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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 24/01/2018  
 
   : Capítulo # 19 15/02/2012
  SARA QUERIDA  

S

entada ya frente al computador, Sara, esperaba impaciente la conexión; ansiaba saber si Gabriel le había escrito.

Y en esta ocasión, más que nunca, su correo estaba atiborrado de mensajes y, recién en último lugar estaba el que ella esperaba.

¡Ahí estaba el correo de Gabriel Girón!. Ese venezolano, que aunque no le gustaba admitirlo,  le había trastocado sus planes; justamente, a ella ... que era una de esas personas que, teniendo los pies sobre la tierra, desde siempre discrepaba con aquello de que, a través de una máquina alguien pudiera conocerse y, por supuesto,  mucho menos, enamorarse como solía escuchar que les había sucedido a miles de personas por el mundo. Sin embargo, ella era ahora, víctima de sus propias circunstancias. Aquello que denostaba era ahora por lo que estaba atravesando y, lo que es mejor o peor – depende del punto de vista -, era lo que la tenía tan ilusionada.

En su día creó la consabida página en la que mostraba sus inquietudes, pero nunca con la idea de que nadie pudiera responderle y, lo que por ahí, le parecía, más grave de todo este asunto es, que sentía la necesidad de conectarse a la máquina como si del oxígeno de un asmático se tratase.

Todo ocurrió con tanta  normalidad; sin nada de premeditación y, sin embargo, los acontecimientos la iban llevando poquito a poco, por los senderos de sus ilusiones, al punto que Sara se sorprendía incluso ante sí misma. No daba crédito a lo que le estaba ocurriendo y mucho menos, a lo que estaba sintiendo.

“¿Qué me pasa? ” - se preguntaba una y otra vez, para sus adentros - .

Y no encontraba respuesta y, lo más grave es que esta pregunta, en los últimos tiempos se la había hecho tantas veces y, en ninguna de todas ellas había arribado a una conclusión satisfactoria.

“Vivamos”, se terminada diciendo “ y gocemos todas estas lindas sensaciones” ... ya luego, en su momento,  Dios dirá.

Esa noche decidió cambiar el orden de prioridades que seguía habitualmente; en vez de contestarle primero a todos los lectores que le habían escrito, quería recrearse antes, en el último de los correos, es decir, en el que le escribía Gabriel, ese hombre “desconocido” que le había hecho palpitar el corazón más de lo normal.

Allí estaba su mail, que le decía:

“Sara querida:

Alto honor el que me concedes al poder tutearte; al hacerlo, lógicamente, siento que te estoy faltando el respeto, pero como quiera que es tu deseo, nada que objetar; solo añadirte que me siento muy contento con este maravilloso detalle que has tenido para con mi humilde persona.
¿ Cómo podría yo explicarte todo lo que me estás haciendo sentir ?. No tengo palabras. Me siento ahora, como un niño pequeño, con su juguete nuevo. Es tanta mi dicha que, trasmitírtela es una tarea baladí para mí; no acierto a decirte lo que siento; es más, hasta me pongo nervioso. Como te dije la primera vez que te escribí, el hecho de que me contestaras, para mí ya era todo un éxito; ahora, al ver que me pides que nos tuteemos y que me entregas tu amistad, esto es algo maravilloso para mí; si pretendías que yo me sintiera inmensamente rico, lo has logrado por completo.

Discúlpame, Sara. Pero tengo muchas ganas de saber de ti. Por ejemplo, ¿vives de la escritura?. Te lo pregunto porque tengo la certeza de que así debe ser; una persona con tus lindas cualidades literarias, seguro que vive de su arte, ¿ cierto ?. Ya te dije que me encanta tu narrativa y, al margen de tus publicaciones en la red, me ofrezco ante tu ser para si un día así lo decides, poder editarte un libro en papel; soy un modesto editor, digamos que más bien un simple trabajador de las artes gráficas pero, la edición de libros, que he llevado a cabo alguna vez, es algo que me apasiona; tener entre mis manos un libro encuadernado que ha salido de mi imprenta, es un logro para mí que alcanza una satisfacción insospechada. Sin un día así lo decides, desde ya ... ¡cuenta conmigo!

Me gustaría conocerte.

¿Eres casada, soltera, separada….?. Y fíjate, que me callo y no te pregunto tu edad que, entonces si estaría faltando a todo principio de ética caballerosidad.

¿Podrías mandarme una foto tuya?  No te conozco personalmente pero, tu alma me parece fascinante, por tanto, estimo que toda tú, así también debes ser. Te confieso que tengo una inmensa curiosidad por conocer tu lindo rostro. 

¡Seguro que me complaces ante mi ruego!

Siendo así, muchas gracias por todo. Me quedaría todo el día escribiéndote porque no existe placer más bello; pero me reclama el trabajo, como a ti la narración, con la que nos cautivas a todos.

Seguro que Dios nos concederá el privilegio que nos conozcamos por completo algún día; para mí esa es una ilusión inmensa. Te entrego mi afecto y toda mi ternura. Tuyo que te abraza.

Gabriel.”

La misiva electrónica que Sara había terminado de leer le había dejado anonadada; era ya muy tarde y no tenía ganas de irse a dormir. Una y otra vez devoraba aquellas letras; incluso imprimió el e-mail para llevárselo a cama y volverlo a leer, una y otra vez. Posiblemente, Gabriel, sin pretenderlo, había creado una expectación muy grande, en el corazón de Sara, algo soñado e inimaginable.

Su sonrisa lo decía todo; y esta era el detonante que demostraba a todas luces, su felicidad.
“¿Dónde me llevará todo esto?” - pensaba Sara desde el fondo mismo, de su corazón -. Y una y otra vez las preguntas quedaban sobrando, porque de Dios obviamente estará -si así Él lo considera-llevarla hacia la más absoluta felicidad.

 
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