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Autor: Isaura Díaz Figueiredo
20/02/2018
EL SECRETO DEL ALMENDRO

L

a vida ha de ser riesgo, si no aventuramos nunca podemos saber que ocurre en una determinada situación. Quien mejor que el árbol del almendro para darnos una lección de apostar por lo incierto.

Los almendros, dan preferencia siempre a la vida como árbol, a la del futuro -el fruto -, el agricultor normalmente prioriza el fruto, al árbol. El almendro no tiene dudas en embelesarnos con su efímera belleza floral, arriesgarse a perder las semillas antes que perder todo el árbol.

CUENTO: EL SECRETO DEL ALMENDRO

Hace muchos años, en un lugar lejano, ¡muy lejano! donde la luna sale de día, y el sol nunca duerme, dentro del numeroso vecindario, vivía una familia, compuesta por la bondadosa  madre, y el padre, agricultor de profesión, habían tenido un hermoso niño, con el cabello tan rubio como la mamá y sonriente  como su padre, parlanchín, juguetón, el pequeño hacia las delicias de los progenitores. Aunque sabían que tanto mimo tanto no era bueno para su crecimiento, se reconciliaban sabiendo que era el único bebé que podrían tener. Felipin a medida que fue creciendo se hizo caprichoso y tirano.

Con la llegada del invierno sucede algo terrible. Una fuerte gripe asola los pueblos cercanos a Galleguín; no duda el malvado virus en saltar límites y atacar con virulencia a los vecinos galleguinos, entre el grupo de los afectados se encuentra la madre de Felipin. El castigo  gripal cae sobre la familia Rodrigañez, la lucha fue dura, no valieron galenos ni remedios caseros, en la batalla pierde la vida la joven madre- Adelita -. 

Los que sobreviven a la maldita peste, lamentan que la muerte llevara a la mamá más joven del pueblo, dejando un hijito de apenas  tres años. Señor Amancio siente un gran dolor por la pérdida de su esposa, pero toda congoja ¡Como la mancha de  la mora que con otra se cura!... llega Rosa, una nueva mujer-  menos hermosa que Adelita - a la vida de Amancio, poco a poco se van enamorando y un feliz día se casan. Las campanas suenan con alegría, luto y llanto se habían olvidado.

Al comienzo de la vida matrimonial, todo era fiesta para Felipin, pero… llega el momento en que Rosa anuncia a su esposo que se encuentra en cinta; pasan siete meses y nace una robusta niña, que ponen como no podía ser de otra forma  Rosita.La madrastra que había cubierto de atenciones al caprichoso Felipin, la llegada de Rosita lo desplaza, se ve obligado a su corta edad a realizar trabajos muy duros  e ingratos.  Si antes el retoño de Adela hacía las gracias  a su padre, ahora ocupa éste lugar la bonita Rosita.

La malvada madrastra, (de las que se dice que con solo éste nombre, les basta para definirlas, pozos de maldad y odio hacia los hijos del matrimonio anterior), maquina constantemente torturas hacia el pequeño, le quita todos los antojos por mínimos que sean, merma la comida, reduciéndola a un trozo de pan duro, reseco y mohoso, mojado en un poco de agua  y… ¡a seguir trabajando  sin rechistar!, ordeño de cabras, cuidado de las vacas, cortar y apilar leña para calentar el hogar y cocinar... Felipe no puede acceder a la despensa,  por lo cual, está famélico, no rinde en el trabajo, ni en la escuela a pesar que Don Antonio que sabe de sus necesidades, siempre le da doble vaso de leche a las once de la mañana, un recién horneado bollo y otro para que lo oculte entre los raídos bolsillos.

Rosa es muy desconfiada, guarda bajo llaves todo lo comestible, de la cintura de la falda cuelga una correa de cuero donde están todas la de los armarios ¡Hasta los frutos secos que el niño puede recoger en los campos!, están supervisados por la maldad de la madrastra.Pero el chavalín que era más listo que los ajos tempraneros, la vigila, ve donde guarda las almendras, los membrillos, manzanas…

Rosa duerme con un ojo abierto y otro cerrado, Felipin ya no puede soportar tanto desprecio y hambre, se arma de valor y… fuerza la cerradura del baúl que contiene todo lo que a él le niega, cuando iba a comenzar la faena de asaltar el cofre, siente el ligero taconeo, son los pasos de la odiosa madrastra, esconde la horquilla en el puño y casi amorosamente dice:-Madre Rosa ¿Me puede dar usted  unas pocas de almendras?, ¡tengo mucha hambre! La malvada con sonrisa de bruja dice-

Claro hijo cógelas tú mismo y llénate de todo lo que quieras. Cuando Felipin baja la cabeza para coger los ricos alimentos, ella deja caer la tapa del baúl y como se imaginaran, siega la cabecita del pobre niño.

Lo que no sabía la bruja Rosona, es qué todo estaba siendo visto por la pequeña Rosita. La sangre no llega al río pero… casi, y encima no le da tiempo a “la malvada “de tener el suelo reluciente de manchas de sangre ante la inminente llegada del esposo.Asustada la pequeña Rosita, que quería mucho a su hermanastro, comienza a dar gritos, la mamá intenta acallarla, pero cuanto más lo dice ella más angustiada chilla:

-¡Mi hermano, mi hermano, lo ha matado la mami!

Rosa se pone nerviosa, es la hora de llegar el esposo, la hija grita ¿Qué hacer? lo primero enterrar el cuerpecito del pequeño Felipin ¿Dónde? mira hacia un lado y otro...apresurada se dice: Felipe tú tumba será el almendro. 

