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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 27/06/2018  
 
   : Capítulo # 28 05/06/2012
  MADRECITA MÍA  

C

ómo no podía ser de otro modo, esa misma tarde, uno de los ramos de flores que Sara había recibido se lo llevó a su adorada madre. Y ésta se llevó una alegría inmensa. El hecho de comprobar que su hija, en un día tan especial se había acordado de ella, la llenó de gozo.

-Eres única, hijita – sentenciaba su madre al verla con el ramo de flores que le había traído -.

-Todo cuanto haga por ti, madrecita mía, siempre será poco. ¿Tú crees que yo podría olvidar todo lo que por mí has hecho? Me educaste, me diste una formación universitaria; siempre estuviste cerca de mi vida, de mis problemas, de mis éxitos y, por encima de todo te debo mi ser. Tú me trajiste al mundo y lo hiciste de una forma sublime; desde que nací y tuve uso de razón solo tengo recuerdos gratos a tu lado. ¿Te acuerdas cuando no querías que saliera con aquel chico que me cortejaba en mis años juveniles? ¡Hasta en ello tuve que darte la razón!. Luego, madrecita, el tiempo vino a demostrar que no estabas equivocada en tus apreciaciones; lógicamente, hablaba tu experiencia que, tan solo verle, muy pronto presagiaste que aquel chico no sería el hombre de mi vida. Creo que es un sexto sentido el que adorna tu ser para percibir lo que los demás no alcanzamos. Gracias a ti, madre, me libré de una desdicha inmensa; más tarde, hasta pude seguirle los pasos de aquél muchacho y su vida no ha sido un modelo de nada, todo lo contrario. Tiempo después, cuando conocí al que sería el padre de mis hijos ahí me diste la “bendición” en el acto y, acertaste por completo. Ha sido una vida muy emocionante a tu lado como para que ahora pudiese yo olvidarme de ti, tan siquiera un segundo.

-Hijita, me haces llorar de la emoción. Mi Sarita querida; sigues siendo la niña hermosa que un día traje al mundo y que tanta felicidad me ha dado desde entonces, con tu existencia. Por cierto, no me habías contado esa experiencia nueva que tuviste hace unos días; me enteré por la prensa al ver tu nombre en una de las noticias, que formaste parte de un jurado popular para juzgar a un muchacho homicida. ¿Cómo no me habías dicho nada?.

-No quise llenarte la cabeza de problemas, mamá. Son cosas del devenir diario acorde a estos tiempos que vivimos; son hechos trascendentales sí, no te lo voy a negar; y que además,  como se demostró, para que la ley se aproxime lo máximo posible a la correspondiente justicia, se hace esto del jurado, que, dicho sea de paso, en este que a mí me tocó estar, resultó todo un éxito. Para mí fue una experiencia muy dura, mamá; hasta sentí miedo de no ser capaz de arribar a una verdad cierta, como para tomar convencida una decisión pero tuvimos la suerte de analizar objetivamente todas las pruebas, cotejar minuciosamente todos los hechos y, tras muchas horas deliberando, como te digo, pudimos declarar inocente a ese muchacho; en aquel momento, tanto mis compañeros como yo, sentimos una felicidad inexplicable; teníamos un cargo sobre la conciencia muy grande; dependía de nosotros la vida de ese muchacho y era nuestra responsabilidad dirimir sobre si esa vida debía seguir latiendo libre o no. Era, como te digo,  una responsabilidad inmensa. Y al fin, madrecita, logramos nuestro objetivo y salimos muy satisfechos del trance.

-No sabes la dicha que me haces sentir –decía la madre con lágrimas en los ojos-. Lloro de la emoción que he ido sintiendo por todo lo que me has ido contado. ¡Estoy muy orgullosa de ti Sara! Mi única pena, en este momento, no es otra que pensar que tu hermano se marchó a España y yo, ¡no lo puedo evitar! ... ¡lo extraño muchísimo!. Mi felicidad total sería que estuviésemos todos juntos. Pero ha tenido que ser así y, si todos tenemos salud, tanto tu hermano en España, como nosotras aquí, ya lo tenemos todo. La felicidad, como sabes, nunca es completa. Cada cual tenemos que aceptar nuestra realidad; como madre, claro, siento mucho tener un hijo muy lejos, pero de igual modo les ocurre a millones de madres en el mundo que, por diversas circunstancias sus hijos han tenido que emigrar a otros lugares; no soy la única, por tanto, comprensión y fe en Dios, ¿cierto? No me cabe otra opción que esa, ya que a fin de cuentas creo que es la única. A tu hermano como a ti os hice dos regalos; daros la vida y la libertad para vivirla; es decir, hice hija mía por vosotros, lo que Dios me dio a entender que debía hacer. Por lo tanto ahora, y gracias a Él, nada tengo que lamentar.

- ¡Gracias por todo, madre! – dijo Sara emocionada. Me fascina como razonas, como analizas y hasta cómo soportas de forma estoica los lances que la vida te va dando. Si mami, aquello de tener un hijo lejos debe ser tremendo; para mi suerte, los míos los tengo cerca, razón quizás contraria como para poder entenderte en todo lo que me dices y a la vez no tan contraria, ya que el sólo hecho de pensar, simplemente, que alguno de ellos pudiera tener que alejarse,  me hace sentir que se me derrumba el alma. Deja que te diga que me cabe el orgullo de doblar mi presencia junto a ti como para cubrir en parte a mi hermano; a diario me gusta darte lo mejor y, como estás viendo, cada vez que puedo, vengo a verte para abrazarte. Te quiero mucho madrecita mía – dijo Sara y estrechó a su madre contra su pecho en un fuerte abrazo -.

 
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