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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 02/05/2018  
 
   : Capítulo # 32 17/10/2012
  UNA EMPRESA HUMANISTA  

L

a responsabilidad que Sara tenía al frente del departamento de Recursos Humanos, en más de una ocasión le quitaba el sueño. De ella dependía que todo el personal de la empresa estuviera contento para desempeñar sus funciones. No hay peor política empresarial que una plantilla de personas descontentas; el fracaso, de este modo, está servido. Era ella la responsable para que todo el mundo trabajara con alegría, poniendo amor en aquello que hacían; para tal menester, Sara tenía que entregarle a cada uno de los miembros de la empresa, el mensaje adecuado. Cada cual debería alcanzar en su trabajo, una inmensa dosis de entrega; y no era cuestión que Sara usara el “látigo” para conseguirlo, pero sí su palabra, sus consejos y su forma de llenar a todos de las suficientes convicciones para lograr como resultado final el éxito en la empresa.

Sara siempre les repetía a sus compañeros una frase que había escuchado por ahí, decir de boca de un cantor argentino, apellidado Cabral – un genio, fatídicamente fallecido -. Él decía que: “el que trabaja en lo que ama, está benditamente condenado al éxito”.

Toda la problemática en el tema laboral, absolutamente toda, dependía de ella; y los problemas de diversa índole que le planteaban muchos de sus compañeros, debía solucionarlos con extrema profesionalidad.

Los problemas como las circunstancias eran siempre distintos, y las soluciones tenían que ser justas, equilibradas y equitativas para todos los empleados.

Sus dotes como humanista jugaban un papel decisivo en la empresa; y esto le facilitaba tremendamente el éxito e incrementaba la experiencia, con la que Sara sabía cómo enfocar el problema de cada cuál, para transformarlo en solución.

Eran sus acciones las que demostraban todo el manantial de creatividad del que ella,  era portadora.

Ahí estaba, como ejemplo y de forma muy reciente, el caso de Margarita que, grave como ninguno, gracias a la sagacidad de Sara, pudo encontrar la vuelta para darle un resultado exitoso, a la adversa situación.

Es cierto que Margarita se lo puso muy complicado a Sara; y el asunto, por la gravedad del mismo, aparentemente, parecía no tener solución; al menos satisfactoria. Pero, pese a esto,  quedó resuelto en las manos y sentidos de Sara que, dotada de un humanismo que no había estudiado en la universidad, sin embargo,  tan bellos resultados le estaba dando. Algunos decían que todo era cuestión de su carácter; en realidad, era todo producto de su actitud ante la vida, es decir, era cuestión de una entrega sin límites con la convicción de hacer bien su trabajo, con total seguridad, y sin aceptar las  distracciones que la vida pudiera presentársele.

Aquella mañana, en particular, tenía Sara una reunión con el director general de la empresa; éste, de forma periódica se juntaba con ella para conocer en profundidad los entresijos de aquella gran organización comercial que, Sara se había empeñado en conseguir que, más que una gran empresa, aquello tuviera las características de una gran familia. Labor ardua, la que tuvo que emprender ella, pero que sin embargo, le quedaron arrestos para conseguir su objetivo. Sin duda alguna, esa forma de ser de esta empresa, era la admiración entre del gremio empresarial en San José.

-¡Dígame, Sara! - le espetó el director general apenas la vio -. ¿Cómo resolvió usted el problema que tuvimos con esa muchacha que, al parecer, sustrajo dinero de la caja?.

- Muy bien, señor; ahí la tenemos trabajando aún con nosotros – respondió Sara -. Como usted sabe, cualquiera puede cometer un error y, el de ella fue tremendo. Se vio envuelta en unas circunstancias horribles debido a la enfermedad de su hija y, la pobre, optó por un camino que ella creyó que era mejor para salvar a la pequeña; camino equivocado por cierto, como usted sabe, pero de ponernos en su piel, ninguno de nosotros puede asegurar lo que hubiésemos hecho en su lugar y bajo sus mismas presiones. Ya, y ¡gracias a Dios!,  quedó todo zanjado ese asunto; devolvió el dinero, pidió perdón y, lo que es mejor, creo que tomó la lección más importante de su vida. Estoy contenta con el resultado alcanzado y la forma como pudimos  solucionar ese dilema, que en su momento, nos dejó sin aliento.

- ¿Dice usted que esa chica sustrajo el dinero para poder llevar a su hija al hospital ?, ¡por Dios!, ¿y cómo está la chiquita?.

- Muy bien; la operaron de urgencia y, a Dios gracias, se le pudo salvar la vida; sí le digo que, de no haberla intervenido a tiempo, esa criatura hubiera muerto.

-Me deja usted consternado. ¿Y cómo esta mujer no nos pidió ayuda a nosotros antes de cometer esa estupidez ?.

-En aquel momento, señor director, como le digo, la pobre no tuvo fuerzas para razonar adecuadamente; lo hizo todo a impulsos de su corazón y éste le jugó una mala pasada; menos mal que, la finalidad para la que lo hizo era la más humana del mundo. Y así ha quedado, señor, ¡ todo olvidado!.

Tras esta breve conversación, Sara y el director general de la empresa, durante varias horas, repasaron todos los asuntos más importantes y urgentes, para satisfacción de los cometidos de la empresa.

El director, sabía a ciencia cierta quién era quién en su organización, en todos los puestos de responsabilidad y, de ahí, en parte era el éxito comercial que la empresa alcanzaba, en todos los nichos que ésta abordaba.

Y por último, y para terminar esta cuestión,  a fin de cuentas, lo que Sara había logrado no era una cosa que no sea factible de lograr en alguna otra empresa como ésta, que era una empresa como cualquier otra, pero con la diferencia que mientras en la gran mayoría de las demás solo cuentan los beneficios, en ésta, cash-flow al margen, lo que en verdad prima es el humanismo que allí reina. 

 
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