-¿Dónde está Felipin?

Pregunta el padre al rato de estar sentado a la mesa para almorzar.  Ha ido a buscar jabón de lavar, como el tendero no trae del que yo uso  con perfume a lavanda, tuvo que ir lejos, o sea  que  tardará en llegar, come, bien amado marido y no te preocupes, que el niño ya es un ángel.

Pero la pequeña Rosita no para de llorar y arrodillarse junto al almendro- ¿Qué le ocurre a mi preciosa Rosita? Pregunta el padre. Ni te preocupes -responde rauda la madrastra de Felipe - la niña se ha vuelto como tú hijo, caprichosa y lianta.

Cada vez que el padre preguntaba porque no llegaba el hijo, ella siempre tenía palabras zalameras con qué engatusar al hombre,  No vuelva esposo del alma a preocuparte por el desagradecido Felipin, nos ha dejado, se ha  ido a vivir con la familia de su madre. Nunca vieron con buenos ojos su rápido casamiento y menos con esa mujer fea y ruin. 

Llega el buen tiempo, las hojas de los almendros muy cantarinas, se ponen a  enaltecer la llegada de la primavera… ¡la sorpresa que traían es de tragedia griega!, de entre el follaje sale un petirrojo que entona continuamente  ésta canciónPirimi, pirimiUi, ui, uiMi madrastra me mató y debajo del almendro descanso yo

El pueblo no daba crédito a lo que sus oídos escuchan, pero el pequeño petirrojo canta y vuela sin cesar por todo el pueblo.Volando, batiendo incansable sus gráciles alas, llega a casa del relojero que fascinado escucha la triste canción. Pidió a la avecilla que repita el canto, pero ésta puso como condición que le obsequiara una cadenita de oro color magenta, el hombre le da de buena gana.

¡Voy a seguir volando señor relojero! He de recorrer todos los establecimientos del pueblo.

La próxima parada la hace en casa del zapatero que escucha el triste canto, también le fascina, el pajarillo pide unos zapatos rojos, ¡Pequeño colibrí tuyos son!Luego se acerca al molino y ocurre lo mismo, pero aquí pide algo más costoso-Molinero amigo, te cantaré otra vez la canción si me da a cambio la rueda del molino.

-Bueno, bueno, revoltoso pajarillo, me cuesta pero te la daré,… tengo repuestoYa solo le quedaba a la avecilla volar a casa de la madrastra, con la rueda, la cadena de oro y los diminutos zapatitos.Estaban sentados a la mesa del comedor, el padre, la madrastra y la hermanita, se disponían a comer, pero Rosita no hacía más que suspirar

¿Qué le ocurre a nuestra hija Rosa? Desde que Felipin fue a vivir con la familia de su madre no para de llorar y gemir.- ¡Bobadas de la niña!, esposo querido, no hagas casoUn pajarillo toca con su pico los cristales, la bruja madrastra trata de ahuyentarlo, le resulta imposible, el pequeño pajarito canta con toda la fuerza de sus diminutos pulmonesRosa, Rosa madrastra que con llamarte asíNo te bastaMalvada Rosa, Mi hermanita Rosita que todo vio, no para de llorar.

Y quejarse con aflicción.

La madrastra se lleva las manos a los oídos para no escuchar la acusadora canción del pajarito, que se había posado tranquilamente sobre las ramas del almendro. La avecilla deja caer de su piquito, la cadenita de oro  que se coloca alrededor del cuello  del padre de Felipe; los zapatitos rojos que tanto deseaba Rosita solitos se calzan en sus piecitos chiquitos, la madrastra asustada  creyendo que la piedra enorme iba a sepultarla, comenzó a correr locamente, sin rumbo.

El pobre pájaro ya no podía sostener por más tiempo la pesada  rueda de molino  que  se escurre del pico, cayendo justo al pie del  almendro, de pronto, se escucha una vocecita- ¡Padre! ¡Padre! levante usted un poco la tierra que está junto el almendro, ¡sí! justo debajo de la piedra que se le escapó al petirrojo.

El asustado padre voltea la piedra que había caído junto al viejo árbol y sale vivo Felipin, se abrazan los tres, la madrastra enloquecida por el mal  hecho, no ve el precipicio y cae hasta el río, muriendo ahogada.

Aquel año, el almendro dio las flores más hermosas que se recuerdan en el pueblo Galleguín, los frutos eran grandes y sabrosos .Tan grande fue la cosecha, que todo el pueblo se benefició de ella, pudieron hacer turrones, ricos dulces, medicinas para curar con sus aceites el dolor de oídos, tanto de pequeños, como de adultos.

El viejo y retorcido almendró guardó entre sus entrañas al desamparado pequeño, al llegar el buen tiempo, abre el generosamente su vientre y lo retornó al angustiado padre y hermana. Aún hoy el pueblo en el “Día de la Fiesta Mayor” se reúne junto a las cenizas del viejo almendro y mayores y pequeños entona la canción del petirrojo. 

Sin riesgos no hay gloria.

Amigos mios, sin gloria nunca llega la victoria.

Arriesguemos amigos, arriesguemos.

 
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  Autor: Petrus 04/03/2018
  Le he indicado en alguna ocasión que tiene suerte de contar entre sus colaboradoras con Dª Isaura,sus escritos son de una profundidad increíble.no la pierda,somos compañeros de Universidad,es una gran valía,una verdadera enciclopedia,no la pierda Sr Pla, no la pierda,es ave que si va no vuelve,se lo digo yo.
Petrus