlo después a la salida del jardín en otra escultura vencido y herido en su talón.

Llegamos a la isla de Creta navegando por un mar intensamente azul aquí visitamos el Palacio de Knossos, antigua ciudadela donde se desarrolló la antiquísima leyenda de los Minotauros.

El Palacio que tiene más de 6.000 mil años de antigüedad posee columnas y estancias bastante bien conservadas, en aquel tiempo ya tenían agua corriente y puertas  correderas. Emociona comprobar como se desarrolló su cultura, tenían anfiteatro, baños, y estancias donde se enseñaba la orfebrería. Ya en el Museo nos maravillamos de sus joyas en oro macizo de diseño muy actual, vasijas y cántaros que representan a sus dioses.

Navegamos toda la noche y al día siguiente llegamos a Santorini es una isla de las Cicladitas, a medida que  nos vamos acercando a ella nos sorprende comprobar  como una línea blanca se posa sobre ella y sobre otras islas más pequeñas es ni más ni menos que el pueblecito de Santorini, accedemos a él, ya desembarcados  en un autocar que sube por una carretera muy angosta, nos deja el autocar en el centro y que maravilla!!  Es todo diferente, original sus casas son pequeñas blancas, blanquitas coronadas por una cúpula totalmente azul, son todas iguales sobreponiéndose unas a otras ayudándose en su construcción y unidas por calles estrechas empedradas, nos dejamos  llevar por la sorpresa y las recorremos con entusiasmo  mirando sus tiendas y cafés e Iglesias. Contemplamos la vista extraordinaria de la Caldea donde todavía en el fondo está el volcán aún en actividad. Todo es azul, al mar, el cielo y las casitas. Nos despedimos de Santorini y alejándonos de ella, navegando,  parece la isla como un gran pastel de chocolate coronado por una buena copa de nata blanca y espumosa.


Llegamos a la Isla de Mikonos por la tarde cuando el calor era sofocante, pero esto no nos impidió  disfrutarlo. Recorrimos         sus calles  que están empedradas y reseguidas de pintura blanca;         las casas también son blancas y pequeñas, aquí y allá surgen         Bouganvillas moradas y flores de todos colores hay pájaros en         jaulas colgadas de las paredes y las pequeñas tiendas ofrecen         recuerdos de todo tipo; se ven  ancianos sentados en sillas y         bancos, seguramente  preguntándose que hace tanto turista        paseando arriba y abajo. La isla es marinera tiene un puerto        con barcas de pescadores y atracados yates de lujo. A lo       largo del paseo junto al mar  se ven pequeños restaurantes y       terrazas que ofrecen buen marisco y pescado frito. El olor es       tentador. Volvemos al Barco  y emprendemos viaje hacía       Atenas  punto final de nuestro viaje.

Llegamos a Atenas por la mañana, atracamos en el puerto del       Pireo y desde allí  vamos a visitar la ciudad es bonita tiene edificios       blancos no muy altos construidos así por miedo a los       terremotos y principalmente para que no impidan la vista sobre       la Acrópolis y el Partenón.  Ascendemos por la colina que       nos lleva al Partenón  y el camino está poblado de piedras       de la antigüedad preciosas que atesoran mucha historia,       vemos el Odeón donde se dan conciertos por la noche, al       Anfiteatro y una columnas esplendidas  nos guían al Partenón      las murallas de la Acrópolis quedan abajo.      Llegar a la explanada donde armonioso y sublime está el      Partenón es inexplicable. Sus arquitectos fueron Iktinos i Kallikrates aún hoy considerados como artífices de una maravilla      única en el mundo. Está expoliado, eso sí, pero uno puede      imaginarse la gran estatua de la diosa Athenea revestida de      marfil i oro colocada en el centro y dentro del Partenón al mismo tiempo ver las hermosas esculturas esculpidas en mármol      que lo rodeaban y hoy están injustamente expuestas el un      Museo de Inglaterra.      A la izquierda del Partenón de hallan Las Cariátides, ellas     siempre me han subyugado y las contemplo sin dar crédito,     formaron parte del Templo de Eretto construido el siglo     V antes de Cristo, se erigen bellas, de rostro hermético, son     de esbelta figura y están disciplinadas en el gesto. No son    las auténticas pero da lo mismo, están allí para mí.

El viaje termina, y nos disponemos a regresar a nuestras    ciudades de origen. Ha sido un viaje imborrable, me siento    privilegiada y doy gracias al Cielo  por que me lo ha hecho    posible.

 
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  Autor: kv633YxZB0vF 21/06/2016
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  Autor: 4gmG5udMAb 18/06/2016
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