Plumas invitadas
Las fábulas de Pla Ventura
Entre lo Divino y lo Pagano
Frases célebres
Noticias
videos de Facundo Cabral
 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
 
< Volver a "Las Fábulas de Pla Ventura"
 
 

Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 02/05/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 84 15/06/2011
  PLANES VENIDEROS  

A

hora, estaba Ingrid junto al Mago y, en cierta medida, ella era su consuelo ante el reciente desamor, sufrido por él. Nunca iba a comprender Rodolfo,  el proceder de Judith. Menos, sin haber mediado - al menos - algún tipo de conflicto entre ambos. Todo estaba bien entre ellos, entonces ¿por qué se mudó así el amor, tan de improvisto?.

Muchos amoríos y ningún amor, esa sería la definición que muchas veces El Mago, daba al hablar respecto de su existencia. Es algo que  le suele suceder a muchas personas  y, en este caso, le tocó al Mago padecerlos, quien caminando siempre en la vida con el corazón por  el lado  de afuera,  tuvo que soportar muchos, de este tipo de  fracasos. Que en realidad no son fracasos, sino experiencias. Lecciones que su vida y, las personas que se asoman a ella, le dejan al veterano torero para enriquecer su mejor ser y su persona.

Habían pasado  ya  varios días e Ingrid había decidido compartir todo este tiempo junto a Rodolfo, ayudándolo  a olvidar el dolor, que le había dejado, esa desafortunada relación de amor que mantuvo con la cantante. Ingrid, a instancias del Mago dejó  su apartamento y se marchó a vivir al hotel junto  a él, porque éste la había invitado.

Ahora, ambos eran compañeros de ilusiones y contarse sus vivencias personales, era el refugio que ellos habían encontrado para aceptar mejor  sus males.

Ingrid admiraba al Mago por su historia de torero; sus frustraciones, sus éxitos, sus logros tan hermosos y, ante todo, además de su calidad de   artista, lo que a ella la subyugaba era,  que detrás de tan carismático artista, existía una persona admirable.

-Sigue contándome cosas de tu vida, Rodolfo – Le dijo la torera –

-Fui demasiado rebelde, Ingrid; yo diría que fui  quizás  un  tonto  iconoclasta que no supo medir las consecuencias de lo que ello pudiera representarme. Profesionalmente, nunca me adapté al sistema,   digamos que pasé por los peores trances,  no tanto como tú porque no tuve que acostarme con nadie para ser torero, pero igualmente pasé  momentos muy amargos; mi madre sabe mejor que nadie  cuáles fueron  todos  esos momentos, porque lamentablemente fueron muchos los disgustos  que ella tuvo que digerir, a causa de mi afición y mi vocación de ser torero. Dormí muchas veces en las cárceles del país por tirarme de espontáneo.

-Te comprendo, Rodolfo. Ahora, dime: tú sabías que echándote de espontáneo no arreglarías nada, ¿verdad?. Entonces, ¿por qué lo hacías?.

-Estaba loco, Ingrid. Yo sabía que ese no era el camino pero, podía más mi corazón que mi razón; así ha discurrido mi vida y, posiblemente, el culpable de todos mis fracasos haya sido yo. Yo era consciente de que lo mío no era tan solo un sueño; que valía para ser torero y, tenía que buscar la forma para hacerme notar, nadie me escuchaba, nadie creía en mí; hasta tuve el valor una vez,  de estar treinta días en huelga de hambre junto a La México y, tras aquella locura, el empresario me dio una oportunidad junto a otros cinco insistentes locos con ínfulas de toreros; corrida de seis novillos para seis aspirantes. Era una forma de quitarnos a todos de en medio,  de una sola tacada. Aquella  vez   le corté las dos orejas a mi toro, salí por la puerta grande y allí empezó todo. Mis compañeros, terminaron sus carreras esa misma tarde.

- ¿Y por qué has querido ayudarme a mí, una torera fracasada a la que todo el mundo ha vilipendiado?.

-Porque al ser torero, Ingrid, he sabido comprenderte como nadie; he podido analizar todo lo que  decidiste sufrir y, no quiero que sufras más. Me pareces un ser humano maravilloso. Yo siento un respeto muy grande por todos aquellos que lo intentaron, aunque no hayan podido hacer  realidad su sueño y, como entenderás, tú no eres una excepción. Además Ingrid, mi admiración y respeto se acrecienta al saber que eres mujer, porque se acerca de todo lo que  debe pasar una mujer dentro del mundo taurino, si quiere ser protagonista de la fiesta. Ahora quiero mitigar tu pena; y, he decidido que  correremos los dos la misma suerte.

