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Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 02/05/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 26 10/03/2010
  RÉQUIEM POR UN TORERO  

L

a plaza entera se quedó atónita ante el anuncio de la megafonía. Hasta el toro se paró en el centro del ruedo. Todos estaban pendientes de la noticia. Un silencio sepulcral inundó los tendidos de la Santa María de Bogotá. Se palpaba la angustia en el corazón de todos los actuantes y espectadores.

Y la noticia se dejó escuchar:

-¡Diestros actuantes, señores espectadores, lamentamos comunicarles que, el diestro Raúl García ha muerto en la enfermería de la plaza! El equipo médico interviniente luchó con denuedo por salvar la vida del torero pero, un paro cardíaco, ocasionado por la gran pérdida de sangre  qué sufrió su cuerpo, ha sido el detonante de su muerte. Por orden de la autoridad, queda suspendido el festejo. Les pedimos, por favor,  un minuto de silencio y una oración para acompañar el alma de este admirado diestro mexicano. Gracias.

La Santa María quedó enmudecida. Lo que era un gentío ensordecedor por el éxito de Arango en el primer toro de la tarde, ahora quedó en un silencio sepulcral. Nunca tantas miles de personas guardaron un respeto tan sentido hacia la figura de un diestro que, precedido de enorme fama en su país, acudía a Bogotá para confirmarle la alternativa al diestro nacional y,  de pronto, en dicha tarde, encontraba la muerte  marchándose junto a Dios.

Poco a poco, como si de un rito litúrgico se tratase, la gente fue retirándose del coso bogotano en procesión; todos habían muerto un poquito en tan amarga tarde. Hasta el toro que había  quedado olvidado en el ruedo, como presagiando cuanto había ocurrido, al abrirse  las puertas de chiqueros, solito se marchó hacia los corrales.

A Luís Arango  se lo veía roto por el dolor;  no esperaba  él que la cornada sufrida por el compañero fuese a  causarle la muerte. Allí, en el callejón donde se encontraba, antes que nada corrió a la altura de la barrera donde estaban ubicadas su señora madre y Luz,  a tratar de consolarles aunque mas no sea un poquito a, ambas, porque estaban  las dos muy consternadas. Doña María lloraba sin consuelo mientras que Luz intentaba tranquilizarla; el diestro, entonces, se abrazó a su madrecita diciéndole que, en esta profesión se muere de verdad. La señora no podía entenderlo. Era la primera vez que asistía a una corrida de toros y, desgraciadamente fue para encontrarse  con el drama más horrible y temido por una madre; la muerte de un diestro en la plaza.

-¡Podías haber sido tú, hijo mío! – Decía doña María -

-Sí, lo se. Todos  los toreros  corremos el mismo riesgo mamá. Esta profesión es durísima y, los caídos en “acto de servicio”, de alguna manera, engrandecen nuestra bendita profesión. Es tremendo, mamá, soy consciente de eso;  hay un hombre muerto en la enfermería de la plaza, pero  yo hago lo que amo y si este  es el canon que tenemos que pagar por amar esta profesión,  estoy y estuve dispuesto a pagarlo desde la primera vez en mi vida que puse un pie en la arena de una plaza. ¡Este arte es mi vida, madre! Yo no podría hacer otra cosa mamita, ¿Me comprendes? No me respondas. Se que lo haces. ¡Te quiero madre! – Le dijo el diestro dándole un beso en la frente y buscando a Luz con la mirada, quien lo apañó con un entrecerrar de sus lindos ojos emocionados -

Desde el momento del deceso, los servicios de la propia enfermería se encargaron  de iniciar toda la tramitación para repatriar el cadáver del diestro a  México. Los noticieros de aquel país daban la noticia en rigurosa primicia. ¡Ha muerto Raúl García! Y lógicamente, los aficionados mexicanos estaban desolados. Además, Raúl dejaba esposa, dos hijos y unos padres rotos por el dolor.

Arango se acercó hasta la enfermería he hizo lo único que podía hacer en ese momento  por Raúl García, rezar una oración por su alma. Allí estaban  el otro compañero, Rubén Amor y todos los miembros de las cuadrillas respectivas. El cuadro de dolor era inmenso. Les parecía a todos un mal sueño; pero era la cruda realidad de cuanto estaban viviendo.

A la salida de la plaza,  una multitud  esperaba en los aledaños de la misma; todos querían saber pero, ¿qué más podían saber? La  noticia ya la conocían. ¿Sería acaso el propio morbo  que embarga a una parte del gentío por ver salir el cadáver de la plaza? Ciertamente, Raúl García saldría en hombros de  allí; así  probablemente  lo soñaría  él  antes del paseíllo, lo que no podía sospechar era que saldría muerto y en una camilla.

