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Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 25/04/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 8 04/11/2009
  LA PASIÓN  

L

a imagen de ambos en la habitación era realmente sensual.  Luís  tenía puesto un atractivo slip de colores que resaltaba su anatomía y le ponía un bello marco a ese abdomen plano y tallado, y Luz, un sujetador y un tanguita negro que le daban un aire esplendoroso a su delicado, esbelto y suave cuerpo que era innegablemente hermoso. No cabía más sensualidad en aquel ambiente; la noche se presentaba realmente amorosa.

Mientras habían estado en la fiesta, Luís, había hecho una llamada telefónica para que dejaran en la habitación, un bello ramo de flores ex profeso para la muchachita. Recordemos que, en Cali las flores huelen tan bien como las propias mujeres. Un perfume angelical y embriagador desprendía el lindo ramo, el cual, Luís fue a buscar en la otra parte de la habitación para entregárselo ahora, a su amadita. Eran orquídeas blancas y claveles rojos, sin duda alguna, el sinónimo de aquel apasionado amor.

Luz, recibió de pié, el ramo y lagrimitas de felicidad hicieron brillar sus ojos. Acarició incrédula las bellas flores, quienes a su vez le devolvieron la caricia envolviéndola y envolviéndolos a ambos con su entrañable aroma.

No podían dejar de mirarse a los ojos, y de apreciar cada expresión que el rostro de cada uno regalaba al otro.

Luz mientras dejaba el ramo a un costado, sobre una mesita, acarició  tiernamente la mejilla de Luis, y acercándose a él le dio un tierno beso de agradecimiento en los labios.

Ese detalle de las flores la había cautivado. Ningún hombre antes había tenido una atención  así con ella.

Volvieron a sentarse ambos en el sofá y, un TE AMO al unísono susurró en la habitación.

Luís estaba extasiado con el cuerpo de la muchacha; se sentía  seguro por su condición de hombre. Además como diestro famoso y viajero incansable, en su vida había conocido a muchas mujeres pero, en su fuero interno, por momentos, estaba empezando a comprender que Luz no era un capricho de una noche de éxito  más.

Ambos estaban embelesados  uno junto al otro y, Luís  comenzó a acariciar  los muslos de la muchacha quien, de pronto, hizo que el torero se acostara en el sofá para acariciarlo mejor.

Estaban en penumbra puesto que Luís, había apagado antes unas luces y bajado la intensidad de otras, por lo tanto una suave luz iluminaba la habitación, pero igual la guapa caleña veía y acariciaba aún sorprendida el rosario de cicatrices que “adornaban” el cuerpo de su amado y tomaba consciencia que este hombre se jugaba la vida frente a los toros en cada tarde. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once………hasta doce cicatrices contó Luz en el cuerpo del torero  que la había seducido. Mientras sus manos acariciaban aquella anatomía lacerada por los pitones de los toros que, de alguna manera, la dejaban anonadada y preocupada a la vez, porque a no dudar, esas  cicatrices, certificaban toda la sangre derramada por el diestro en todas las cogidas que había sufrido por aquellas plazas en el mundo.

Si Luz estaba descubriendo un mundo nuevo con aquel hombre y, el diestro, por vez primera en su vida, sentía que estaba junto a una mujer por el precio del más bello cariño y, como ahora, bajo los efluvios del más apasionado amor.

Ambos se sentían mutuamente cautivados y, el momento, resultaba maravilloso.

Juntos los dos, al unísono, se acariciaban con esa ternura de los más bellos enamorados.

Lo que estaba sintiendo  Luís nada tenía que ver con  lo que sintió con  las otras mujeres que habían pasado por  su cama; sentía que, aquel encuentro, aquella relación lo motivaba dentro de su ser. No era solo un encuentro carnal puro y duro Existía algo más. En el ambiente, se percibía eso.

Luz temblaba de la emoción porque, por vez primera en su vida estaba con un hombre. ¿Sería este encuentro el presagio de un bendito amor?  Esta y mil preguntas más se hacía la muchacha. Ya que en honor a la verdad, Luz jamás había sospechado que tras conocer a un chico, de repente, se viera a solas con él en la habitación de un hotel y medio desnudos como estaban. Sentía miedo y, a su vez, un inquietante placer; en su alma y, a no dudar, en su cuerpo.

Ella  se dejó llevar por las emociones que estaba sintiendo y, sin darse cuenta, se posó encima del cuerpo del diestro. Ambos olían su propio perfume y, fundidos en un abrazo eterno se dieron el más apasionado de los besos. En aquel instante, sus cuerpos rezumaban amor por los cuatro costados.

La sensación que sentían era inexplicable; no acertaban a creer cuanto estaban viviendo, ni el uno ni el otro articulaban palabra; se dejaban llevar por los instintos de sus cuerpos. Luz y Luís se acariciaban por completo; sus manos, movidas por los impulsos de sus corazones recorrían sus cuerpos; él y ella, apasionadamente, se deseaban. Sentían que la eclosión de aquel amor estaba muy cerca. Del sofá pasaron a la cama. Allí se sentían muy cómodos.

