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Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 18/07/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 37 26/05/2010
  UN ESPONTÁNEO  

E

ntre dolorido por la cogida y exultante de felicidad, se daba paso a la lidia del segundo toro de la tarde en que, Arango, tenía que devolver los trastos de matar a su padrino de alternativa, ceremonia que se llevó a cabo entre ovaciones puesto que, el éxito del colombiano había calado en el corazón de los aficionados. Mariano Ramírez recogía los trebejos toricidas mientras que felicitaba al diestro confirmante. Un fraternal abrazo selló el acto de la devolución de trastos.

Tanto Mariano Ramírez como Juan Salvatierra, estaban obligados a cosechar el gran triunfo puesto que, Arango, como todo torero que se precie, en la arena demostró no tener “amigos”. Ellos eran mexicanos y, como se diría en el argot de los toros, no podían dejarse ganar la pelea por un “gachupín” de Colombia. El toro que tenía que lidiar Ramírez, como por un presagio del destino, se llamaba “Casualidad” y era de la ganadería de Reyes Huertas. Se dobló el mexicano con su enemigo en dos pases por bajo de castigo o tanteo y, tras un soberbio pase de pecho, el diestro se distancia de su enemigo para que éste tome aire. Varias series de muletazos del manito no calaban entre los aficionados; algo no iba bien; digamos que, la faena de Mariano era correcta pero, en esta ocasión, no logró conectar con los tendidos. Su labor parecía estar impregnada de una frialdad mayúscula que, a nadie convenció. Y cuando ya todos creíamos que la obra esta concluida, de repente, como si de un fantasma se tratare, vimos como saltaba un espontáneo al ruedo que, portador de una muleta, en tres segundos se plantó frente al toro y le endilgó una serie de muletazos bellísimos; los subalternos querían apartarle del toro pero, en la distancia en que se encontraba, aquello era  imposible. No cabía otra opción que dejar aquel hombre frente al toro; Ramírez tenía la sangre congelada; su labor no había conectado con los aficionados y, el espontáneo estaba cautivando al público presente. Todo parecía muy surrealista; como sacado de una novela de ciencia ficción sí, pero era la realidad de lo que estaba sucediendo en la plaza de México. Menuda casualidad se estaba dando.

Luís Arango se quedó estupefacto cuando comprobó quién era el espontáneo. La sorpresa del diestro colombiano era la misma que la de los propios aficionados y, ante todo, la de los toreros mexicanos en especial Mariano Ramírez; todos,  estaban atónitos. El espontáneo era nada más y nada menos que, ¡Rodolfo Martín “El Mago”! Cuatro series de muletazos le propinó El Mago a dicho toro y, la plaza rugía en ovaciones; en realidad, pese a que El Mago había infringido la ley una vez más a lo largo de su carrera, lo realmente cierto es que, el gentío lo ovacionaba con fuerza. Muletazos de una belleza plástica inusual; el delirio entre los aficionados estaba dando la medida de la grandeza de cuanto había llevado a cabo El Mago. Vestido de paisano, El Mago, estaba regando el albero de México con su arte, como en tantas ocasiones lo había regado con su sangre.

Nadie sabe cómo pudo saltar hasta la arena el artista que estaba en el tendido; es más, la sorpresa de Arango resultó ser la más bella del mundo puesto que, en el día anterior, Luís había visitado al diestro en la clínica Guadalupana donde se hallaba internado  para rehabilitarse del alcoholismo del que era rehén. Lo que pasó es que El Mago, luego de que se marchara Luis, quedó cavilando sobre su vida profesional y  harto de humillaciones por parte de los empresarios y, a su vez, de los mismos compañeros de profesión y, sabedor de que la corrida a lidiar tenía muchas garantías de éxito en lo que a las embestidas de los toros se refiere, decidió abandonar la clínica y  lanzarse de espontáneo para que, aunque fuese de forma ilegal, mostrarle a los aficionados la gran injusticia que se estaba cometiendo contra su persona. Tras “acabar su labor”, El Mago se marchó entre barreras y le pidió perdón a Mariano Ramírez por su intromisión en la lidia de su toro. Ramírez mató al toro pero, los aficionados, pidieron y reclamaron que, la vuelta al ruedo como “triunfador” de la tarde, la diera El Mago que, lógicamente, accedió a tan  grato honor. Luego de eso, él sabía que  la policía lo esperaba entre barreras para detenerlo y llevarlo a la cárcel, lugar que ya conocía puesto que, por idénticos motivos, tiempo atrás, había sido encarcelado.

Aunque El Mago sabía todo lo que le esperaba más tarde, en la vuelta al ruedo- un hecho sin precedentes y que jamás había ocurrido en La México - se lo notaba feliz; el más contento de los mortales porque, pese a las injusticias empresariales a las que era sometido, una vez más pudo palpar el calor de los aficionados, su entrega, su admiración y todo el amor que le profesaban los amantes de la mejor fiesta del mundo que, en su persona, veían reflejado a uno de sus artistas más bellos. Como no tenía capote, Rodolfo Martín, para dar la vuelta al ruedo pidió prestado un sarape que hacía las funciones de capote y, su gorrilla de espontáneo, la que hacía las veces de montera; todo un espectáculo increíble tuvo lugar en el ruedo más emblemático del mundo. El pueblo “mexicano”, su gente, le estaba rindiendo tributo; todo confabuló para que, tras un incidente nada habitual en esta plaza – ni en ninguna – los aficionados mexicanos  rendían honores  a su hijo más querido; el hijo del pueblo, como  tantas veces, Rodolfo Martín “El Mago”, supo definirse a sí mismo.