Cumplidos todos los trámites, Luís Arango, junto a los suyos, regresaron  al hotel. Allí se conocía la noticia desde el primer instante puesto que, como es sabido, si las noticias, como tales, vuelan, en este caso, la misma corrió como un reguero de pólvora; la conocía Colombia y el mundo entero. Todos le preguntaban  al diestro pero él, lógicamente, no hizo declaración alguna. Tenía el alma rota por el dolor y, no era cuestión de ofrecer ruedas de prensa; nadie tenía ánimos para nada. Allí estaban los periodistas que, cumpliendo con su profesión, querían saber más; cualquier detalle les valdría para su información en sus respectivos medios de comunicación, sin embargo, se tuvieron que conformar con el silencio por parte de todos.

Más tarde llegaron al hotel doña María y Luz para reunirse con el diestro. No hubo cena; nadie tenía ganas de nada. Muy lejos quedaba del pensamiento de Arango que, en la tarde, tras su gran éxito en el toro de su confirmación de alternativa, todo acabara del modo que terminó. En aquel momento se barruntaba la mejor fiesta en la noche; y mucho más, teniendo junto a él a sus seres más queridos, y a los miembros de su cuadrilla. Lo que se presentía como la gran fiesta quedó en el luto más  sombrío, hasta el punto que, la habitación del diestro, en aquel instante, se convirtió casi en una capilla en la que, todos juntos, rezaron una oración por el alma del diestro mortalmente herido en la plaza.

Nadie podía dormir. Doña María y Luz ocupaban una habitación junto a la del diestro. Arango, en la soledad de su alma y de su habitación, estaba siendo acompañado por Rodolfo, su apoderado. No cabían las alegrías, pero sí el diálogo. Rodolfo, con voz entre cortada le decía algo a su poderdante al respecto de la mala suerte que había tenido Raúl García. En estos casos, a los toreros se les escapa a todos el valor; se quedan vacíos en su alma y, todo el esfuerzo que son capaces de hacer en la plaza, ahora, en la soledad de la habitación, al pensar  en  todo lo ocurrido, les entra un pánico  tremendo  y, Arango no escapaba de dicha situación.

Conciliar el sueño resultó era una quimera. Rodolfo intentaba consolar al diestro.

-No todo está perdido, Luís. – Le decía- Nada podemos hacer por Raúl; es ley de vida, amigo. Es el trago más amargo que podemos digerir pero, es nuestra obligación; no podemos luchar contra el destino, matador. Tras el éxito en el toro de tu confirmación he recibido muchas llamadas. Verbalmente, he firmado contratos con Manizales, Cartagena, Popayán, Ibagué, Sogamoso y otras plazas de menor entidad pero que todas quieren verte. Por cierto, cuando me llamaron de Sogamoso, ahí me quedé helado; recordé la muerte en dicha plaza del maestro Pepe Cáceres y me quedé petrificado. Como sabes, Pepe Cáceres resultó ser el icono colombiano ante el mundo y, hasta la llegada e irrupción en el mundo del toro del maestro César Rincón, nadie había sido tal laureado como él.

-¿Conociste a Pepe? –Preguntó Luís-

-Si, tuve la suerte de conocerle y compartir con él muchas vivencias. Era un tipo extraordinario. Si como torero era un emblema, como hombre cautivaba por donde caminaba. Un prodigio de ser humano del que me llevé su cariño, amistad y, al que jamás podré olvidar. Como te decía, Pepe era todo un símbolo representando a Colombia por el mundo. En mi ya larga vida por el mundo de los toros, he sufrido la muerte del maestro Cáceres y, en España, a Paquirri, Yiyo y varios banderilleros. Pero,  ¡fíjate, a causa de la desgracia de Raúl García, qué derroteros está tomando nuestra conversación ¡

-No temas. Soy un hombre adulto y admito la dureza de nuestra profesión. Recuerda que, en Cali, todos lo pasamos muy mal. En un primer momento, tras aquella cogida mía, hasta sentí que se me escapaba la vida; no era mi destino morir y, aquí estamos.

La noche se hizo demasiado larga; infinidad de temas se abordaron por parte del diestro y su apoderado. Conversaron de muchas cosas  puesto que, ni por asomo podían dormir. Sangraba aún la herida de sus almas como para hacerlo. Como quiera que Luís sólo conocía a Raúl García de referencias, su apoderado le explicó la clase de torero que era. Ante todo, un hombre entregado a su profesión que, tras tantos éxitos en México vino a morir a Colombia.

 
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  Autor: noelia 14/03/2010
  Luis querido,

¡Cuanta tristeza,dolor y conster-
ciçon en la Plaza de Toros!

La tarde que prometia ser de fies-
ta y alegrías se ha teñido de ro-
jo, de rojo, no de muleta sino de
sangre de torero.

En el ruedo los dos se juegan la
vida, el toro y el torero y siem-
pre cabe esperar que será el dies-
tro que con su valentía, arte y
manejo será él el vencedor, pero
no siempre es así. La historia del
Toreo así lo explica.