Luz temblaba; era lógico. Se trataba de una experiencia tan nueva que, la tenía agradablemente rendida, entregada. Era la primera vez que compartía la cama con un hombre y, para su fortuna, no era un encuentro casual; no era un capricho de una noche como ocurre millones de veces entre un hombre y una mujer cuando  el alcohol los lleva hasta el sexo torpe, guarro y sin sentido. Luz, de no haber intuido y vislumbrado que iba a ser así, de otro modo, jamás hubiese accedido. Pero allí, en aquella penumbra se palpaba el amor en su más viva expresión; un hombre y una mujer se entregaban sus inmaculados cuerpos para el deleite de sus almas.

Ellos estaban lúcidos y sabían perfectamente lo que hacían y, ante todo, lo que deseaban.

Todo se había dado bajo los efluvios de un romanticismo tocado a la antigua que, en los tiempos que vivimos, sonaba como de otra galaxia. Ahora, como sabemos, el sexo es algo brutal; prima más, entre los jóvenes el instinto animal que el bello romanticismo que pueda llevar a un hombre y a una mujer a entregarse sus puros cuerpos.

Aquella burda expresión de “usar y tirar”, tan en boga respecto a la mujer no cabía dentro del cuerpo ni el alma  de Luís Arango. El diestro estaba en la cama con aquella muchachita por un halo de ternura puesto que, desde que la vio, quedó cautivado.

¡Te deseo, Luís; hazme tuya por favor te lo pido! -Susurró la muchachita-

Ambos estaban completamente desnudos en la cama y, sus bocas sellaban una y otra vez un pacto de amor. Entrelazados  uno junto al otro, Luís penetró a la muchacha con suavidad, con esa ternura que produce el amor; él sabía de su virginidad y quería que se sintiese mujer.

Luz sintió un pequeño dolor al ser penetrada; dolor que se convirtió en el más absoluto placer cuando su amadito la saciaba en su sed de amor. Luz gemía de placer; Luís jadeaba por la pasión que recorría su cuerpo. Ambos estaban flotando; el placer del cuerpo, unido  al que arrebataba sus almas, les estaba dejando sin fuerzas. Estaban viviendo una historia apasionada; un momento irrepetible; una soledad llena de vida; una noche extraordinaria, memorable, que difícilmente volvería a darse porque era  un encuentro fantástico. Una unión de sus cuerpos que se sostenía por aquel apasionado amor.

El sexo que estaban teniendo los sació por completo; Luz estaba en los cielos; era su primera experiencia y, la misma, la estaba cautivando. Jamás antes había sentido un placer como el que Luís le estaba proporcionando. Se abrazaban, se revolvían; distintas posturas tomaron antes de lograr el orgasmo. Dos cuerpos que, en realidad era una solo. Juntos tenían la sensación de haber vivido una eternidad el uno junto al otro; la complicidad sexual que estaban teniendo, ni ellos mismos la sabrían explicar. Armonía, pasión, lujuria, encanto, embeleso y cuantos adjetivos más quisiéramos añadirle, nunca se podría definir la sensación que  aquellos jóvenes estaban teniendo en la cama. Gemidos de placer se escuchaban en toda la habitación. Un hombre y una mujer se habían entregado sus cuerpos para el deleite de ambos; nada se debían y todo se lo daban. Tras el deleite del sexo que con toda intensidad abordaron para saciarse de forma plena, Luz, como si de una experta se tratare, cabalgó a Luís para que, de tal modo, al unísono, ambos tuvieran un orgasmo irrepetible.

-¡No puedo más, querida Luz; no puedo aguantar más! -Gritaba Luís-

-¡No pares, amor, no pares……..!. ¡Quiero que tengamos el orgasmo junto!  -Sentenciaba la chiquita con voz entre cortada-

En aquel preciso instante, mientras un escalofrío recorría sus cuerpos, ambos quedaron casi sin sentido. Dentro de ellos se estaba produciendo un orgasmo espectacular; lo más bello que a la muchacha le había sucedido en su existencia; y  para el torero, con toda seguridad, su noche más romántica.

Repitieron su amor un par de veces más, hasta el amanecer y ambos quedaron exhaustos de placer pero de una forma angelical,  porque juntos, saborearon el dulce manjar del sexo teñido por el  bendito  amor;  aunque ellos, en realidad, no sabrían definir si el sentimiento que les unió era el prototipo del amor; pero sí sabían que, algo inexplicable les había llevado a practicar el sexo con una pasión desmedida. Si pretendían saciarse, ambos quedaron ahítos de placer; sus caras, en aquel momento, lo decían todo. Se sentían cansados, sudorosos, felices; como saboreando el gran premio que la vida les había otorgado. Luís supo hacer feliz a una mujer y, ésta por su lado, siendo la primera vez, sentía que su cuerpo tenía un sentido; podía dar placer y, como sucedió, se lo dio al hombre que amaba.

