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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 24/01/2018  
 
   : Capítulo # 41 08/04/2014
  EL ENSAYO  

L

a misiva que Sara había leído por parte de Gabriel la había dejado desolada. Viajar hasta Venezuela era su máxima ilusión y, por el momento, sus ilusiones se habían quebrado. Sus ojos estaban empapados de lágrimas, no podía ser de otro modo.

Ella estaba muy entusiasmada con dicho viaje, porque iba a encontrarse con el hombre que le hacía palpitar, locamente, el corazón.

Es más, dado los acontecimientos que en Venezuela se habían desatado, desde la empresa misma, donde prestaba sus servicios, le aconsejaron que suspendiera el viaje; sabedores ellos, de todo lo que allá acontecía, no querían que Sara corriera el más mínimo  peligro.

Lo más triste de todo era la desazón que estaba sufriendo. Nadie en el mundo sabía, lo que su corazón albergaba respecto a ese viaje, tan meticulosamente planificado. Su pena, la sufría en soledad, si bien necesitaba contarle a alguien todo lo que sentía, pero de momento se le hacía imposible en aquél lamentable estado.

Al margen del trabajo, ella intentaba consolarse mediante la correspondencia que a diario tenía de sus lectores puesto que, su página, ya era todo un referente de ilusiones para el mundo, y había calado muy hondo en el sentir de la gente que, a diario la reclamaban; ella era, como una especie de psicóloga de la red, puesto que para todos tenía una palabra de ánimo pero, en aquel momento, era ella la que necesitaba de los ánimos que a diario regalaba.

Como los correos le demostraban, era una mujer muy válida para el conjunto de la sociedad, cuando menos, para todos los que con ella se relacionaban.

Junto a ella se refugiaban muchas personas, por su hacer, por sus letras, por sus ensayos y narraciones. Gracias a su forma de ser, había logrado tener unos lectores que, por encima de todo, anhelaban su amistad. Por esto, su tarea era muy dura; todas las noches hallaba refugio junto a ellos, pero tenía que pagar un elevado precio, por esa calidez,  que la obligaba a estar pegada junto al ordenador, hasta altas horas de la madrugada.

Correos de todo tipo llegaban a su buzón, a los que ella respondía con todo esmero; incluso hasta regalando jirones de su ser.

Ella quería contarle al mundo que se había enamorado de un hombre sin conocerlo; aquel instinto de amor que corría por sus venas quería compartirlo con todos pero, para sus adentros, le sonaba como a locura, el hecho de pregonarlo a los cuatro vientos. Le era muy difícil porque ella nunca creyó en lo que ahora estaba viviendo ¿Qué las letras de un hombre, conmuevan hasta el límite de la locura, a una mujer... ? ¡Vamos, que no se sentía capaz de contárselo a nadie! Era una situación tan rocambolesca que, en definitiva, la sufría en silencio.

Todo cabía, en esos momentos, dentro de su cabeza; incluso, hasta llegó a pensar que era posible que Gabriel no quisiera verla, razón por la que le argumentaba “exageradamente” la situación de Venezuela; pero pronto disipaba esa idea, porque veía a diario, por televisión, que los hechos que le contaba Gabriel eran totalmente verídicos. Pero, como es sabido que cuando manda el corazón, se eclipsa la razón; junto a ese conflicto, estaba ahora, ella viviendo.

Aquella noche estaba por demás de pensativa. ¿Qué puedo hacer?. Se preguntaba, una y otra vez,  para sus adentros, en el silencio de la madrugada.

De pronto, se le ocurrió, la maravillosa idea de cómo contar lo que estaba sintiendo por aquel hombre. La solución y los medios los tenía en su mano. Y ésta no era otra cosa, más que narrar –cómo ella bien sabía hacer– no ya a alguien, sino al mundo lo que puede hacer un corazón enamorado; y lo haría, a través de su página. Por ello, aquella misma noche decidió escribir el más bello relato de amor para contarle al mundo, mediante su ensayo, todo lo que estaba sintiendo.

El título ya lo tenía: SUEÑO CONTIGO.

Ahora, era cuestión de darle forma, de meterse en el personaje, darle vida, que sintiera sus mismas emociones para que, sus lectores soñaran junto a ella, a poder ser, para que vibraran en su misma sintonía.

No le importó, para nada, haber estado toda la noche frente al ordenador. Tras finalizar el ensayo se sintió liberada.

Ella sabía que, de alguna manera, al margen de las reacciones de todos sus lectores, en definitiva, dicho ensayo lo había escrito para que Gabriel lo leyera y, entendiera el mensaje entre líneas, que le estaba lanzando.

Ya estaba en la red dicho ensayo y, ahora tocaba ver las reacciones; ella sabía que las tendría, pero lo que la hacía más feliz, era la espera hasta que Gabriel  le respondiera, si es que en verdad lo leía y entendía. Con esa ilusión lo había escrito.

Sara se sentía muy satisfecha de lo que había plasmado porque, en realidad, en dicho artículo dejaba jirones de su ser.

 
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