Buen momento para reflexionar so-
bre el misterio de la vida y la
muerte.

He querido reconocer en la foto-
grafía al torero JOSÉ TOMÁS ¿me
equivoco?
Su aguante ante la embestida del
toro tiene valor, estilo, clase
y poderío. ¿digo bien Luis?

¡Haste el próximo miercoles!

Noelia.
 
  Autor: Nilda Machado. 12/03/2010
  Luís:

Triste luto invade la Plaza Santa María de Bogotá...

Sin duda, que tristeza infinita... falleció el torero Raúl García...

Lo que más me conmueve es la angustia y desesparación de la madre de Luís Arango... ha vivido... presenciado... uno de los momentos más terribles... más temidos... en la vida de un torero.

Aleccionadora la valentía de Luís Arango... el amor que siente por lo que hace, lo prepara para enfrentarse con la muerte... Terrible... difícil... que dura profesión.

Es indiscutible, la tristeza que supone la pérdida de un compañero.

La vida, no cabe duda, tiene inesperadas sorpresas...

Triste este Capítulo... paradójico... la muerte de Raúl García... el éxito de Luís Arango...

Me quedo con la expectativa de los acontecimientos por venir.

Mis bendiciones.

Nilda Machado.
 
  Autor: Ingrid Matta 11/03/2010
  Querido Luis

Este capítulo además de dramático nos mostró la realidad de la vida, en lo que pocas veces nos detenemos a reflexionar: la vida se nos puede cambiar o escapar en cualquier momento!

En el caso de Raul específicamente lamenté que hubiese muerto, no nos lo esperábamos, todo presagiaba una tarde de fiesta, alegría y color, pero la vida es así... te sorprende con cada cosa.

Te confieso que me quedé algo triste, pero sí el capítulo lo meto dentro del contexto de la vida cotidiana, comprendo que cualquier cosa puede suceder.

Ojalá el próximo capítulo nos traiga mejores noticias, al menos, algo de esperanza.

Gracias Luis, quedo pendiente del próximo capítulo
 
  Autor: Cristina 10/03/2010
  ¡ Hola Luis !

Hoy he entrado tarde al sitio, para leer el capítulo … y me he encontrado con que .. ¡ se murió nomás … el torero mexicano ! … ¡ Qué pena ! ...

Y que momento tan amargo y gris es este, tal como bien vos lo has descrito, para los otros toreros, para los aficionados … y sobre todo para la familia de ese hombre que dejó su vida … ahí … en esa plaza de toros.

Supongo que es cierto que todos los toreros y sus familias deben estar mentalizados con este tema que tiene que ver con el hecho de que “ ahora estoy y dentro de un rato no se sabe” … cada vez que salen al ruedo … pero, pese a esto, supongo que igual les debe costar ”las despedidas “ como a todo el mundo.

Y … lo curioso … que me viene a la mente para reflexionar, a causa de esto que sucedió en tu novela Luis … es que en realidad nadie tiene comprada la permanencia sobre esta Tierra, sino que todos estamos sujetos a esa regla del “ahora estoy y soy … y dentro de un rato no se”, pero la mayoría pensamos que estamos exentos de este axioma … hasta que te sale al cruce … algún “toro de la vida” … que te levanta para arriba y te deja luego caer de lleno, desangrándote sobre la arena del tiempo …

Algunos zafan … y vuelven a nacer ….
Otros parten …

Incluso sin llegar a darse cuenta que el boleto del tren que tenía entre sus manos ya no tiene validez para seguir camino por este mundo … y que a veces suele ser preferible … para el viajero … tal vez .. ¡ claro ! … pero no para los que lo quieren y de golpe se dan cuenta que no alcanzaron ni a despedirse …

Por esto pienso … que es mejor no dejar nunca para mañana para decir TE QUIERO ó PERDONAME … ya que nadie está exento de los toros de la vida, por más que los vayas capeando, ya que en un descuido, te pueden dar la cornada fatal … ¡ y listo ! … ¡ a esperar la próxima vuelta porque esta ya terminó ! … ¿ Cierto ?

Se que no digo nada nuevo … pero el pensamiento me vino a la mente a causa de que la gente se horroriza tanto con “el peligro” que corre un torero dentro de una plaza de toros … y nunca se pone a pensar en “el peligro” … de la propia vida …

Tanto en un caso, como en el otro … si la cornada final llega … pero se estuvo haciendo lo que se amaba y atendiendo a lo importante … la despedida, sólo será un trámite más … dentro de lo natural y contemplado que tiene que ser nuestro paso por este mundo … ¿ no les parece ?.

Bueno, espero que en los próximos capítulos … no muera nadie … y sean tan aleccionadores como este.

¡ GRACIAS Luis ! .. y hasta el próximo miércoles.

Un abrazo.

Cris