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Autor: LINDA D'AMBROSIO
08/05/2017
¿POR QUÉ LA CAMISETA?

E

n momentos en que el corazón y la mirada no pueden estar en otro sitio que no sea Venezuela, agobiados por la incertidumbre y por la escalada de violencia que va signando los enfrentamientos en las calles, asumimos el compromiso de presentar Venezolanos de Ultramar, una recopilación de  las columnas que han venido publicándose en este diario a propósito del trabajo que realizan en el extranjero numerosos compatriotas que han llegado a ocupar destacadas posiciones en sus respectivos campos.

Más allá del consabido “el que se fue no hace falta”, (los que nos fuimos  “no nos comimos las verdes”) procuramos establecer la dimensión exacta de la dificultad que ofrece el hecho mismo de ser un emigrante: afrontar otros desafíos, trasponer otros límites y, preciso es subrayarlo, ofrecer a nuestro país otros aportes, diferentes a los que hacen aquéllos que están adentro.

Animados por esta idea, decidimos llevar a cabo la presentación del libro en Cesta República, un lugar que se ha convertido en punto de convergencia para los venezolanos radicados en Madrid.

Quise, en esa ocasión, vestir una camiseta sobria, con un mensaje claro y contundente: Igualdad Animal. Y quise elegir esa prenda de vestir para cuando menos concitar la atención acerca de estas palabras, en la esperanza de que alguno se animara a ir un paso más allá e investigara lo que significan.

Igualdad Animal es una organización surgida en España en el año 2006,  que progresivamente ha ido cobrando repercusión mundial. El nombre en sí mismo ya lleva un supuesto implícito: el de que todos los animales somos iguales, lo cual conlleva la superación de una mirada antropocéntrica a favor de una percepción más ecológica del mundo que rechaza el especismo.

Tras un nombre que más bien constituye una declaración de principios, se extiende una admirable (y dolorosa) labor que ha tenido impacto en numerosos países, basada en la investigación orientada a documentar las condiciones en que “viven” (así, entrecomillado) los animales que sufren explotación por parte del hombre, fundamentalmente en la industria alimentaria.

Quizá uno de los proyectos que mayor impacto haya tenido en este sentido es iAnimal, una campaña en la  que la utilización de lentes 3D permite al usuario percibir lo que vería si fuera un animal de granja o estuviera en un matadero. Esta experiencia contrarresta lo que ha sido la base de nuestro comportamiento con respecto a los animales: la ignorancia. Cuando nos enfrentamos a una hamburguesa o una salchicha, nos enfrentamos a un “algo” cuya naturaleza desconocemos.

Se desvanece el vínculo que hay entre lo que comemos y la res, cerdo o ave de donde proviene. Es por ello que existen quienes propugnan la existencia de lo que J.M. Coetzee, Premio Nobel de Literatura, introduce a través de uno de sus personajes, Elizabeth Costello: un matadero de cristal que desvele el horror y la injusticia de lo que ocurre en su interior. Y es esa necesidad de revelar la que suple un adminículo como el empleado en iAnimal.

Paulatinamente, los integrantes de la organización se han ido granjeando el respeto de la comunidad internacional, no sólo por su valor y compromiso, que los expone a todo tipo de agresiones y amenazas, sino por la seriedad de su trabajo, sólidamente documentado a diversos niveles.

No se trata del segundo fugaz en que le arrebatamos la vida a otra criatura, sino del sufrimiento que se le inflige innecesaria y despiadadamente a muchos seres durante su espeluznante tránsito por la existencia. Y yo, modestamente, me pregunto si es realmente es necesario.

 
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