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Autor: Jesús Alberto Gil
24/11/2016
HUELO EL AIRE

C

omo todo en la vida, se prepara, se espera, se disfruta y se recuerda.

Así es. La presentación de mi tercer libro llegó y queda ya para el recuerdo, una vez pasada y preparada con tanta ilusión como la primera.

A las presentaciones de Huellas de Luz aquel 3 de julio de 2012 y de Mis pequeñas odiseas ese otro 12 de diciembre de 2014, se suma ahora la del 17 de noviembre de este 2016.


Portada del último libro de Alberto Gil

Cada una de ellas en lugares distintos, Madrid, Zaragoza y Barcelona; cada una de ellas igual de emocionantes y cargadas de sentimientos.

En concreto, la que ahora nos ocupa  tuvo lugar en el Casal Can travi, del barcelonés barrio de Vall d’Hebron y en ella participaron Mercedes Pajarón, Presidenta de la Asociación Cultural Cau Artistic, como editores del libro; Marilén Barceló, doctora en Psicología; y el grupo musical Shazam, que amenizaron el acto con un conjunto de canciones melódicas de los años 60 y 70.

Se hizo mención a los detalles del libro y cómo se han cuidado al máximo con la cubierta que presenta un relieve de una de las cartas de la baraja francesa, el tipo de letra y su contraste con el papel, la corrección ortográfica, etc.

Se analizaron los relatos para concluir que el libro es un tanto provocador al querer hacer un canto a la Vida a partir de la presencia constante de la Muerte, de tal manera que nos invita a jugar esa partida que, aun sabiendo tenemos perdida de antemano, la peleemos y disfrutemos a cada momento.Por mi parte, quise reconocer mi admiración por la literatura del siglo XIX y por esa apuesta clara y apasionada en que hemos de jugar la citada partida, además de resaltar la especial relación que, desde siempre, me ha unido y continúa uniendo, a la capital catalana, una ciudad con tantas connotaciones literarias, además.


Alberto Gil con Rosa Sánchez y otra compañera

Al día siguiente, como complemento a la cita del jueves, participé en un estupendo coloquio en la sede de la ONCE. En él se puso de manifiesto la importancia de la lectura, especialmente a través del braille, de aquello que mueve a escribir y del papel tan necesario que deben jugar las editoriales modestas que apuestan por la calidad con realismo y entusiasmo, como es el caso de Cau Artistic.

Se me pidió que resumiera en tres conceptos lo que me gustaría que se llevaran los asistentes. No lo dudé: disfrutar de la Vida con ilusión y plenitud, hacer de la lectura una fiel compañera de nuestro viaje vital y poner el fuego de la pasión en todo cuanto hacemos.

Destacaré, además, la magnífica dramatización que Mercedes llevó a cabo de uno de los textos al responder a la petición de una de las personas ciegas que asistió al coloquio de la ONCE. Leído por ella, el relato cobró una dimensión increíblemente vibrante.

Más allá de los 30 ejemplares vendidos y de las personas que me acompañaron, me quedo una vez más con lo que para mí son las puestas de largo de mis libros: momentos para disfrutar en compañía de esa pasión mía por la literatura y ser motivo de celebración festiva de esta lucha quimérica que me mueve a aportar luz, generosidad y sonrisas.

Pero es que a todo ello, sumo otros inolvidables momentos que han envuelto ese regalo con mucha emoción y gratitud: el que mi cuñada me acompañase, el que tanta gente se volcara para que todo saliera bien y a tiempo (incluso atravesando la ciudad en hora punta salvando el tráfico), el reencontrarme con mi querida Marta, a la que la enfermedad no amilana a pesar de todo y con la que recuperamos momentos felices de complicidad, la magnífica acogida de mis compañeras y compañeros del Servicio bibliográfico.


Huellas de luz, la primera obra de Alberto Gil, el ciego Gil que nos habla de la luz

Pero, claro, a las emociones y sentimientos, ha de alimentárseles con unas buenas dosis de ricos platos gastronómicos en entornos tan estupendos como el asador Casa Aranda modernista o el moderno Abrásame en el Centro Comercial Las Arenas.

Pasear de nuevo junto al mar del Maresme y escuchar su majestuoso sonido, igual que recorrer calles como el Paseo de Gracia o el de San Juan y la Avenida Valencia y descubrir establecimientos únicos como la floristería Navarro o la Casa Amatller.

Sin que dejáramos, faltaría más, de visitar la Sagrada Familia por mucho que no me dejaran subir a la torre, no fuera a ser que el cieguito recuperara la vista desde las alturas y tuviera algún problemilla. Claro que… también pude haberla recuperado con la fastuosa tarta de zanahoria que hizo de postre en Pirineu en Boca. Pero nada de nada.

Recuerdos imborrables que me ayudan a vivir a pesar de que, como dije, cada vez que me despido de Barcelona muero un poco más.

Escucho el mar en la mañana de domingo con sonidos de paz y fuerza misteriosa.
Acaricio la piedra de construcciones del gran Gaudí soñando que se transforma en la piel de aquélla que debiera ser mi amada y musa, pero que es la Palabra.

Miro al horizonte de los ojos de las personas con que me cruzo mientras paseo y hablo, queriéndome perder por el laberinto de sus fantasías.

Huelo el aire y la brisa y la flor. Ellas me hablan de sueños y luz.

Sensaciones y recuerdos que quedan para siempre en una sinfonía de irrealidad fantasmagórica: una Dama, quién sabe si joven o vieja, guapa o fea; una carta que alguien me tiende.

Qué sé yo lo que debo hacer. ¿Acaso volver a intentarlo? ¿Volver a atreverme? ¡Un nuevo libro! ¡Qué osadía! ¡Qué temeridad!

 
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