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Fábula de Pla Ventura

DESENCANTO

  • Número de capítulos publicados: 100
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 02/05/2018  
 
   DESENCANTO: Capítulo # 25 03/03/2010
  COGIDA GRAVÍSIMA  

L

as lágrimas de Arango tenían un sentido especial; diríamos que único y, una vez más, el diestro nos demostraba, como tantas veces hemos visto en el mundo que, se puede llorar de felicidad; este era el caso del torero vallecaucano. La persona que estaba sentada junto a su amadita no era otra que, doña María Restrepo, la madre del diestro. Lógicamente, sus ojos no daban crédito  a quién veían; y lo peor era que, se debía a  las circunstancias en que se desarrollaba su vida en aquellos breves momentos; él, estaba siendo ovacionado mientras daba la vuelta al ruedo; es decir, no podía hablar ni preguntar, sólo se le permitía sentir.

Arango era vitoreado, aclamado como nunca por el público capitalino  pero él, en vez de querer seguir gozando del éxtasis de su éxito, deseaba que se acabara cuanto antes aquella apoteósica vuelta al ruedo; en su corazón no cabía otra cosa que, tras el recorrido por el anillo de arena, ir corriendo por el callejón a la altura del tendido cinco para saludar a su madrecita.

Tras acabar, por fin, el recorrido y recoger, desde el centro de la plaza una sonora ovación, Arango pudo retirarse entre barreras. Corrió deprisa hacia donde estaba ubicada su madre.

-¡Mamá! –Exclamó Luís- ¿Por qué has venido? ¿Cómo no me lo dijiste?  ¿Quién te ha traído?

Todas las preguntas habidas y por haber llegaron a los labios del torero que, sorprendido como nunca, no daba crédito a lo que estaba viendo.

-He cometido una locura, hijo mío. –Dijo su madre- Como sabes jamás he venido a verte a una plaza de toros; es más, cuando Luz me lo propuso, se me hizo un nudo en la garganta; de sólo pensarlo creía que se me partía el corazón pero, era tanta la ilusión de ella para que yo viniera que, ya viste, en secreto, te hemos dado la sorpresa; se la debes a ella que se encargó de todo. ¡Qué se acabe  pronto el festejo, hijo mío!; en realidad, no se si podré soportar la emoción que estoy viviendo; parece sencillo pero no lo es, un hijo de mis entrañas se está jugando la vida y, se necesita tanto valor como el que tú tienes para soportar esta presión. Estoy rezando para que salgas ileso;  tengo latente aún el recuerdo de  la tarde de tu cornada en Cali y, muero de tan solo pensarlo; y eso que yo no fui espectadora de aquella horrible desgracia.

-No sufras, mamá; todo saldrá bien; Dios está conmigo.

No quedaba más tiempo para seguir hablando con su madre porque, el diestro era requerido para estar atento a cuanto ocurría en la lidia de los toros de sus compañeros. Arango besó las manos de su madrecita, al tiempo que le mandaba un beso a Luz. Ambas,  por amor, se habían  “compinchado“ para ser espectadoras en la tarde más trascendental  del diestro colombiano.

-¿Está usted contenta? –Preguntaba Luz a doña María Restrepo.

-Mucho, Luz; pero me puede estallar el corazón. Como sabes, es la primera vez que veo a mi hijo jugarse la vida y, mi emoción es inenarrable; no se si podré soportar toda la lidia. Que yo viniera, se debe solo a ti,  porque eres una muchachita maravillosa que, como  demuestran los hechos, haces  muy feliz a mi hijo y, el que hace feliz a mi hijito, me hace feliz a mí. Y también estoy sufriendo mucho, querida Luz y, presiento que será la primera y última vez que vengo a ver a mi hijo en el gallardo ejercicio de su profesión de torero.

-¡Tranquila, doña Maria que, todo saldrá bien!  Ya ha visto usted que, su hijo ha tenido un éxito de clamor  con  su primer enemigo; confiemos entonces, para que todo salga bien y  para que, dentro de un rato, Luís  sea llevado en andas  por la puerta grande  como señal inequívoca de  su éxito rotundo.

Ya estaba en la lidia del segundo toro de la tarde el diestro Raúl García y, en un descuido, su enemigo lo prendió  de  la ingle  y,  lo  lanzó por el aire y, en su caída, se presagiaba una cornada fuerte. Arango fue el primero que acudió al quite; se llevó el  toro al otro extremo de la plaza mientras los compañeros se llevaban a Raúl a la enfermería, a quien  de su pierna le izquierda brotaba un chorro de sangre  muy alarmante. Había dado Raúl los primeros lances a la verónica y, un simple descuido bastó para que el toro le empitonara por la ingle; la sensación que había en la plaza era que, el toro había desgarrado la femoral al diestro.

