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Autor: Valeriano Navarro Varona
30/01/2010
EL GUARDIÁN

S

i de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco.

Así comienza la famosa novela de Jerome David Salinger “El guardián entre el centeno”. Desde su publicación, el periplo del joven Caulfield se convirtió en un 'best seller'. La obra ha sido traducida a los principales idiomas y ha vendido más de 65 millones de copias. Salinger murió en su casa de New Hampshire el 27 de Enero 2010,  tenía 91 años.

Escritor "de talento infinito", como le definió Ernest Hemingway tras conocerle en París durante la segunda guerra mundial, años antes de que publicara su obra magna, Salinger llevaba lejos de la vida pública prácticamente cinco décadas, cuando tras el inesperado éxito de El Guardián entre el centeno, convertido en best seller el mismo año de su publicación, 1951, decidió abandonar Nueva York e instalarse en el campo, en la misma casa en la que falleció.

Ni se droga ni se escapa; es un atrincherado, pero no un evadido, afirmó de él Mario Benedetti. La periodista Joyce Maynard, quien a los 18 años sostuvo una relación con el autor, escribió que Salinger le confesó: Sólo puedo soportar la sociedad allá afuera mientras tenga puestos mis guantes de goma.

Se acercaba así al deseo del mordaz y afilado protagonista de su novela, Holden Caufield, quien en un pasaje del libro afirma: "me gustaría encontrar una cabaña en algún sitio y con el dinero que gane instalarme allí el resto de mi vida, lejos de cualquier conversación estúpida con la gente".

“Escribo para mí y quiero que me dejen completamente tranquilo”, dijo en 1980

Este deseo confesado, que llevó a cabo, contrasta con otro muy diferente es   que a Caulfield lo que le gustaría hacer en la vida es: Estar en un campo de centeno al borde de un precipicio. En el campo hay miles de niños jugando y él evita que ellos caigan en el abismo. Caulfield sería el guardián entre el centeno.

Esta dicotomía me invita a reflexionar sobre el comportamiento humano: En muchas ocasiones lo que realmente nos gusta, nos atrae es lo que mas tememos, o quizás…¿lo que tememos es lo que más nos atrae?.

¿Qué pensará F. Cabral, de la trayectoria de este personaje?

Buscando en la obra del maestro, me detengo en este pasaje:

Por el sastre de mi pueblo aprendí las artimañas, es decir, el disfraz que cada uno elige para parecer lo que cree ser o lo que le gustaría ser, algo que todos terminan creyendo que son, por ejemplo, sé que basta un traje caro y un automóvil grande para ser un señor, un título de abogado y un discurso convincente para ser gobernador, un vestido negro y cara pálida para dar lástima, una peluca blanca para ser juez y una sotana negra para ser cura.

Humildemente pienso que a J. D. Salinger, le ocurrió esto, hasta tal punto le influyó en su vida este primer y gran éxito literario que se “enfundó” en su traje de guardián, terminándoselo creyendo.

Descanse en Paz.

Nota:

Mark David Chapman, conocido por asesinar a John Lennon en 1980, portaba este libro en el momento de su arresto.

John Hinckley Jr, (que intentó asesinar a Ronald Reagan en 1981) también declaró que estaba obsesionado con el libro.

Robert John Bardo, asesino de Rebecca Schaeffer portaba el libro cuando visitó el apartamento de ésta el día de su asesinato.

 
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  Autor: Letty 01/02/2010
  No creo que Salinger sea el único a quien su personaje lo devorara... sospecho que mucho tiene que ver con su mente y su personalidad puesto que sin duda escribió como decía no solo para si mismo sino de si mismo...!!

Y si te fijas los que portaban el libro a la hora de cometer un asesinato eran sin duda desquiciados, eso muestra que en algun punto se identificaban con él.

Y como bien dice Facundo siempre hay un disfraz para parecer lo que queremos ser y por ello estamos como estamos, porque somos muchas veces lo que aparentamos y no mostramos en realidad lo que somos.

La dicotomia que mencionas te plantea una gran duda nada fácil de responder aunque en lo personal creo que nos gusta es lo que mas tememos, sobre todo porque tememos a las pérdidas, si es que se entiende.

Tema para pensar sin duda alguna.

Un abrazo desde el alma.
 
  Autor: norma alicia 30/01/2010
  Descanse en Paz, este magnífico escritor, como bien lo dice usted Maestro Pla, aunque no editó muchos libro, uno solo, El Guardían entre el Centeno, bastó para que su fama traspasara fronteras, y dejara huella entre muchísimos lectores, pero tuvo que seguir el camino que todos seguiremos, y lo debemos hacer en paz, convencidos que como él cumplimos con la vida. norma