Muchas ideas rondaban por la mente de la muchacha; se levantó de la cama y, al mirarse en el espejo y ver su propio cuerpo desnudo que feliz la había hecho junto a su amadito, empezó a danzar para Luís que, todavía estaba en la cama; él la miraba con ojos de estupor; había encontrado a una mujer que, desde todos los ángulos, le había proporcionado una felicidad inexplicable; así lo sentía su cuerpo y, lo que es mejor, su alma.

Estaba amaneciendo y, Luz, como se sabe, tenía que despedirse del torero. Su turno para empezar el trabajo tendría lugar dos horas más tarde. No le quedaba tiempo para volver a casa y, había decidido quedarse en el hotel puesto que, en breve plazo de tiempo tenía que empezar la jornada. De repente, aunque Luís sabía de las circunstancias profesionales de la muchacha le dijo:

-Luz, no te vayas, por favor. ¡Quédate conmigo, te lo suplico!

 
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  Autor: noelia 08/11/2009
  Este encuentro entre Luz y Luis
Arango lo describes con mucha de-
licadeza a la vez que pasión,como
tu sólo sabes hacerlo, querido
Luis.
Pero será este encuentro tan súbito
el verdadero amor? Sabrá el Torero
comprometerse con Luz? Será débil
Luz quedándose con é
l jugándose el
trabajo en el Hotel?
Tu, Luis, sabes por donde irá
la historia, pero yo estoy muy in-
trigada. Algunas cosas no van con-
migo tal vez es porque veo a Luz
como si fuera mi hija y temo por
ella.
Un beso,
Noelia
 
  Autor: José Luis 05/11/2009
  Esta faena no ha sido de pellizcos, ha sido de torero largo pero con arte. Hemos pasado, desde el delicado aroma de las flores –que hemos olido-, hasta la grima que produce ver las cicatrices –que hemos sentido- para desembocar en una escena de amor relatada de la forma más tierna que se puede imaginar. Eres un gurú de la literatura. Enhorabuena Luis.  
  Autor: Nilda Machado. 05/11/2009
  Luís:

Logras regalarnos con esa hermosa entrega de Luís y Luz... instantes maravillosos...

Dibujas este encuentro con una magia increíble...

Es un encuentro amoroso... sutil... bello... lleno de detalles...

La riqueza del amor es extraordinaria... la vida es plenitud... entregarse por amor y con amor es el sentimiento humano más sublime...
Se purifica el momento... Nada más bello.

Después de todas mis dudas... esta primera experiencia resultó muy bonita para Luz...

Veremos, que sucede en el próximo Capítulo...

Mis bendiciones.

Nilda Machado.
 
  Autor: norma alicia 04/11/2009
  Maestro!!!! que maravilla ummmm que gozo el de Luz, y el de nosotras, de verdad lo de usted es el "Amor" , la pasión, la describe de una manera...que parece que estamos ahí, ahhh que belleza que no sea solo un juego para Luis, como para muchos otros, que ponen barreras ante el amor, ahhh, se me fué en un suspiro, bella bella... y corta, esoeraremos hasta el siguiente capitulo.. gracias MAESTRO....  
  Autor: Rafael Aparisi 04/11/2009
  Nuestro escritor-narrador-poeta del alma; ha sabido plasmar desde la sensibilidad, los colores, los olores y hasta las vibraciones que exhalaban unos cuerpos enamorados.

Los preámbulos poético-sensuales; son como el camino que se debe seguir la plenitud de un acto hecho con y desde el amor.

Lo de hoy en día-para desgracia de muchos-; no es mas que comenzar por el postre, lo que debería de ser una liturgia maravillosa, hasta llegar a el.

Un abrazo en vuestra alma.
 
  Autor: Cristina 04/11/2009
  ¡ Luis !

¿ Qué puedo decirte ? … he quedado sin habla …

¡ Qué capítulo TAN INTENSO, SENSUAL Y ROMÁNTICO ! … ¡ Qué hermoso … ya que se ha declarado un verdadero amor entre los dos ! …

¡ Es SUBLIME ! … ¿ no ?.

Y ese detalle … tan romántico … de las flores … Nada más ni nada menos que orquídeas blancas ( dicen que es la flor nacional de Colombia … y que su perfume es .. ¡ exquisito ! ) y claveles rojos …. que sin lugar a dudas, indican respectivamente, ternura y pasión … ¡ Qué lindo ! … ¿ verdad ? …

Espero que este par de tortolitos … sigan así por siempre.

¡ Felicitaciones Luis ! … tienes el don de saber relatar con inmenso y profundo sentimiento el verdadero amor.

¡ Hasta el próximo miércoles !

Cris