En la barrera se podía observar a doña María Restrepo que, tapándose los ojos, lloraba como si de su hijo se tratase. Luz trataba de consolarla.

-No se preocupe, le decía la chica. Es lamentable que haya caído herido el torero mexicano pero, su hijo, señora, está bien; es más, ha sido él  quien  ayudó a quitarle el toro de encima al diestro herido. Esta profesión es así; hoy le toca a uno y, mañana a otro; fíjese que su hijo  cayó gravemente herido en Cali y, ahí  lo tenemos, lleno de gloria y de triunfos. Los cirujanos taurinos hacen milagros, doña María.

Mientras, en el ruedo, era el siguiente espada, Rubén Amor, el que tenía que darle muerte al toro que había corneado al diestro mexicano Raúl García. Al margen de la cogida, ciertamente, el toro no era apto para la lidia; tenía instintos asesinos y, no tenía nobleza alguna en sus embestidas, razón por la cual, tras una faena de aliño, Rubén montó la espada y finiquitó a la bestia, clavando a fondo y limpiamente el estoque.

La plaza estaba consternada; la sangre con la que inundó el ruedo bogotano el diestro Raúl García, habían dejado a los aficionados muy tristes; primero por la sensación de la cogida y, en segundo lugar, porque se esperaba mucho del diestro de moda mexicano. Como se demostró una vez más, sangre joven para una fiesta vieja.

Ya nada es igual en el ambiente ni en el ruedo cuando cae herido un diestro; todo se torna  gris  y, los ánimos se vienen abajo, tanto para los lidiadores como para los aficionados que, con el corazón consternado, apenas reaccionan por todo cuanto en el ruedo acontece; en tales circunstancias, ni los diestros conectan con los tendidos ni los aficionados se sienten receptivos. Todo se torna insulso y muy triste. Como sabemos, en los toros, se suele dar el fatídico suceso de que, la sangre que nadie quiere, en ocasiones, se hace presente para aciago del arte que, en tales circunstancias,  se toma licencia.

Lo que había comenzado como un rotundo éxito de Arango, en breves momentos, se había tornado oscuro y amargo. Todo se venía abajo. Rubén Amor mató cuatro toros por la cogida de García y, quedaba el último toro de la tarde que le correspondía a Luís Arango. Estaba a punto de salir por toriles y, en el callejón, el apoderado le dijo al diestro: “Abrevia; ya has triunfado a lo grande y, la tarde no está para florituras”.

Arango estaba consternado, como todos los  demás  compañeros y público en general. La cornada de Raúl era grande, muy grande; todavía daba la impresión que su sangre se derramaba por la arena. El reguero de  ésta  ahí había quedado, recordando lo acontecido.

Pese a esto, el diestro se plantó mirando fijamente hacia la puerta de toriles, se ciñó la montera a la altura de sus cejas y  se dispuso a esperar la salida de su enemigo con atención.

Él sabía del gran esfuerzo que tenía que hacer. Tenía que sobreponerse a la adversidad de la que había sido testigo y, si bien es cierto que lo acaecido le dejaba un poco la puerta abierta para salvaguardase más de lo debido, algo que nadie le recriminaría, pudo más su raigambre de  torero que todo lo que había ocurrido. Ahora o nunca, se decía para sí mismo. Si tengo que morir, que sea lleno de gloria, pensaba en su interior; esta no es una profesión de cobardes.

Luís estaba dispuesto a todo. 

Ya había saltado a la arena el último toro de la tarde, el segundo del diestro colombiano y, cuando éste se dirigía a su jurisdicción, de pronto, los servicios de megafonía de la plaza pidieron un momento de atención. Arango se retiró al callejón y se quedó solo el toro en la arena.

-¡Señores espectadores –se escuchó solemne por el altavoz –, se ha detenido la lidia del último toro de la tarde porque tenemos que darles una  lamentable  noticia!

El tono de la voz del anunciador, ya presagiaba lo que se venía, aunque siempre queda la esperanza.

¿Se trataría de “esa” noticia que nadie quiere escuchar ó tal vez, se trataría de alguna otra?

