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Autor: Pepa Císcar Vila
18/10/2016
UNA VIDA CON AMOR, ESE ES MI SUSTENTO

U

na vida con amor, ese es mi sustento.

Siendo muy niña, a medida que iba creciendo hasta me llegué a convencer de que no existía el amor; vamos, que eso era “algo” que me habían contado pero que nada tenía que ver con la realidad que me rodeaba. Difícil diatriba la mía al pensar de aquel modo. Pero era lo que sentía, lo que en aquellos momentos tenía que lidiar.

La vida me lo puso muy difícil al respecto del amor. Crecía, pasaban los años y mi desilusión vivía dentro de mí ser como una daga que atravesaba mi corazón. Yo veía, en derredor de mi existencia a muchas personas que parecían felices; nunca afirmé nada, pero así me lo parecían. Y mi desdicha no era otra que saberme alejada de dicho sentimiento que, repito, yo sentía que albergaba a muchas personas.

En primer lugar, como mujer, hasta creía que el amor era solo el momento apasionado por aquello de estar con el hombre amado. Error inmenso el mío porque el amor es mucho más; yo diría que es el sentimiento que aglutina toda la bondad que puedan ofrecerse los seres humanos de gran corazón; así, unos junto a los otros, para ir tejiendo el manto de la amistad que, al final, no deja de ser el más maravilloso amor.

Confieso que, al paso de los años, mis dudas existenciales al respecto del amor me las disipó el gran Facundo Cabral, el hombre que llegó a mi vida para que, con su mensaje yo entendiera a la propia vida y, sin duda alguna que por vez primera en mi existencia, mi vida se sustentara con el amor. A partir de aquel momento, como digo en el enunciado de mi ensayo, mi existencia es una vida con amor, mi único sustento.

Algunos, especialmente los enamorados que, en un momento de sus vidas han sufrido lo que llaman el desamor viven equivocados. Sí, porque ellos han pensado, erróneamente que el amor había muerto cuando, como sabemos, el amor no muere, cambia de lugar. Ahí están las pruebas; la mujer que otro dejó, este la encontró y, viceversa. O sea que, no hay muerte en el amor, como diría Cabral, si acaso mudanza porque dicho sentimiento vivirá eternamente en el ser humano.

Claro que, amor tiene muchas acepciones y todas son bellas. El amor de pareja, muchas veces, vive mientras el sexo aguanta; cuando éste se pierde por el mar de la indiferencia, el amor se escapa entre las rendijas de la misma. Por dicha razón, fijar al amor como ente carnal para satisfacción del puro sexo no deja de ser una acción banal que, pasado el tiempo no conduce a nada. Hagan memoria.

Suerte la mía que, pasados los años, pese a todo lo sufrido, la vida me enseñó la cara más bella del amor, el que se sustenta junto a la amistad, un valor del que me siento premiada ante la vida. Todo esto y mucho más lo aprendí con las lecciones de Facundo Cabral, un ser humano irrepetible que nos dejó un mensaje universal, el que disfrutamos todos porque lo escribió para el universo como explicaba.

Facundo sustentaba su vida junto a amor y, como sabemos, apenas estuvo casado un rato. ¿Qué quiere eso decir entonces? Que el astro argentino sabía cómo nadie del amor, del mismísimo amor que siempre sintió junto a las personas que amaba, razón de sus mensajes subliminales al respecto, los que nos llenaron de convicciones y, como en mi caso, a través del amor que pudiera conocer la auténtica felicidad, la que me entregaron mis amigos del alma que, todos, sin distinción, me llevaron hacia el amor.

 
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