Por cierto, Ingrid, te parecerá una locura lo que te voy a decir. ¿Qué te parece si para la corrida que tengo que torear en Bogotá le propongo a la empresa que en dicho día me permita darte la alternativa?.  ¿Serías capaz  de asumirla?.  Sería la culminación de tu carrera  y, tu sueño hecho realidad; es decir, la ilusión por la que te mantuviste viva, concretada.

En aquel momento pasaron por la mente de Ingrid,  millones de imágenes  de su vida. La emoción que llegó a sentir era tan grande que rompió a llorar; se abrazó al Mago y no podía contener su llanto. Ingrid creía  que se trataba de un milagro. Un milagro que le costaba creerlo. A su vez, tampoco estaba segura de que físicamente pudiera llevar a cabo dicha hazaña. Sin duda alguna, Rodolfo, sin pretenderlo había devuelto a la vida a Ingrid. Aunque quizás todo al final, podía llegar a quedar todo en un sueño, pero las palabras de Rodolfo  la sacudieron  y le proporcionaron una felicidad que nunca antes había sentido.

Tal vez, Rodolfo, por querer darle esta felicidad a Ingrid, quién sabe si estaba cometiendo el peor error de su vida. Porque proponerle a Ingrid que tomara la alternativa, en principio sonaba hasta romántico pero, ¿sería capaz Ingrid de culminar el sueño por el que luchó durante toda su existencia?.

La propuesta era muy atrevida; bellísima y, cargada de un riesgo tremendo. Ingrid hacía años que había dejado de torear y, ahora, intentarlo de nuevo y, frente a un toro, aquello tenía tintes de locura. Claro que, El Mago siempre decía: ¿qué es la vida sin un arrebato de sana locura?.

 
  Nombre
  Email
 
  Comentario
 
INSERTE EL CÓDIGO para activar su opinión
CAPTCHA Image
código:     ((Pincha si no puedes leer el código))

 
consulta y respeta las normas de uso
 
  Autor: rvewZOuCPV 11/10/2015
  I ended up buying faibrc at two stores: European Fabrics at Queen and Spadina and Designer Fabric Outlet at Queen and Dufferin. Toile is not cheap and I ran up a big bill. Hopefully I'll be able to sell some of these quirky pieces to cover my expenses. I've never seen anything remotely like them before so who knows whether anyone will be inclined to purchase them. Whatever happens, I love them all and am not anxious to part with them.  
  Autor: qCva5vjl 09/10/2015
  Hi Ingrid! I enjoyed genttig caught up on your Coco Chanel posts! And I am completely intrigued with the idea of photographing your mother's dresses -- being a needle artist, I must be selfish and put in a plug for close ups of the details of your mothers dresses...the fabrics, the finishing, the labels, the closures, the hems, the pretty places where your eye wants to linger...the worn places because of how she wore the garment...can you still ask her, why she bought it, where she bought it, what did she wear it for, etc....It's just the beginning of an amazing story...then you could recreate them in paper where you could interpret all of that emotion and connection you feel to your mother and her garments. I wish I still had my Mom and I wish I had some of her dresses...  
  Autor: WiDIHmXc 07/10/2015
  A garment cesaes to be viewed for the design alone when it has emotional significance. I would imagine this dress to be circa 1970. What was your mother thinking about when she wore it? On what wonderful occasions did she wear it? What were your youthful impressions of a radiant mother, gowned in this silver, and likely coiffed with an elaborate upswept hairstyle? Comparing what she wore to functions, and what you wear under similar circumstances will reveal much about changes in society and how we present ourselves. My mother used to get Vogue designer patterns, the best European fabrics she could afford, and have them made up by a talented seamstress. They came out looking like 60s Paris couture! Forty years later, I can remember several of those outfits in great detail, and the accessories that made them distinctly original and chic. Don't we all retain such indelible images of our mother, dressed for special events?The photography can be problematic. I always try light at different times of the day for amazingly varied effects. Also, a black enamel mannequin can sometimes show off a dress in a very different way. I've had similar experiences in which I was also disappointed with the photographic results not easy is it? At least now with digital one can shoot and delete the less favourable images.In my experience, many simple garments lack interest when not on the human form. I am thinking of some of the dresses of Jacqueline Kennedy or Diana, Princess of Wales, that look almost banal when not seen on their charismatic, vital owners. As well, we're so used to seeing clothing on abnormally slender models, and clothing on store mannequins that is inevitably pinned at the back. The eye becomes accustomed to this svelte silhouette, and when the various optical tricks are not employed, I've found that my own results look dumpy!May the projects involving your mother's dresses bring back wonderful memories, beautiful images, and transcendent inspiration!SwF