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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 25/07/2018  
 
   : Capítulo # 29 12/06/2012
  LA PUERTA  

Y

a de regreso a casa, con la paz que le proporcionaba haber estado con su madre, Sara se sentía feliz. Su vida estaba cargada de emociones; ciertamente, si había una persona en el mundo que vivía al límite, esa era ella. Nada dejaba por hacer y, su persona estaba al servicio de la empresa, incluso al de la colectividad de la que formaba parte. Por dicha razón, cuando llegaba a casa deseaba con todas sus fuerzas cambiar el “chip”, evadirse de todo lo cotidiano y refugiarse en algo diferente y, que tanto le alimentaba el alma, como era su comunicación con los que gustaban de llamarse, sus lectores.

Sin pretenderlo, Sara se estaba metiendo en un espiral  vertiginoso. Cada día tenía muchos más correos y, como ella se había propuesto, por educación y cortesía, les respondía a todos; tarea bella, pero muy estresante. Si ya venía arrastrando el cansancio de su dura jornada, por momentos se angustiaba ante el deber que ella misma se había impuesto; pero nada importaba, porque dicho menester la hacía feliz; muchas noches, a muy altas horas de la madrugada todavía estaba Sara inmersa en la bella tarea de su correspondencia electrónica. Y hablando de correos,  allí estaba el mensaje de Gabriel.

“Querida Sara:

Muchas gracias por tus bellas palabras. ¿Recibiste un ramo de rosas que te mandé a la dirección de tu empresa?. Como quiera que me  habías dado el nombre de tu empresa, no me resultó difícil ubicarte para hacerte el envío. Te juro que busqué las mejores flores, las más bonitas; tuve la fortuna de que alguien me dijera que en dicho día se celebraba en tu país el DIA DE LA FLOR y, ya viste, me cupo el honor de corresponderte en tu amistad. Saberme querido por ti en calidad de amigo, eso me llena de ternura; tú eres una persona para querer y admirar; tus hechos lo dicen todo, no me cansaré de repetírtelo.

Me tienes hechizado con tu página. ¿De dónde sacas esa imaginación tan bella para que todos nos sintamos felices tras leerte?. Es fantástico, amiga querida. Tú último trabajo me ha conmovido. ¿De verdad sigues creyendo que puedan existir en la vida real historias de amor tan bellas como las que tú relatas?. Estoy extasiado de placer en mi alma. Lo que tú has logrado en mi persona nadie antes lo había conseguido. Me declaro tu más ferviente admirador; me ganaste la partida desde el primer día que pude leerte, ya te lo dije muchas veces y no me cansaré de repetírtelo.

De forma personal, Sara, he notado en el fondo de mi ser que, a diario, hasta necesito de tus letras; te suplico me perdones por mi necedad, por abusar de ti y por haberme metido en tu vida sin que tú me llamaras. Es algo que me cuesta mucho explicártelo; ciertamente, es muy difícil, pero es la realidad de todo lo que estoy sintiendo. Creo que jamás tuve un cariño tan grande como el que estoy sintiendo por ti. Formas parte de mí ser, de mi vida, de mis circunstancias y, te lo juro, anhelo que llegue la noche para ver si me has escrito. Si crees que he enloquecido, por favor, házmelo saber; no quiero causarte molestias y si entiendes que puedo ser una carga para ti, dímelo. Si tuviera que alejarme de ti, aún con toda la pena del mundo, lo haría; es tanto el respeto que por ti siento que, repito, si me aceptas con agrado y no soy una carga para ti me sentiré el más feliz del mundo; si ocurre todo lo contrario sabré entenderte y me alejaré de ti en silencio. Tenía que sincerarme por completo contigo y, entiendo que ha sido hoy la primera vez que lo hice. No podía ser de otro modo. Esta relación tiene que sostenerse con el respeto, la amistad y todo lo hermoso que tus palabras me hacen sentir. Me siento muy dichoso contigo.

Que Dios te siga bendiciendo.

Gabriel.”

Tras la lectura de dicho correo, de pronto, a Sara se le pasaron todos los males; el cansancio, el estrés, el sueño; todo quedaba en un segundo plano porque todo se estaba desarrollando como ella anhelaba. Gabriel estaba desnudando su alma ante ella y esa acción es la que le dejaba helada la sangre de la dicha que estaba sintiendo. Por supuesto que él, no era consciente de todo lo que estaba logrando; o quizás sí, de forma inconsciente, pero sus letras calaban profundamente en el corazón de Sara.

Era un estado de dicha muy grande el que sentía que, difícilmente sabía explicar. Era, sin duda alguna, la llamada del amor que golpeaba a su puerta, justamente lo que ella deseaba porque, ella hacía tiempo ya, que quería abrirle la puerta de su alma, al verdadero amor. 

 
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