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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 19/12/2018  
 
   : Capítulo # 35 10/09/2013
  LA CARITA DE SARA  

L

a carita de Sara, una vez más, lo decía todo. Se miró al espejo y sonrió; no era para menos. Se echó en la cama. Quería conciliar el sueño; pero su corazón palpitaba muy deprisa como para reposar. Aquellas letras, una vez más, suplían la carencia que el mismo sueño pudiera producirle. Quería pensar, deseaba soñar despierta. Es cierto que en su cabeza anidaba la idea de haber enloquecido; es cierto que, en su vida diurna nada le afectaba; si acaso, la sonrisa de la que era portadora. Pero llegada la noche y sus encantos, ella misma se transformaba en otro ser. Es verdad que, aquella situación le había desbordado; se apartó el juicio de su bendito ser y, temía ella lo peor. La pregunta, por manida y sabida se la hacía en cada instante. ¿Qué me ha pasado? ¿Cómo he podido enloquecer frente a una pantalla? Como siempre, Sara no quería respuestas.

No había podido conciliar el sueño pero, nada importaba; en la mañana estaba en su despacho irradiando alegría para todos cuantos le rodeaban. Sara no sabía que, en dicho día, la empresa, sin pretenderlo, le daría una alegría inesperada. Un problema de índole laboral se cernía sobre la sucursal que la empresa tenía en Venezuela y, lógicamente, Sara, como jefa de recursos humanos, debería de afrontar dicha situación para solucionar el conflicto. Por dicha razón, en esta misma mañana era requerida por el director.

-Sara: Tenemos un conflicto, al parecer grave, con unos empleados en Venezuela y queremos que sea usted la que medie ante semejante problema; hay unos empleados descontentos que, como me han comunicado, están dando muchos problemas y queremos que sea usted la que afronte dicha situación. ¿Le importará marcharse unos días a Venezuela? Confiamos mucho en usted y, por difícil que sea el problema, en sus manos entendemos que tendrá solución.

En aquel momento, la cara de Sara se iluminó por completo; dentro de su ser, por razones obvias, hasta “bendecía” ella dicho conflicto. ¡Ir a Venezuela! No daba crédito a cuanto sentía. No le importaba el lugar, pero el hecho de pisar la tierra conquistada por Simón Bolívar, con ello ya tenía bastante. Si desde hacía mucho tiempo su cara el detonante más hermoso de la felicidad, pensar que tenía que acudir a Venezuela le enloqueció del gozo que estaba sintiendo.

-¿Cómo negarme, señor director? –Respondió Sara- Será un honor aportar mis conocimientos y, si usted me lo permite, mi humanismo, para tratar de solucionar el problema que pueda existir. Yo estoy al servicio de la empresa y mi función debe de estar en auxilio de todo problema que pueda haber. No me importa para nada el lugar; yo soy de allí dónde se me requiera.

-Perfecto, Sara. Es usted muy amable. El problema ha surgido en Caracas y hacia allí partirá usted en unos días; hable con su secretaria que le obtenga el pasaje del avión como la reserva del hotel y, en tan pronto tenga usted esos requisitos. Allí le esperará la señorita Obdulia Mínguez, nuestra directora en aquel país. Como Mínguez me ha comentado, hay un grupo de insurrectos en la empresa que, auspiciados por las mafias que quieren destruir el hermoso pueblo venezolano, les instan para las huelgas y se niegan en acudir al trabajo dos días por semana. Un dislate que, con toda seguridad, cuando hable usted con dichos empleados y razone a su lado, con toda seguridad comprenderán la dicha de la que ahora gozan y que, unos deslamados les quieren quitar.

-Según me cuenta, -Respondió Sara- el problema puede ser más sencillo de solucionar que el que tuvimos aquí con la señorita Margarita. ¿Recuerda? Presagio que, ante todo, una vez allí, será cuestión de dialogar con aquellos hombres que, habiéndose dejado llevar por los insurrectos, hasta pueden perder el noble puesto de trabajo que ahora gozan. Déjelo de mi cuenta; esa es mi tarea y le aseguro que procuraré hacerla bien. La empresa me paga para que solucione todos estos conflictos de índole laboral y humana; siendo así, será mi deber y un gusto sentirme útil a la empresa y, ante todo, a mi persona.

Al pensar que tenía que ir a Caracas, la capital venezolana, hasta se le paraba el corazón; mientras el director le hablaba, ella sonreía; éste no sabía que aquel viaje, además de solucionar los problemas de la empresa, posiblemente, cambiaría el curso de la vida de Sara. Ella no cabía dentro de su ser; ¡¡¡¡Caracas!!!! Se repetía para sus adentros. Allí estaba Gabriel Girón; el hombre al que quería y amaba con locura; pensar que podría abrazarle le conmovía. Es más, ¿se lo diría a él o sería preferible que  se presentase de incógnito? Eso lo pensaría más tarde. Mientras tanto seguía disfrutando de la noticia que le cayó como una bendición inmensa encima de su ser. ¡Dentro de unos días en Caracas! Exclamaba para sus adentros. ¿Qué pasaría una vez allí?

 
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