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Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 27/06/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 58 15/12/2010
  LA ESPERA  

R

odolfo, aunque feliz, ya sentía el “gusanillo” de la espera, esa que embarga a los toreros cuando saben que se tienen que jugar la vida. Algo tan lógico como humano.

La espera de los toreros, es  inevitablemente, parecida a la espera de las citas que tienen que ver con el amor.

Basta simplemente con rememorar.  ¿Cómo se encuentra uno cuando sabe que tiene una cita con la mujer amada? Nervioso, expectante, contento. Y en los toros sucede lo mismo; distintas situaciones, pero con la misma  expectación ante lo desconocido. El Mago hacía cábalas en torno a sus próximas actuaciones. Y además estaba feliz por aquello de contárselo a Judith. No podía ser de otra manera.

La única diferencia entre la espera por encontrarse con la mujer amada y la espera para  jugarse la vida, es que,  en la primera se puede  perder el corazón; porque pueden rompérselo en mil pedazos; mientras que en la segunda variante se puede perder la vida.

De todos modos,  sea el caso que fuere, igualmente de emocionante es  la espera.

Para su fortuna, El Mago, tiene en su haber las dos; el encontrarse de nuevo con Judith y el, ir contando fechas hasta la llegada de su actuación en Cali, justamente, en el bellísimo coso de Cañaveralejo, el ruedo que encumbró al inolvidable Luís Arango. Cali, es la segunda ciudad en orden de presentación – ya que la primera es en la Santa María de Bogotá, y es allí donde comienza su gira.

Habían pasado tan solo unos pocos días desde la firma del contrato y, el empresario, avezado en menesteres de la publicidad, tenía ya todo  Cali lleno de afiches publicitarios con la corrida extraordinaria en la que, como Ramiro Carmona Carrasco anunciaba,  se presentaba en Cali el sobreviviente del accidente de avión que, para colmo, es un artista consumado, de la torería, en su México natal.

Rodolfo se paseaba por las calles y, cuando veía en las vallas publicitarias los carteles que anuncian lo que sería su actuación caleña, hasta se emocionaba; como si fuera la primera vez;  y tan errado no estaba, porque en realidad, en Colombia era la primera vez  que se presentaba, por tanto, tenía razones  válidas, para emocionarse. Si de promoción de un espectáculo se trataba, Ramiro Carmona Carrasco  era un maestro consumado de la efectiva publicidad; puso los carteles por toda la ciudad, cuñas publicitarias en Radio Caracol, la emisora más importante del país y, como logro más importante, ya le había concertado un par de entrevistas al Mago en las cadenas más prestigiosos de televisión. Todo un lujo de organización que dejaban a Rodolfo Martín más contento que un niño con juguete nuevo.

Se respiraba expectación por todas las esquinas; aquello tenía visos de acontecimiento grande. Ciertamente, los aficionados a los toros colombianos son gente apasionada, entregadas por completo al maravilloso espectáculo que tanto aman y, en Cali, cada año, su feria, es un referente magnífico para los que gustan de este ancestral arte.

Ni por casualidad podía sospechar El Mago que su persona podría alcanzar dicho revuelo. Ciertamente, la labor publicitaria hizo su efecto y, si bien,  faltaban pocos días para el acontecimiento, Rodolfo era saludado allí,  por donde anduviere. Ni que decir tiene que, para montar los afiches publicitarios, El Mago tuvo mucho que ver. Eligió para la ocasión, la mítica foto que hace un par de años se hizo junto a la gran plaza de toros de México, vestido de maletilla – en la cuál, él era el hombre que pedía una oportunidad – con camisa blanca, pañuelo al cuello y gorra blanca. Foto emblemática a la que tanto partido pudo sacarle en su México y que esperaba resultase de igual forma aquí.

El propio empresario, Ramiro Carmona Carrasco, se encargó  personalmente, de todo el entramado publicitario. Ya tenía concertada la fecha para que entrevistaran a Rodolfo en la televisión que, como gran arma publicitaría que era; sería la consecuencia directa para que los aficionados supieran de la vida y milagros del diestro mexicano y, a su vez, contagiarlos a todos para que, el día citado, abarrotaran la plaza caleña.

Ya dentro de los estudios televisivos, El Mago sorprendió a todos. La presentadora del programa de variedades, la señora Noemí Castro se quedó prendada con el personaje. Quizás la muchacha esperaba que el torero pudiera presentarse de otro modo; ¿o quizás ella esperaba que se presentara allí vestido de torero. Si a Rodolfo le sobraba algo, sin duda alguna,  era personalidad puesto que ésta era arrebatadora. Siempre con su traje, pañuelo de flores al cuello, pañuelo blanco en el bolsillo derecho se su chaqueta, sombrero tejano y  el  puro la boca. Claro que, el primer contratiempo se lo dio este  puro famoso.

-¡Perdone, Ud. señor! – le dijo un hombre en la entrada de  los estudios -. Aquí no se pude fumar.

-¿Cómo dice?  ¡Entonces me marcho ya mismo y, no me quedo aquí ni un minuto más! El puro, amigo, forma parte de mi personalidad. Eso me dijeron en España y no dudé en marcharme a mi país en menos de un minuto. Hasta aquí hemos llegado entonces. ¡Me voy! Toda la televisión para ustedes; a mi no me hace ninguna maldita falta.

Y se marchaba por donde había llegado. Porque, como siempre dijo él, “de mi hambre me río yo, pero nadie más” Se sintió insolentemente tratado y, esto era una pena porque, hasta esta circunstancia, todo le estaba saliendo a pedir de boca; es decir, hermoso al máximo.

Cuando ya se disponía a salir de los estudios, Noemí lo alcanzó y lo  sujetó por el brazo.

-Rodolfo, por lo que más quiera. ¡No se vaya usted, por Dios! Hoy, es usted el centro de atención en nuestro programa; es más, lo hemos anunciado en repetidas ocasiones. ¿Ha visto usted la publicidad que le hemos dado a su figura? – le comentaba la entrevistadora al diestro-. Nuestro esmero al respecto de su figura  artística, así como el respeto con el que lo  hemos presentado ante nuestros televidentes, ha sido una constante. ¿Lo notó usted, verdad? – le preguntó al diestro -

-Pero sí, no se preocupe, haremos una excepción con usted, respecto del puro. Nos ganó usted la partida. Ahora lo acompañará una señorita hasta la sala de maquillaje.

-¡Pero no, señora mía! Si no me maquillo cuando salgo a la plaza, ¿cómo quiere usted que lo haga aquí?  Es más,  según lo veo yo,  se maquillan las señoras, los maricones y los muertos. ¿Comprende usted  lo que digo?  Yo soy  bien hombre y auténtico como para prestarme a tales sutilezas. Lo mío es más válido que todas las tonterías que se llevan a cabo en televisión.

¿Le gustó mi sinceridad?  Soy el que soy, porque sí, porque me da la gana. ¡Admítame usted como soy, señorita!,  se lo pido por favor. 

 
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  Autor: noelia 15/12/2010
 
Querido Luis,

Esto se pone caliente, caliente...

¡Vaya personalidad la del Mago!!!
con el cigarro puro y el maquillaje,
¡Que bueno!!!

A mi también me pasa un poco, hay cosas por
las que no paso. Se es o no se es,¿verdad?

La corrida será de "tronio" a no dudar.

¿Me guardas un asiento de barrera a la sombra???

Te quiero,
Noelia.