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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 24/10/2018  
 
   : Capítulo # 33 15/12/2012
  DEBER CUMPLIDO  

T

ras toda la zozobra que invadió el día de Sara, cuando por fin pudo llegar a su casa, sintió una paz desmedida. Había cumplido con su deber, algo que le tranquilizaba el alma.

Aunque cansada, estaba alegre; no era para menos, porque es precisamente, en las noches, que la pantalla de su ordenador se convierte en un relax para su cuerpo; allí sentada frente a aquella pantallita de brillantes leds, cada vez es invadida por emociones incalculables, que le provocan personas anónimas que gracias a su participación y comentarios, le manifiestan su admiración y respeto y, sumado a esto, desde hace ya no pocas fechas, el hecho de esperar las letras de ese amigo tan especial era algo que, le motivaba su alma, hasta el infinito.

Y entre todos los correos recibidos, allí estaba el de Gabriel. Una vez más, la emoción vencía a Sara; le parecía un manjar tan suculento el que estaba a punto de degustar que, hasta se resistía de abrir inmediatamente dicho correo; era como un tesoro que quería guardar para verlo después sola, luego, cuando no hubiera  nadie que le pudiera robar ese momento.

Aquella noche su tarea resultó muy dura; había muchos más correos por responder que de costumbre, eran muchísimos más de lo que pudiera imaginar; y a todos les contestó con agrado y ternura.

Si los demás se molestaban en escribirle, ella, por muy cansada que estuviera, tenía que hacer lo mismo y responderle; es más, los que le escribían no sabían de su vida; sólo sentían admiración y todos y cada uno de sus lectores pensarían sobre ella lo que les dictara el corazón. Esto, lo tenía claro Sara, pero esto no quitaría de en medio su deseo de corresponder con igual interés a la gente que la seguía, el amor que le manifestaban.

Sara jamás hizo propaganda de su vida; en su página todo se circunscribía a sus narraciones que, para los demás, era todo un mundo lleno de sensaciones, y gracias a ellas era, la grata tarea que tenía cada anochecer al responder a todos sus admiradores. Es cierto que Sara nunca hizo gala de nada; más bien, todo lo contrario. Si había algo que la caracterizaba, era su humildad. Y sin pretenderlo, esa era su grandeza, ser humilde ante la vida. Y le asistía toda la razón, puesto que ningún engreído puede calar en el corazón de nadie; y Sara había conquistado muchos corazones y tenía adeptos y, lo que es mejor, adictos a su filosofía de vida, justamente, la que plasmaba en sus narraciones.

Sara, desde que se sentía cautivada por aquel desconocido que le había “movido el piso”, ni pretendía dormir; es más, no tenía sueño. En estos días, como impulsada por un resorte mágico, sólo anhelaba escribir; contar vivencias, emociones internas, alegrías indescriptibles; su mundo especial era el que le quería regalar a sus lectores.

Justamente, en la misma medida que crecían sus artículos al respecto de su humanismo y vivencias de todo tipo, crecía el número de sus lectores; era algo increíble. Ella misma se asombraba; lo que nació como un “juego”, como una linda distracción, se estaba convirtiendo en un pasión para miles de lectores que, esparcidos por todo el mundo tan dichosos se sentían. Sara, cuando llegaba a su casa se olvidada por completo de su vida laboral, de sus responsabilidades, y aquella noche, por curiosidad, se le ocurrió mirar la estadísticas de la página y, para su asombro, eran ya miles las personas que a diario se deleitaban con sus ensayos que, llenos de realismo, ternura y amor, seguían siendo el referente del alma para mucha gente que, carentes de amor ... quizás, era éste el asidero que tenían para no derrumbarse en su interior.

Ella, ante dicha circunstancia, se sentía feliz.

¿Quién no es feliz sabiendo que regala ilusiones?.

A diario hacia, antes que nada, lo mejor que un ser humano puede hacer y esto es regalarle a otro; ilusiones, anhelos, deseos, paz, amor, bienestar en el alma; esos “medicamentos” que no se venden en ninguna farmacia pero que, al “tomarlos” sientes que ha cambiado el curso de tu vida.
Y en esta tarea, Sara era un auténtica especialista, una maga ilusionista que su gran valor no era otro que conquistar corazones, crear adeptos a su doctrina tan particular que, inevitablemente, sumaba lectores a pasos agigantados. Es cierto que, a diario, en la Red se publican millones de artículos, ensayos de todo tipo pero, como quiera que hablar de amor es algo que a los grandes narradores les parece cursi, es por ello que la parcela de Sara se abarrotada de lectores.

Desdichas de todo tipo, tragedias insospechadas, a diario las podemos ver en todos los noticieros; pero la gran noticia para el mundo, EL AMOR, ésta no tiene vigencia en medio alguno. Y tenía que ser ella, Sara, la que con su verbo sencillo lograra crearse un ramillete importantísimo de amigos cibernéticos que, como sabemos, a diario le muestran sus deseos de amor y gratitud.

Para su fortuna, menos mal que sólo un reducido grupo de lectores, de momento, requieren de su comunicación; sin lugar a dudas, dentro de poco, a medida que vaya creciendo la página, inevitablemente, de querer seguir por los senderos que se marcó desde el primer día, a no dudar, tendrá que contratar una secretaria. Todo lo tenía ella asumido; de ser así, como Sara decía, contrataré a las personas que me hagan falta; mis lectores no pueden sentir el vacío de mi ausencia y, mucho menos, de sentirse desolados sin mi presencia.

 
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