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Autor: Isaura Díaz Figueiredo
02/01/2018
CUENTO

H

ace mucho, ¡mucho tiempo!, los adultos, estaban muy decepcionados ya que el Día de Navidad, Papá Noel, se olvidaba de ellos,  deciden reunirse en Asamblea  General todos los que ya  habían cumplido más de veinticinco años, y por unanimidad dictaminan, “Hemos olvidado la costumbre de escribir una carta a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, en represalia, contra el gordote  Noel volverá a entrar  en vigor la tradición monárquica. 

El efecto ocasionado fue más pernicioso que saludable, como se suele decir popularmente: peor la cura que la enfermedad, fueron ¡tantas! y tantas las cartas enviadas a los RRMM, que en los Almacenes Reales de Oriente no había suficiente cantidad de reservas, los Magos que no son rencorosos, ni rivalizan con Papá Noel,  piden ayuda al Anciano que desbordado por los regalos de los niños, solo le quedaban... unos cuantos kilos de pañuelos de papel y unos polvorones  caducados. No duda en reunirse el Consejo Real, optan por no atender las peticiones de las personas mayores, o los niños quedarían sin juguetes y regalitos.  

¡Bien, bien dicen los padres!

–Que otra vez vuelven a citarse en unos de los lugares más ocultos de la Tierra - eran las navidades más frías que se recuerdan en la historia del mundo. ¡Ufff! con la temperatura que hace... terminemos pronto o nos quedamos helados ¡Les presionaremos hasta que cedan!

- Gritan alborotados -, ¡no podrán con nosotros

!Hijos queridos, los Magos éste año no recibirán vuestras cartas, no queremos sus regalos. Nosotros os los compraremos. Los pequeños recibieron efectivamente los obsequios que sus papás y familias adquirieron, ¡Pero lo hermoso! ¡La sorpresa de la magia!... había desaparecido. Los pueblos habían perdido “el alma de niño” y por supuesto los Reyes Magos fueron al paro, engrosando la lista larguísima de desempleo.

Baltasar, rey astuto y sabio, ordena a sus pajes hacer de intermediarios y dialogar con los adultos. Puedo decirles que consultados viejos legajos, fueron largas y agotadoras jornadas, parecía no haber acuerdos, voluntad de negociar por ninguna de las partes.Al final cuando Melchor y Gaspar ya habían claudicado y las negociaciones se hacían realidad ¡Zas! Otra vez la voz soplona de Papá Noel pone impedimentos:

-¡No!, ¡no! de ninguna manera, no os habéis dado cuenta de poner en el contrato una capsula sobre reparto, ¡una sola noche para todos! ¡Estáis locuelillos! yo no estoy dispuesto a cederos mis trineos, ¡ufff!¡tanta carga  romperá sus cadenas de oro y diamantes  y todo porque los adultos nunca se ven saciados de poseer y ¡poseer!, ¡sentencia rotundo el Noel!, Sentado, sudoroso y algo nervioso intenta recuperar la calma. Estaba el anciano  algo más colorado que otras veces, mesando las blancas barbas algo que suele tranquilizar su espíritu.

- Bien hijos, nietos y amigos, no os preocupéis porque  no recibáis de los Magos obsequios, nosotros os seguiremos otro año más poniendo regalos el día 6 de enero- afirma el portavoz de los  mayores-  

Los  Reyes Magos muy tristes, se encerraron en su palacio de nubes,  se dedicaron a estudiar los cielos, y encontrar una idea que calmara los ánimos de las gentes, ¡ufff! -dicen - Esto por un lado no está mal ya no tendremos que encargarnos durante el año de buscar el balcón por donde entrar, la ubicación de la casas, hacer planos y  más planos, reconozcamos-alguno siempre sale mal -, ¡Somos magos pero a veces nos equivocamos como los humanos!

¿Y los pajes? ¡Los pajes! quedarán desocupados ¿Y los camellos? con la comida y bebida que les dejan los niños  llega para alimentarlos todo el año, éste fiasco nos obliga a tener que comprarla nosotros, y la verdad no estamos sobrados de presupuesto. ¿Y qué decir de los pajes recaderos encargados de colocar junto al Belén los obsequios? ¡Más gente al paro!, y los niños sin vigilantes durante el año. ¡Un desconcierto total!  Pensaban y requetepensaban y nada se les ocurría.

