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Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 24/10/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 38 03/06/2010
  LO INESPERADO  

S

e sitúa Arango en el centro del ruedo para citar al toro desde lejos que, en  franca  carrera, acude presto al cite del diestro. Cuando el toro está a su altura, el diestro le saca la muleta por la espalda, justamente, cambiándole la trayectoria al bovino. Era un  pase cambiado por la espalda, muy al estilo mexicano que, de repente, conmovió al personal. El  Mago aplaudía a su amigo desde la barrera. Por momentos, la faena estaba tomando cuerpo y, los “¡olé! ”  del gentío, se escuchaban con inusitada fuerza. La expectación que había creado Rodolfo Martín con su inesperada actuación, seguía latente en el ánimo de los aficionados que, a gritos coreaban la labor de Luís Arango que, como se suele decir, “llegó y besó el santo “ en La México.

Por el lado derecho la faena había tenido caracteres importantes y, como no podía ser de otro modo, Arango probó por el pitón  izquierdo. Con la mano de la verdad, el toro, hasta humillaba mucho más y, con un ritmo increíble tomaba el engaño para que el diestro se recreara en varias tandas de naturales que, de una vez por todas, enardecieron a la plaza. Definitivamente, el diestro caleño había conquistado La México. Su entrega era  de  tal magnitud que, en uno de los naturales, pisando terrenos prohibidos, el toro prendió al diestro y le metió el pitón en la ingle lanzándolo por el aire. Arango, otra vez se encontraba conmocionado; no hubo herida y, esa era su suerte. Todo quedó en una espeluznante voltereta. Y una vez más, los aficionados palparon la emoción que el diestro había sido capaz de crear mediante su actuación y, consternados, antes de entrar a matar pedían los trofeos para premiar su entrega y su arte. El diestro se perfiló en corto para matar y, una gran estocada acababa con la vida de su enemigo que, en realidad, había sido su fiel colaborador. Los máximos trofeos cayeron en sus manos y, la apoteosis estaba servida.


El paso de las horas le depararía a Luís la sorpesa más desagradable de su vida.

El ruedo se torno en un hervidero de aficionados que, exaltados por todo cuando había logrado Luís Arango, querían sacarlo en hombros, no sin antes que, el propio diestro, en un gesto que le honró, invitó en la vuelta al ruedo, a Rodolfo Martín “El Mago” quien  había tenido una genial “actuación” que no estuvo  prevista en el guión. La gente seguía aplaudiendo sin cesar; vitoreaban al diestro caleño y, las mejores ovaciones las recibía con agrado El Mago que, gracias a su pericia, osadía y más tarde, con el respaldo de Arango, se encontró con una de sus mejores tardes en La México sin haber estado anunciado en los carteles. La vuelta al anillo se había inacabable; ambos diestros sentían el cariño de los aficionados, recogían prendas, sombreros, flores y todos cuantos objetos les lanzaban desde los tendidos en señal de admiración.

En realidad, todo cuanto estaba sucediendo en el coso de Insurgentes tenía tintes del más bello sueño, de forma concreta para El Mago que, jamás pensó que se iba a dar de esa manera  el desarrollo que  le dio cita  a  la tan celebrada tarde en la que, él sabía,  que  opositaba más  la cárcel antes que  el triunfo que estaba palpando

Como si del cuento más bello se tratare, Luís Arango y El Mago, ambos, salieron en hombros por la puerta grande del coso capitalino. La imagen era la más insólita que jamás habíamos visto. Normalmente, un torero sale en hombros vestido de luces  y, ver al  Mago con su atuendo de calle, vestido a la antigua usanza como los maletillas en la búsqueda de su oportunidad, resultaba una imagen increíble. El destino había confabulado con el  diestro,  malherido  en su alma, para que, en los últimos compases de su carrera saboreara el placer de un éxito que jamás tuvo previsto para su vida profesional.

La Avenida de Insurgentes era un hervidero de gente; cientos, miles de aficionados deambulaban por dicha calle en su salida de la plaza para vitorear a ambos diestros que, ineludiblemente, fueron llevados en hombros hasta el hotel donde se hospedaba Arango. La calesa con la que había sido llevado Luís a la plaza sirvió para que, en esta oportunidad, su novia, apoderado y cuadrilla llegaran hasta el hotel a bordo de dicho carruaje.