Entre barreras, tras el regreso de El Mago  de su apoteósica vuelta al ruedo, lo esperaba, además de la policía para detenerlo, Luís Arango ya dentro del callejón y se abrazó con “El Mago”. La emoción que sintieron ambos era increíble; el uno por sorprendido y el otro por ser capaz de que se sorprendiera todo el mundo. Era el momento de tomar decisiones muy rápidas; Luís sabía que, o actuaba muy rápido o se llevaban al Mago a la “trena”. ¿Qué hacer? Les dijo a los guardianes de la ley que, por favor, esperaran un poco mientras él hablaba con el juez de plaza, quien dentro de una plaza de toros, es la máxima autoridad. Infringiendo toda norma, mientras se lidiaba el tercer toro de la tarde, Arango subió al palco de la autoridad para pedir clemencia para su amigo. El juez podía ser clemente para con el artista mexicano pero, la multa era ineludible; había alterado el orden de un espectáculo y, su delito no podía quedar impune. “Queda en libertad –dijo el juez de plaza- mientras usted pague los diez mil pesos de multa”. Arango no dudó un solo segundo: “Lo que usted decida, señor presidente; para que El Mago quede en libertad y, por supuesto en la plaza hasta que finalice el festejo” -Afirmó Arango-

Cuando todos  pensaban que, acorde a la ley, El Mago sería conducido a la comisaría de policía más próxima y, de ahí a la cárcel, y se dieron cuenta que no era así;  todo el mundo festejó al ver, tras la muerte del tercer toro de la tarde en que Juan Salvatierra no halló la medida para el éxito,  que Rodolfo Martín se quedaba sentado en una barrera a la altura de los diestros actuantes, junto a Luz, la novia de Luís Arango

Transcurrió la lidia de los toros restantes sin que los mexicanos lograran nada relevante en sus actuaciones; dos diestros de gran raigambre y de éxitos continuados, en esta ocasión no hallaron la medida para el triunfo. Salió el sexto toro de la tarde el que correspondía a Luís Arango. La expectación estaba servida. Si la actuación insólita de El Mago había cautivado al personal, el hecho de que Arango fuera el único triunfador del festejo, hacía que la atención del mismo recayese sobre él. Se palpaba ese ambiente que nadie puede explicar pero que, olía a triunfo. Salió el toro y, tras recibirlo con el capote, Arango le enjaretó una serie de tafalleras que encandilaron  a la multitud. El toro tenía una embestida alegre y, el colombiano quería redondear la tarde; una tarde que había discurrido por los senderos de lo increíble, precisamente, con un diestro que no estaba anunciado en los carteles mientras que, de entre los actuantes, sólo él había concitado la ilusión y el entusiasmo de la gente. Acudió Arango a la barrera para brindar su faena a Rodolfo Martín. Al comprobar el hecho, la ovación se escuchó por “toda” la avenida de Insurgentes. Sin pretenderlo, o quizás con toda la intención, el diestro de Cali se metió a la gente en el bolsillo mediante tan humano brindis. Era el último toro de la tarde y, quedaban aún muchas cosas por suceder.


 
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  Autor: Marta 04/06/2010
 
¡¡¡Qué belleza de relato amigo !!!

Eres un verdadero Maestro para

relatar el Arte Taurino...

Ya que no soporto el dolor y la

sangre al natural...ya sé como

disfrutar de todas las faenas y

el fervor popular...

Acudiré más seguido a tus relatos

me has ganado Luisito...

Eres increible narrador de esa

Fiesta Brava tan sangrienta como

emotiva...

No hay duda que ésto es lo tuyo.

Nadie podría superarte.

Te daría "orejas,rabo" y un gran


¡¡¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOlé.....!!!

 
  Autor: noelia 26/05/2010
  Es impresionante la manera que
tienes de narrar lo que sucede en
la Plaza de Toros.
Me parece estar viendo el capote,
la muleta, el torero con su traje
de luces,al toro embistiendo y
el clamor de la afición.
Muy efectiva la entrada del Mago
en la Plaza, muy valiente su gesto
de ir a por todas para demostrar
su valia.
Es emocionante seguir cuanto des-
cribes con tu pluma ligera los he-
chos de esta tarde de Toros.

Bien por Arango, que es amigo de
sus amigos, aparte de ser el gran
torero, triunfador de la tarde.

¿Que más puede suceder?
La tarde parece completa.
Pero tu siempre tienes algo guar-
dado para sorprendernos una y otra
vez. Tu imaginación corre veloz.

Espero el nuevo capítulo con
verdadera espectación.

Felicidades, esta fábula, como tu
la llamas, es toda una revelación
para mi de como es la Fiesta.
Siento deseos de asistir a una
corrida la verdad.

Hasta el próximo miércoles!!!

Besos desde el alma.
Noelia.