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Autor: ELSYE JOHNSON
01/02/2011
ANASTASIA

D

e las cosquillas en su vientre cuando se acuesta desnuda y deja que el sol la preñe de sueños, el sol, que susurraba en su oído: “no quiero ser tu héroe, pero me muero por ser el amor de tu vida…”

Hay historias que se pierden, que se esfuman como un murmullo seco, en la lengua de los rostros grises de mi pueblo, que no resuenan ya en su mente, y son condenadas al rezago del olvido.
Esta es la historia de una niña, de una princesa, de labios de fresa y mirada de añil, de mejillas brillantes y suave piel blanca empapada de amor, vive cantando, enamorada de los sueños y la fantasía que de noche forja frente al espejo.

Vive sin contratiempos, ignorando la malicia, queriendo hasta el último momento ver toda la bondad en los ojos de cualquiera, imaginándolos amables y buenos.

Su nombre es Anastasia, y no es ni rusa, ni Romanov, ni siquiera es de este mundo, proviene de una patria, donde todos se dedican a cazar sueños, a forjar esperanzas en fibras de henequén, a vender alegrías en vasijas de barro, y cuadros de sueños que el hombre no puede tener.

Viene de una patria donde no falta el vino, donde poemas y canciones se lanzan contra el viento para conocer los oídos de cada mortal, de una patria donde el arte renace diariamente desafiando el tiempo, donde todos tienen una musa a la que fertilizan de pasión, y esta se dedica a parir entre gritos y gloria la inspiración de su nueva creación. Y cada verso y cada prosa, cada nota y cada canción envuelve el espíritu de tal manera, que en la patria de Anastasia no hay condenados a la desesperación.

Todos tienen una musa, excepto Anastasia, por que ella es la musa del sol, y todos la visten de seda, ponen flores en sus cabellos, la rodean de canciones que la hacen sonreír y de esta manera atraen a su amante, que embobado por la belleza de Anastasia hace de la patria un verano eterno, por que en la patria de Anastasia no cae la nieve, y la lluvia apenas visita con dos o tres días de tormenta, el país de Anastasia es el reino del Sol, calido y tibio, donde el verano no cesa, y el frío no existe, solo el abrasador calor de los rayos de esa esfera de fuego incandescente.
Anastasia es la consentida del cielo, es la preferida del sol, ellos esconden en el viento gotitas de rocío que le besan las mejillas cuando el calor las vuelve rojas como pétalos de rosas.

El viento juega con su pelo, le roza las manos y la envuelve y la empuja contándole secretos que son solo de los dos.

El sol decidió que en las noches, atravesaría la luna, y la haría iluminarse desde lejos para tocar el rostro de su musa, para hacerla ver brillante y coronada con el espeso claro de luna, Anastasia se escapaba por las noches, para hablar con ella y su rostro se iluminaba tanto en la oscuridad, que la luna celosa, resolvió menguarse eventualmente, para no sentir la rabia de ver ese rostro tan hermoso.

Muchos se enamoraron de la luna, de ese disco plateado en el cielo, cuyo brillo era hechizante, era hermoso. Así nacieron más poemas, más canciones. Pero Anastasia no comprendía por que enamorarse de algo que a pesar de su belleza los ignoraba lejana en el cielo y se menguaba y se ocultaba cada cierto tiempo. ¿Cómo podían amar tanta arrogancia?

En el día, Anastasia, soñaba con su príncipe El Sol, se recostaba en la hierba, y se dejaba acariciar por el, que no solo brillaba en el cielo, el sol jugaba en sus ojos, tocaba sus hombros, cociéndolos de amor, le daba color a sus mejillas, en las mañanas le pinta el cielo de malva, y al atardecer lo baña de un rojo que enternece el corazón y se viste de gala y brilla amarillo dejándose ver, opacándose un poco para permitir que Anastasia lo descubra y vea su forma, y se despide zambulléndose en el mar.

Anastasia vive enamorada de la luz, del calor, de las cosquillas en su vientre cuando se acuesta desnuda y deja que el sol la preñe de sueños, de vida, y sabe que un día huirá con el, y juntos al atardecer se hundirán su idilio en el océano azul.

Regresará en las mañanas a besar el rostro de los niños de su patria, a enseñarles canciones y poemas, abrazaran el corazón de los amantes para encender en ellos la lumbre del arte, descubrirá su cuerpo al atardecer junto al sol, y se bañaran desnudos cada tarde en el borde infinito del mar.

 
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