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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 02/05/2018  
 
   : Capítulo # 37 11/10/2013
  EL ÉXITO  

S

ara sentía algo muy especial dentro de su ser y, mucho más ahora que les había dado la noticia del viaje, a los suyos. Se quedó muy feliz al ver la reacción de su madrecita que, ésta, aunque un tanto preocupada por ese viaje, sabía que nada malo le sucedería a su hijita.

Faltaban tres días para emprender dicho periplo y jamás antes había tenido ella tanta ilusión por irse; hasta sintió temor incluso, que dicha ilusión, fuera a opacarle su trabajo, porque el deseo por encontrarse con Gabriel, era muy grande. En realidad, hasta este instante, nunca nada ni nadie le había afectado para realizar su labor con total pulcritud; rogaba que ahora sucediera igual, porque no en vano ahora, era algo que se sentía obligada a consensuar con su corazón. A su razón ya no la sentía tan equilibrada como siempre; puesto que su corazón pujaba empecinado en jugarle una mala pasada, al requerir su atención con vehemente insistencia, impidiéndole razonar como ella quería. Así que más le valiera a éste rebelde impetuoso, acomodarse, porque no le permitiría tal alteración. Primero lo primero, y primero siempre está el pan, se dijo a sí misma.

Encima de la mesa de su despacho estaba el dossier, de toda la problemática que tenía que resolver, una vez que se hallase ya en Venezuela; ella lo analizaba pormenorizadamente, veía sus puntos más conflictivos y trataba de ensayar en su cabeza las soluciones preparadas; muchas cosas dependían de lo que sucediese en esa reunión; el dossier lo decía todo muy claro,  igualmente había que hablar con las personas, escucharlas, entender sus razones, y por encima de todo, tratar de llegar a la solución que ella llevaba prendidita dentro de su alma, como la más potable a su entender, para mediar en ese problema. No somos máquinas, se decía para sus adentros. Somos personas de carne y hueso y, tenemos que ponernos siempre en la piel del otro para tratar de entenderle. Posiblemente, los compañeros venezolanos, persuadidos por fuerzas exteriores al margen de la empresa, no eran conscientes del error que estaban cometiendo por querer lograr lo que seguramente les correspondía, pero no era esa la forma para lograrlo.

Sara barruntaba que una vez allí tendría que echar mano de su verbo cautivador para lograr  un consenso. Más que verbo, como ella sospechaba, sería más bien cuestión de mantener un diálogo abierto, sincero y franco. Ella buscaría un entendimiento para que todos quedasen contentos. Y era algo muy complicado de resolver, porque hasta esa fecha, jamás antes hubo problema alguno  similar, en la empresa. En el trabajo, como en el amor, no  puede ser cosa de a tres; cuando alguien se mete en medio de aquello que no le compete, la locura está servida. Y este era el caso de los compañeros venezolanos.

Ella trataba de analizar al máximo lo que aquel dossier encerraba; no quería cometer error alguno puesto que en una tarea tan trascendental como la que ella acometía, el más mínimo error podía abocar en un tremendo fracaso y, la palabra fracaso la atormentaba; sencillamente, porque no sería el de ella personal; sino, el de la empresa que representaba, dejándola a ésta en unas situaciones mucho más conflictivas que las habituales. Pero pese a todas estas cosas que por su cabeza pasaban, ella estaba convencida de que triunfaría, como siempre lo había hecho, toda vez que le encomendaron una tarea tan difícil como esta de ahora.

Triunfar, tener éxito en algo, no es otra cosa que la propia convicción de que amas lo que haces y, lo que es mejor, es que por la misma razón, sientes que todo saldrá bien. Esta era la filosofía de Sara, y a ella se aferraría con todas sus fuerzas. Su trabajo, era consciente que lo podía hacer cualquiera; pero lograr el éxito en el mismo, eso ya era más complicado y harina de otro costal. Varias compañeras le habían precedido en el cargo y, todas habían fracasado. Rociar de humanismo una empresa cuyo primer objetivo es ganar dinero, es una tarea complicadísima; las empresas piden resultados positivos y los medios como los consiguen, suelen importarles muy poco. A Sara no se le había contratado por ser una gran humanista sino por ser una buena profesional; y no sólo por eso logró con el tiempo el respeto y reconocimiento del directorio de su empresa sino también porque, gracias a su humanismo halló la forma para conseguir un éxito permanente y sustentable en todo lo atinente al quehacer de la misma.

Ensimismada como estaba en el asunto, tras quedar convencida a sí misma de que lograría otra vez ganar la situación, una vez más se posó en su corazón, la figura de Gabriel Girón; ella sentía, con toda seguridad, que la ilusión por ver a este hombre, le había dado, las fuerzas necesarias para arremeter con decisión y convencimiento, el grave problema que se cernía sobre la empresa, en la ciudad de Caracas.

Bien es cierto, que no hay nada más bello que el amor para lograr cualquier clase de triunfo; Sara estaba enamorada y esa fuerza interior le estaba ayudando como nunca antes en la vida había sentido.
Era una situación muy especial; si se quiere, muy compleja. Pero tan bella a su vez que, no existían barreras para esta mujer a la hora de acometer los problemas.

Estaba todavía en San José pero ya, hasta barruntaba que el problema que le habían encomendado para solucionar, lo tenía resuelto.

Toda esa dicha que la invadía, producto del amor que estaba sintiendo por aquel hombre que, sin él saberlo –o quizás, lo sabía, pero a medias- era la que la conducía a ella por los senderos precisos para alcanzar la meta de la favorable solución. Sin duda alguna, Sara sabía que la tenía al alcance de su mano. Sólo tenía que llegar, ver y vencer una vez más a la adversidad. Y eso haría.

 
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