Los Reyes cuando eran  niños y adolescentes, habían sido  discípulos de Platón, un filósofo muy sabio,  que les enseñó muchas materias, y entre ellas, el estudio de los movimientos  planetarios. De manera que se pusieron a mirar el firmamento y a contemplar Mercurio, Venus, Júpiter, Saturno y la Luna. No había otros planetas y a veces  de las nubes vienen muy buenas ideas. ¡Que decir lo que aporta observar un planeta!

Una noche súper clara, contemplan una estrella fugaz, ¡algo inverosímil! porque según el Maestro, las estrellas estaban fijadas en una esfera y no tenían movimiento. Tan sólo astros juguetones y de poca formalidad se movían por un cielo tranquilo que inmutable solo le decía ¡locuelas! No molestéis jugando y perturbando nuestra  lánguida calma.

Pero ésta vez no era una locuela estrella ¡era un astro!, ¡Presagia, que algo muy importante va o había sucedido! Exclaman al punto los tres magosConvencidos de que la aparición del astro era señal de buenos augurios, dispusieron la marcha siguiendo su estela. Dormían durante el día, para descansar y poder estudiar su luminosidad en la oscuridad de la noche.

Repasaban  viejos libros  de astronomía y gracias a las predicciones proféticas  que contenían llegaron a una conclusión. Se presentan en Jerusalén y pregunta al rey Herodes:

-¿Dónde está el Niño Dios que ha nacido? Hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo

-Lo que ocurrió después es de sobra conocido por todos, los Reyes tras llegar a Belén, un pueblo muy pequeño de Judea, postrarse en tierra ante el Niños Dios, ofrecerle presentes, oro, incienso y mirra, regresaron a su país. Los Reyes partieron convencidos de que con motivo de la llegada del Niño Jesús a la Tierra, los adultos recapacitarían.

Pero no fue así, Herodes mandó matar a todos los  niños menores de tres años temerosos de que el Niño Jesús ocupara su trono. Pasaron unos años sin que Sus Majestades recibieran cartas de la Tierra pidiendo regalos. Pero un día llega una muy especial. El Niño Jesús les conmina a que vuelvan a repartir fantasía e ilusión a los  pequeños, Él había nacido para festejar nuestra salvación, y debíamos acogerlo  en nuestros corazones. Y así sucedió.

Los hombres y mujeres comprendieron que era un regalo mucho más valioso  el hermanamiento, la paz, la solidaridad, la alegría, el compartir mesa y mantel, los villancicos, los belenes, el amor, los deseos, proyectos, y la certeza de que si no es el momento ahora... ¡ya llegará!, todo puede ocurrir si tenemos fe en la noche más mágica de todas, porque cada año nace el Niño Jesús  en nuestros corazones. 

Las cartas volvieron a invadir el palacio real y las tierras septentrionales. Papá Noel tuvo que volver a engordar para soportar el frío de la intemperie y Melchor, Gaspar y Baltasar interrumpieron sus estudios de astrología- que habían vuelto a retomar - para dedicarse a organizar las Cabalgatas y la adquisición de juguetes con la ayuda de sus pajes.

La intolerancia había sido superada. Ojala todos los niños del mundo, esa noche tengan un juguete y una ilusión. Es la noche más larga para los pequeños,  no os podéis  olvidar de dejar agua para los conductores de camellos, ya sabemos que está muy duro el tráfico y la multa puede llegar por alguna copita  sobrada de alcohol, pasteles para los pajes, naranjas escarchadas, todo junto a vuestros zapatos…

¡Es el momento en que la magia y alegría inunda la Tierra!, vivamos la mecha del amor en nuestros corazones, tal quiere el Niño Dios. Y es que la Navidad consiste en eso: en un regalo en forma de juguetes e ilusión para los niños; y de solidaridad y esperanza para los adultos. 

Soñar no tiene edad.

¡Felices Reyes y  Propicio y Venturoso Año 2018!

 
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