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Autor: Pepa Císcar Vila
17/01/2017
APRENDER PARA CRECER

V

engo de una niñez pletórica de crueldades, de una adolescencia llena de ingratitudes, desapegos, incomprensiones, situaciones todas que me marcaron para siempre o, al menos, así lo creía yo. Pese a todo, me cupo el honor de graduarme como profesional y ejercer como tal. No ha sido fácil mi existencia, como puede haberle ocurrido a millones de seres de este mundo.

Claro que, en mi vida, gracias a un amigo se produjo un milagro en mi existencia, sonará exagerado lo que digo pero es una verdad incuestionable. Un día de la vida pude conocer la obra de Facundo Cabral y, a partir de aquel momento cambió el curso de mi vida. Ahora, a mis cuarenta años he aprendido a quererme, por ende, a querer a los demás. Bello el estigma que me dejó Cabral que, a diario, su obra es la norma para mi existencia.

Gracias a Cabral he comprendido, como él dijera, que no hay nada más importante que la vida, la que tantas veces desperdiciamos con banalidades estúpidas que, como a mí me sucediera, me llevaban por derroteros equivocados, por caminos polvorientos rodeados de las más grandes miserias. Ahora, por mor de la filosofía del argentino más grande que he conocido, mi vida tiene sentido, valoro mi existencia y, a su vez, la de todos los que me rodean.

Como digo, mi tarea no es otra que aprender para creer en calidad de ser humano. En realidad, si nos fijamos, todo está escrito, lo de Cabral y lo de tantos filósofos que en la vida han sido; sus lecciones están ahí para todo el que quiera aprenderlas como a mí me sucediera. ¿Resultado? El que aquí promulgo para uso y disfrute de mí ser y, sin duda, como palabras de ánimo para los demás, especialmente para todos aquellos que vivan en una encrucijada como la que yo vivía. Salí de aquel pozo lleno de amarguras y soledades para encontrarme con un mundo nuevo; un mundo que tenía a mi alcance y que no era capaz de ver y, lo que es peor, de disfrutar; nada ha cambiado, pero yo si hice el cambio que la vida me demandaba.

Ahora, mientras viva, le agradeceré a Cabral que, sin él saberlo, -además de que cuando descubrí su obra ya estaba muerto- mi vida sea otra; en definitiva, la que debería ser, la que comprendí tras tomar sus lecciones, de la que ya no me apearé jamás. No hagas nada por compromiso, hazlo todo por amor. Así me lo recordaba Cabral, así lo hice y, como explico, encontré el norte que siempre busqué para mi existencia.

Disfrutando y riendo han llegado a mi vida personas maravillosas que se ocupan de mí, caso de Domingo Navarro por citar un ejemplo cercano y válido; mientras este amigo se ocupa de mí, yo me ocupo de Dios que, en definitiva, es el que todo lo puede, el que nos gobierna desde su estrado celestial. No es mala la tarea que tengo puesto que, repito, siguiendo la doctrina de Cabral, además de tener la cercanía junto a Dios, han cambiado tantas cosas en mi vida que soy otra persona.

Ya puedo decir lo que es el amor porque me siento amada; ya puedo caminar sin ataduras porque voy ligera de equipaje; ya empecé a vivir en aquel mundo que solo sentía morir. Pobre de mí que lo tenía todo y no me daba cuenta. Además de ser hija de Dios, ahora soy la reina de mi existencia; nada me ata y todo me une, especialmente la amistad y el amor que me profesan mis amigos, seres maravillosos en los que junto a ellos he construido un monumento al amor.

Me siento amada, en definitiva, hasta sospecho que es el gran premio que la vida me ha dado por ser capaz de ver la misma bajo el prisma del amor. Y, repito, todo se lo debo a Facundo Cabral el que un día llegara a mi vida para que yo tomara sus lecciones que, como se ha demostrado, tanto bien le han hecho a mi vida.

Recuerdo cuando deambulaba sin rumbo porque en su día me robaron mi tesoro más preciado, mi propia autoestima. Aquellos años amargos ya son vagos recuerdos que, ni siquiera tengo en cuenta. Como diría Cabral, vivo el presente que es la única estación en la que pasaré el resto de mi vida.

Si yo he cambiado, mediante la lección que he tomado, todo el mundo lo puede hacer porque al final todo son bendiciones. He encontrado amigos maravillosos como antes decía, pero lo más importante de todo es que me encontré a mí misma, aquella muchacha que andaba perdida y que ahora se ha encontrado con ese misterio que es la vida, todo un motivo de satisfacción para mi alma, algo que le doy gracias a Dios y, ante todo, a Cabral que fue el artífice que me llevó de su mano por el sendero adecuado.

 

 
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  Autor: ANONIMO 22/03/2017
  Amb una mica de retràs ...
Moltes felicitats!! Happy Day