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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 31/01/2018  
 
   : Capítulo # 30 31/08/2012
  EL ATREVIMIENTO  

N

o había manera de conciliar el sueño, después de haber leído y releído, ese bello e-mail que le había escrito Gabriel; eran muchas las emociones que sentía el corazón de Sara, como para consentirle a ella, así sin más, irse simplemente a dormir; él, ni tenía sueño, ni deseaba marchase a la cama.

En aquel instante, él le mandaba a ella,  que realizase la tarea más bella que le quedaba por hacer antes que termine el día, es decir “su” día, porque los días de Sara, tenían la contradicción de pasar muy rápido, pero a la vez ser muy largos, extendiéndose, mucho más allá de la medianoche casi siempre; y este día, mucho menos que cualquier otro, pintaba que iba a ser diferente.

Tenía que responderle al hombre que le había “movido el piso”. Y eso iba  a hacer, precisamente ahora.

Gabriel, seguramente no era consciente del gran impacto que habían causado sus letras en el corazón de Sara. Quizás, de saberlo, él se estaría derritiendo de la misma emoción, que le sucedía en este momento a ella. Y si bien, todo se desarrollaba con la normalidad que las circunstancias presentes requerían. Había muchas otras emociones contenidas en ambos corazones y ninguno de ambos se animaba a expresarlas del todo, abiertamente, así tal cuál cada uno las sentía; Sara era más abierta en el trato y, por la manera como ya le había contestado a Gabriel en el correo anterior, ya de soslayo le había dicho muchas cosas; y seguro que él las había entendido, por eso él, también se había animado a mandarle este otro email, que Sara tenía ahora ante sus ojos, desplegado en la pantalla de su ordenador y, que no dejaba de leer y releer, una y otra vez a cada instante, como intentando descubrir con cada pasada sobre el torrente de letras, muchas más cosas, que las que simplemente Gabriel decía.

A Sara le gustaba mucho escribir entre líneas. Justo allí, en ese espacio invisible - sólo para algunos ojos, pero no para los del alma de los que saben leer - solía dejar escrito, el mensaje real que su corazón sentía. Emocionada entonces, así como estaba ahora, se dispuso, ya sin más dilación,  a contestarle a Gabriel.

“Gabriel querido:

He sentido mucha emoción con tus letras y, ante todo, esta gratitud que debo mostrarte, por los delicados detalles, que tienes para con mi persona. El ramo de rosas me cautivó; negártelo, sería faltar a la verdad. Como mujer, con tan bellas y perfumadas flores, me venciste y me ganaste como amiga, sospecho que para siempre. Hay mucha ternura en tus acciones, en tus letras, en tus gestos; todo en ti me parece muy lindo.

¿Dónde estabas que no te conocí antes?

Ahora, Gabriel, una vez más me cabe el honor de decirte que bendigo el día que Dios me citó para que hiciera esa página que, como dices, además de hacer que te enamoraras de la misma, ya viste, hasta nos propició que nos encontráramos, para ser amigos; toda una bendición del destino.

¿Casualidad o causalidad?.

Llámalo como quieras, no me importa. Lo cierto es que estamos “juntos” en este lugar, en este espacio no físico, sí; pero no por ello, menos lleno de calor humano, como es este sitio,  donde se han encontrado nuestras almas, que sienten esta natural afinidad.

¿Sabes?, me gustaría conocerte; una foto tuya me haría muy dichosa; tampoco es que me sea absolutamente imprescindible, porque el “retrato” tuyo es el que tengo grabado dentro de mi ser, por lo que han sido tus lindas acciones para conmigo. Con esta “imagen”, quiero que sepas, que le basta y le sobra a mi corazón; pero ya viste, “curiosidad de mujer”. Anhelo ver tu rostro.

¿Me complacerías?.

No se las razones pero, amigo querido, hasta presiento que eres mucho más joven que yo.
¿Y por qué me hago esta pregunta?, pensarás tu, si lo cierto es, que en la amistad no cabe la edad, ni tampoco el sexo y mucho menos la condición económica de cada cual. Bueno, no cabrá, pero lo cierto es que me encantaría conocer tu edad, aunque no importe. ¿Me perdonarás?.

Me pareces un hombre de una nobleza extraordinaria y, físicamente seas como seas, tengas la edad que tengas, me honra que seamos amigos.

Ya ves, como en esta oportunidad vengo, “con reclamos” hacia tu persona. ¡Qué vergüenza!. Si sientes que me extralimito en mis “peticiones”, te pido otra vez que me perdones,  porque soy consciente que tú me entregaste todo y no me pediste nada; porque eres todo un caballero, un señor en todas las acciones con las que me has obsequiado. Y yo, al parecer, no tan dama y si bastante curiosa ¿verdad?.

Sí, por como veo que ha quedado planteada la cuestión, parece ser que no te quedará más remedio que disculparme por esta vez y por las futuras que vendrán. Y desde ya, mi corazón sabe que lo harás y te lo agradezco.

Eres, y esto sí te lo digo, “sin miramientos” esa clase de amigo que aviva por completo el alma; a diario, suelo contestar todos los correos que me escriben, pero esta sinceridad que nosotros nos regalamos al unísono, esto no me había sucedido con nadie, hasta ahora.

No sé si esto que te digo te hará feliz o desdichado; supongo que tú también tendrás tu círculo de amistades, como nos sucede a todos y, posiblemente, en muchas ocasiones quizás no tengas tiempo ni para responderme; si te sirve de aliciente o incentivo, quiero que sepas, que yo me siento muy cómoda contigo cuando te escribo. Tus letras me dan paz y hacer nacer mis letras para ti, desde el fondo de mi corazón, también.

¿Podría yo anhelar algo mejor?.

Me escribo con varias personas y, nadie logró conmoverme como tú lo has logrado.

No puedo dejar de confesarte que me alegras cada anochecer; eres, como un dulce bálsamo para mi alma; al punto que, antes de acostarme, huelo el perfume imaginario de tus letras y ya puedo relajarme, para soñar tranquila y en paz durante lo que queda de la noche.

Como verás, yo también he desnudado, mi alma para ti, aún sin conocerte y, llámame atrevida, si quieres; pero, siento todas estas sensaciones bellas que te he contado, y considero que sería muy mezquino de mi parte, no hacértelas saber.

Por cierto, ya te lo he preguntado en otro e-mail anterior, pero no me has respondido: ¿eres casado, soltero, viudo, separado?.  No te asustes, no me importa tu estado civil, te lo juro, es sólo un poco más, de mi simple curiosidad femenina.

Muchas gracias por quererme, sobre todo por respetarme y un poco menos por admirarme. Prefiero mucho más los otros dos sentimientos.

Me conmoviste el primer día que te apareciste en mi vida y, ahora, Gabriel, tu cariño, tu amistad y todo lo hermoso que fluye en el contexto de tus bellas letras me han “domesticado” – como le pasó al zorro, de El Principito -, y ya me resulta difícil no contar con ellas.

Has sabido tocar el resorte de mi corazón.

¿Me estaré enamorando de ti?.

Espero que no, porque bellas y mágicas amistades se pierden cuando sucede esto.

Mil gracias por tu cariño.

Y que Dios te siga bendiciendo mucho a ti también.

Te quiero.

Sara.”

 
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