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Autor: Jacobo Herrera
23/11/2016
EL CONCIERTO DE SANTA CECILIA

E

sta noche, en el Gran Salón del Palacio Divino de los Santos del Cielo que hay en el Paraíso, en la Avenida de la Humanidad, en el barrio de las Artes, Santa Cecilia ha celebrado su santísimo día, el día de la Música, con un extraordinario concierto que ella misma ha dirigido.


La imagen de Santa Cecilia, patrona de los músicos

Con mucho empeño desde que le vino la idea, el elenco de solistas internacionales al que ha conseguido reunir no tiene pérdida alguna: entre los violines estaba San Antonio María Claret, del que dicen que ya desde chico manejaba magistralmente el arco, y Santa Catalina de Bolonia, que ha estado de dulce; entre los violonchelos he visto a San Juan de la Cruz, tan místico y solemne, pero algo ridículo con un instrumento más alto que él; en los vientos metales ha habido tal algarabía que solo podía contar con la atrevida alegría de San Felipe Neri y don Bosco; había una tuba, porque el conjunto era bien variado, y quién no la iba a tocar sino don Manuel González, con esos pulmones tan grandotes; entre la percusión estaban Sor Ángela y Madre Purísima, que con tal de echar una mano y que no se les viera mucho pidieron estar lo más atrás posible; a la madre Teresa de Calcuta la han visto con un particular clarinete que ella misma se había construido en la India, mientras que a San Francisco de Asís lo han visto, muy al estilo del flautista de Amelín atrayendo animales, con una flauta travesera, con la que más que tocar, parecía pregonar; por su parte, Marcelino Champagnat ha participado con otra flauta, pero, claro, escolar; la última a la que hemos conseguido distinguir ha sido a Santa Teresa, muy impetuosa y decidida, tocando las castañuelas y la pandereta, que le sonaban como las carruajes por los que recorrió España entera.

El entusiasmo ha sido auténticamente delirante, y aunque el concierto empezara con una seria composición de san Gregorio Magno, más suelto el repertorio y los músicos con la sucesión de piezas, han conseguido que la Virgen y San José, que andaban en el Palco de Honor, se animaran con un baile elegantísimo y emotivo.

Ya finalizado el concierto y satisfecha Santa Cecilia con su trabajo, se ha acercado al órgano y ha deleitado a todos los presentes, que eran muchos y, cómo no, muy buenos, con varias piezas de distintas épocas, y dicen que ahora andan celebrando todos un gran banquete en el que no falta la cítara del Rey David.

 
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