 

 
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  Autor: noelia 03/03/2010
 
Ha de ser tremendo presenciar una
cojida en la Plaza de Toros y tal
como tu la explicas, porque a
realista y conocedor del tema no
te gana nadie, me has hecho sen-
tir escalofríos de miedo, desde
luego se juega la vida el Torero
en la Plaza, es temerario enfren-
tarse a un toro que es un animal
muy potente y que tiene mas fuer-
za que el ser humano.

Me rindo ante la valentía del
Torero.

Como siempre nos dejas en vilo!!!

Suspense...

Con el amor de siempre,
Noelia



 
  Autor: Ingrid Matta 03/03/2010
  Capítulo de contrastes, de situaciones inesperadas, alegría, triunfos, sorpresas, solidaridad y graves cornadas, nada más parecido a la realidad, ojalá, y digo ojalá porque por lo que veo el diestro mexicano esta muy grave, ojalá, logre salvarse!!!

Gracias Luis, en realidad un capítulo de muchos contrastes, pero no es justo que nos dejes en ascuas, buuuuuuuuuuuuuuuu
 
  Autor: Cristina 03/03/2010
  Hola Luis

La verdad que estaba expectante por saber si era o no la madre del torero la que estaba en el tendido al lado de Luz ... pero no esperaba que ahora hubiera otra cogida ... no lo espera ... ¡ mucho menos si la madre de Arango venía por primera vez a presenciar una faena de su hijo .. y encima inmediatamente después que su hijo salvara por milagro su vida en la anterior lidia .. allá den Cañaveralejo ...

¿ Cómo podés ser tan malo y hacer sufrir de esa manera a esa madre ? ... ¿ No tenés corazón ? ...

¡ En fin ! .. te perdono porque es una novela ... y porque la vida es así ...

Imagino, que todos los toreros tienen madres que sufren horrores cuando ellos salen heridos ...

Como también imagino, que los corredores de autos que ponen esos bólidos “ de papel “ a más de 300 km por hora ... deben tener madres que miran las carreras con el corazón en la boca ...

Ó tal vez .. las madres de los boxeadores ... deben sufrir lo indecible cuando ven que otro boxeador va moliéndole la cara a golpes a su hijo ... y acaba dejándolo tendido inconciente en la lona ...

Ó quizás las madres de los futbolistas ... cuando presencian como el juego sucio ... le quiebra las piernas a su hijos ...

Ó sino las madres de los escaladores de montañas que corren peligro de despeñarse al abismo ó quedar duros congelados en el hielo de las alturas sin que nadie los pueda auxiliar ...

¡ En fin ! ... si nos ponemos a analizar ... el ser humano en su pasión por expresar “ su arte “ ... busca innumerables maneras de padecer accidentes ... e innumerables maneras de hacer padecer a madres y padres – porque ellos también sufren ... ¿ cierto ? - ... desde la patineta al mountain bike ... ó desde la escuela a la oficina ...

El “ peligro “ siempre está acechando ... sí, es cierto ... pero igual ... ¿ no podías al menos haber dejado que el torerito tuviera dichoso un momento de gloria junto a su madre y a su amadita ? ...

Te va a agarrar ... Annie Wilkes ... a vos ... ¡ Mirá que ella ahora aparte de “ Misery “... está leyendo “ Desencanto “ ! ... ¡ Así que tené cuidado !. ... que si la hacés enojar .. ya vas a saber lo que es bueno .... ¡ JA JA JA ! ...

¡ Noooo, no me hagas caso ! ... es solo un poquito de humor negro ... pero bueno, aguantátelo ... no me gusta que la pobre señora tenga que estar sufriendo lo que está sufriendo ... más ... ¡ siendo la primera vez que viene a ver una corrida de toros de su hijo ! ... ¡ Y menos mal que a este .. hasta el momento.... no le ha pasado nada grave .. sino todo lo contrario ! ...

Espero .. que el otro torerito se salve también ... aunque me parece que tu poder creador viene rodeado de “nubes negras”.

¡ Y bué ! ... habrá que esperar hasta la próxima semana .... para ver que pasa.

Y ... ¡ GRACIAS ! ...amigo ... pese a que me hacés ver la vida tal como es .. aunque yo quisiera que fuera distinta ... porque ESO vale.

Un abrazo.

Cris
 
  Autor: José Luis 03/03/2010
  Suspense canalla; nos has dejado en ascuas, después de haber superado el trance de la tragedia nos has devuelto el amargor a la garganta. Esperemos que no sea lo que estamos pensando... Pero me temo lo peor.