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Autor: Jacobo Herrera
26/12/2016
ESCUDERO

E

scudero era un hombre de su ciudad, amante de sus costumbres y de participar en ellas, desde enero con San Antón a diciembre con la Navidad y la misa del gallo en la catedral, menudillo y simpático, preocupado, pensativo, más dicharachero que retraído, impulsor de grandes ideas y colaborador de algunas otras, paciente, trabajador y nervioso.

La última vez que lo vi no sé si estaba parado o se paró a esperarme viéndome de lejos en su dirección, pero nadie nos quitó veinte minutos largos de conversación sobre poesía y poetas, sobre estilos y generaciones, y del encuentro salieron títulos para formar los cimientos de una librería de barrio especializada en clásicos, a la que se va por el olor de la madera de los estantes viejos y el embaldosado opaco parecido al de la casa de tus abuelos.

Ni amigos que nos saludaron, ni las prisas de los coches, ni la música de los bares ni el ruido aglutinado de las conversaciones de sus mesas acabaron con aquel encontronazo; acabó luego, cuando uno sabe que hasta aquí es todo lo que había que contar y nada más, porque bien saben algunas gentes cuando hay que seguir y cuando hay que parar.

Por todo ello fue tal la alegría de saberse bien que Escudero tuvo la osadía de contarme que la Navidad, que andaba próxima en el calendario, la dedicaría a escribir rectos renglones, ¿sobre qué?, no me lo dijo, y es verdad que no quise preguntarle, mas sé que algo grande guardaba en su tono de voz, firme y atrevido, y, aun más, en la tinta de su bolígrafo, en su pensamiento y en su imaginación.

A mí los regalos que me causan sensación de cariño y respeto son estos: los regalos del tiempo, los que van a perdurar cuando ven la luz, los que se fraguan en silencio, como son la amistad, la dedicación, la ilusión o el trabajo de compartir con gusto las inquietudes que uno lleva dentro.

Por eso, ahora que estamos en esos días en los que ha nacido Jesucristo Niño, y en los que mi amigo andará dedicado a lo que me comentó, por si me lee, quiero desearle tanto éxito como inspiración, que con ella bien sabemos que fluyen las cosas de otro modo, más puro y cristalino, y embriagador también.

 
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