Tras tan celebrado éxito, Arango quería  hacer una gran fiesta. Así se lo dijo a Rodolfo Martín que, como se presagiaba, era  su   invitado de honor; no podía ser de otro modo. Ambos habían compartido el más bello triunfo y, el éxito les correspondía a los dos. Una multitud de gente esperaba al diestro en la puerta del hotel; aquello era un hervidero de aficionados; todos querían hacerse la foto con el diestro triunfador y, en este caso, junto al Mago que, ídolo admirado en México, sus correligionarios sentían la dicha inmensa de estar a su lado para abrazarle, vitorearle y dedicarle los mejores parabienes. Periodistas, cámaras de  televisión, fotógrafos y toda la elite de la prensa capitalina se daban citan en el hotel para inmortalizar el momento de gloria de esos triunfadores para que, al día siguiente, ambos diestros fueran la noticia de primera plana en todos los medios de comunicación. Hacía muchos años que no se palpaba tan bella expectación. Luís Arango había triunfado a lo grande y, El Mago, a su lado, de forma “ilegal”, pero con la torería prendida en su alma, había rociado el ruedo de Insurgentes del arte que hacía mucho tiempo le estaban impidiendo que mostrara.

Más de dos horas habían transcurrido desde que, ambos diestros, comenzaron a atender a todos los medios de comunicación. Tras toda la eclosión de júbilo vertida por parte de los aficionados, por fin, llegaba la tan anhelada paz. Mientras todo esto ocurría, Luz estaba en la habitación  esperando  la llegada de su amado para  darle la fatal noticia. El apoderado, sabedor del tema por cuanto Luz ya le había contado, mientras estaba Arango compartiendo con los medios de comunicación, había reservado los boletos de avión para marcharse inmediatamente a Colombia. El regreso pronto era ineludible; el hermano de Arango yacía  muerto y, su madre y toda su familia esperaban que Luís llegara pronto a Cali  sano y salvo, para así mitigar la angustia y compartir y atenuar este tremendo dolor que todos sentían).

Luís Arango invitó  al  Mago para que se quedara toda la noche con él; había que festejar el triunfo de “ambos” y los dos querían cenar juntos y además con los miembros de la cuadrilla, amigos, Luz y Rodolfo. Esta era la idea de Arango. Sabedor del problema que tenia El Mago con la bebida, Luís pidió que les sirvieran dos zumos de naranja en la habitación. El diestro de Cali se estaba desvistiendo mientras que, El Mago, contento y dichoso, platicaba con Luz. Su alegría era desbordante; su gratitud hacia el colombiano no tenía parangón. Se sentía como el rey del universo puesto que, de no haber actuado Arango como lo hizo, ahora, en vez de estar en el hotel, haber salido en hombros y comprobar los vítores de los aficionados, como en otras ocasiones, estaría detenido en una cárcel del Estado.

Ya, tras toda la euforia, Luís Arango, duchado y vestido de calle, estaba exultante de gozo; era el momento de disfrutar como nadie junto a su amadita y los suyos, de tan grande éxito. La noche parecía no tener fin; él  no sospechaba que, a las cinco de la madrugada, sin más dilación, tendría que tomar el avión que, rápidamente, lo llevaría de regreso a Cali.

Arango se abrazó junto a su novia, selló un beso en sus labios y le mostró toda la alegría que tenía dentro de su ser. No era para menos. De repente, miró Luís a su novia y, sin saber las razones, notó en su mirada, un halo de tristeza. No lo podía comprender. ¿Quién puede estar triste aquí y ahora? pensaba el diestro. Se habían cumplido todos los objetivos con el mayor de los éxitos y, por momentos, el ambiente se tornaba tenso. ¿Qué era lo que pasaba? Se hizo un silencio sepulcral entre todos los presentes y solo El Mago mostraba su euforia. Luís, que solo quería bajar hasta los salones del comedor del hotel para comenzar la fiesta, se detiene en su cometido y,  mira interrogativamente a su amada. En ese preciso instante, Luz  le dice:

-Amor, siéntate que tenemos que hablar.

 

 
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  Autor: noelia 03/06/2010
 
Luis querido,

¡Que tarde de toros más emocionan-
te nos has descrito!
Esto de probar con el pitón izqui-
erdo... o hacer naturales en te-
rrenos peligrosos...se perfiló en
corto para matar...
Todo esto es de un consumado críti-
de toros, como lo eres tú.
Ver una corrida de toros a tu lado
debe ser algo galáctico.
Ha sido muy emocionante toda la
Fiesta, se ha podido ver y palpar
todo lo ocurrido, los aplausos, los
vitores, las ovaciones, el clamor
de la afición. Ha sido una tarde
vibrante, tú la has hecho vibrar
con tu talante torero.

Por una vez, vamos a saber lo que
ocurrirá en el capítulo próximo.
Hoy no nos dejas con el corazón
en vilo. ¿por qué no habrán más
sorpresas, verdad?.
Aunque con tu potentosa imaginación
todo puede suceder.

Bravo Luis! me has hecho pasar una
tarde de toros magnífica.

Hasta el próximo capítulo!!!

Besos y abrazos para todos,
Noelia.