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Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 26/09/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 96 07/09/2011
  EL ÉXITO DE MORENITA  

E

ran las cinco en punto de la tarde y, El Mago, junto a Ingrid y Diego González, formaban el triunvirato ilusionado en la puerta de cuadrillas de la plaza de toros Santa María de Bogotá; era la corrida extraordinaria que la empresa había montado en honor a Rodolfo Martín y, a su vez, para que éste le diera la alternativa a su amada Morenita de Bogotá. El ambiente era de lujo; no cabía un alfiler en la plaza; estaba lleno de “no hay boletos”. Sin duda el  bien hacer del Mago había calado muy hondo entre la afición colombiana  y, como ya sucediera en Cali, lo adoraban.

En este momento, al iniciar el paseíllo, la afición estaba estremecida; el cartel tenía muchos alicientes de cara al aficionado; la presencia del Mago, la alternativa de Morenita y la presentación del novel Dieguito González; todo un acontecimiento. Una atronadora ovación estalló en honor del cartel torero. Terminado el paseíllo, prosiguió la ovación que, sin duda, era para El Mago quien, gentilmente, sacó a saludar a los medios a su amadita y, también al joven diestro que les acompañaba.

El Mago estaba nervioso; no por él; pero si estaba intranquilo por todo lo que pudiera sucederle a su amada; el momento era trascendental; el riesgo que Ingrid tenía que asumir era inmenso; El Mago lo sabía, de ahí su incertidumbre al respecto de la mujer a la que amaba quien, ante su presencia delante de él tendría que jugarse la vida. Salió el primer toro al que recibió Ingrid con un ramillete de verónicas con un gran sabor; lances vitoreados por el público que, ávido de emociones anhelaba comprobar qué haría la torera.

Daba la sensación, por parte de Rodolfo, que quería que todo terminase muy pronto. En el instante, El Mago le cedió la muleta y espada a la nueva doctora en tauromaquia. Tras el intercambio de trastos, ambos se fundieron en un abrazo mientras que, El Mago besaba los labios de su amadita. No es menos cierto que, en el intercambio de enseres toreros,  se notó que El Mago le echó un discurso a su amadita. Probablemente, incluyó en el  mismo  palabras de ánimo y, algunas claves, para que no se vaya a dejar ridiculizar por el toro. Antes que esto, para un torero auténtico,  es preferible dejar la vida.

Morenita cogió los tratos de matar y se dirigió hacia el centro del ruedo donde brindó el toro al público. El toro tenía buen son en su embestida; Morenita se percató de la bondad de su enemigo y, lo citó  con la diestra. Su enemigo embistió con una claridad meridiana; y ahí se dio cuenta que más que un enemigo, ella  tenía enfrente  de sí, a  un “amigo” que le  estaba  brindando el triunfo para recompensarla de tanto sufrimiento como había tenido que pasar, en la vida, por mantener viva la idea de ser torero. Con la muleta planchada, la torera le enjaretó al toro tres series de derechazos que encandilaron al personal; sonaba la música, se escuchaban vítores por parte del aficionado y, el ánimo de Morenita crecía por momentos;  tal es así, que dibujó un trincherazo sublime que enloqueció al personal; El Mago, entre barreras, gozaba , plenamente de este gran momento. Su cara de felicidad, delataba el orgullo que sentía en su pecho, ante esta impecable faena de Ingrid, que estaba presenciando en este momento.

La torera se echó la muleta en la mano izquierda para dibujar unos naturales de ensueño; muleta tersa, planchadita, arrastrando la arena, mientras el toro quedaba embebido en los vuelos de la pañosa. La faena tomaba dimensiones inusitadas; nadie podía creerlo; hasta a  ella misma le costaba comprender su propio logro. Estaba claro que, el destino  se había puesto a su favor, recompensándole lo que su eterna lucha en esa profesión le había supuesto; y, aunque fuera ésta la  primera y última tarde de su existencia, su gozo era infinito. La faena “ya estaba hecha” como se dice en el argot taurino; pero Ingrid quería más y, mientras el toro seguía embistiendo, ella dibujaba adornos arabescos en un cambio de mano sublime; trincherazos al más puro estilo “panista” y todo el bello repertorio que un gran torero pudiera esgrimir.

Emocionada como estaba, citó al toro desde muy cerca; y, le pedía a Dios que la ayudara en la suerte suprema ya que,  intuía que el gran triunfo estaba muy cerca; era cuestión de acertar con la espada. El Mago la miraba y apenas respiraba; en el momento en que Ingrid montó la espada, en aquel instante se produjo un silencio sepulcral; todo el mundo hacía fuerza para que el toro saliera rodado de la estocada. Se perfiló Ingrid y, tres segundos más tarde, el toro caía muerto a sus pies; a causa de una estocada demoledora que dejó al toro sin puntilla.

La ovación era rotunda; los vítores se escuchaban al “otro lado” de Bogotá; El Mago salió el callejón para abrazarla; ambos lloraban de emoción; el público pedía los máximos trofeos para ella y el presidente del festejo, cayó rendido ante el arte de Morenita de Bogotá y le concedió  las dos orejas de su enemigo, que ella paseó con emoción y júbilo en una inolvidable vuelta al ruedo.

 
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  Autor: noelia spada 08/09/2011
 
¡Qué bien se te da esto de los toros, Luis!

Ere un buen entendido, conoces sus secretos,
por lo tanto es un gusto seguirte en esta
exposición taurina que haces sobre la alter-
nativa que el Mago da su querida Morenita
de Bogotá. Todos los lances de la corrida
bajo tu pluma, Luis, adquieren un color y un
moviento extraordinario.

Felicidades!
Cariños,
Noelia.