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Fábula de Pla Ventura

  • Número de capítulos publicados: 42
  • Publicación semanal cada miércoles
 
  Publicación del próximo capítulo: miércoles 25/04/2018  
 
   : Capítulo # 11 27/12/2011
  LA LOTERÍA  

T

ras haberle enviado su carta a Gabriel Girón, Sara anhelaba que transcurriera el tiempo; esperaba el día siguiente con verdadero anhelo.

¿Tendré noticias suyas? Pensaba desde el fondo de su ser.

En este nuevo amanecer, se marchó a su trabajo más contenta que nunca; sentía en el fondo de su corazón que pronto tendría respuesta del amigo “anónimo”, puesto que, en realidad, no conocía ni su cara.

Igual, podía suceder que se desvaneciera todo.

Dos correos amables de este señor tampoco daban la medida de la felicidad eterna. Sabía que era una exageración sentir así.

Pero igualmente, en aquel día luminoso Sara seguía soñando despierta; sentía que albergaba en su corazón la ilusión de una jovencita – aunque no lo fuera -  en la búsqueda del primer amor. Y es aquí donde Sara tenía miedo; había superado la barrera de los cincuenta, tenía un trabajo admirable, dos hijos que la querían, una madre que la adoraba y, reverdecer en nuevos amores, le parecía una locura; sin duda ella era consciente de todo; nadie la estaba engañando. Pero, como ella también, pensaba para sus adentros, nadie es dueño de su corazón y éste, de pronto, puede jugarte una “mala pasada” como tal vez podría estarle sucediendo a ella ahora que, sin poder o querer controlar sus emociones, así ... con esa incertidumbre, estaba viviendo.

Nada es más lindo que sentir las emociones que pueda darte el corazón y, Sara lo sabía. No en vano había vivido, todos estos años.

Eran muy pocos los “argumentos” que tenía para que latiera aquél de la manera que lo hacía, pero igual ella jugaba a creer en un posible amor.

Una cosa era verdaderamente cierta y esa era la forma como ella se desenvolvía en el trabajo; su sonrisa era permanente, su amabilidad, mucho más que de costumbre, su trato con los compañeros, el más bello del universo, su relación con los clientes, un primor y una exquisitez para con todos.

¿Querría decir todo esto que Sara se había enamorado? El tiempo lo diría.

Si la noche anterior deseaba Sara, que la misma discurriera a toda prisa, en esa jornada deseaba que las horas volaran pronto para comprobar, en su casa, si había tenido noticias del admirador que la había cautivado.

Como quiera que Sara era muy ordenada y pulcra, jamás mezcló sus relaciones de trabajo con su vida privada y, por dicha razón, el correo electrónico que usaba en la empresa nada tenía que ver con el suyo personal, una situación que hasta la fecha le parecía que era lo más normal del mundo y que, por vez primera en su vida estaba lamentando no poder acceder a su correo desde el trabajo.

Deseaba con ansia desmedida poder llegar a su casa porque sentía, que “alguien” podía estar esperándola a su llegada.

En este día ni ganas de almorzar tuvo; un zumo de naranja y una botella de agua fueron alimentos más que suficientes para saciar su cuerpo.

Estaba feliz, ilusionada y nada más le faltaba.

Lo que trasmitía Sara en sus ojos era bellísimo, hasta el punto de que uno de sus colaboradores, al verla tan dichosa no dudó en preguntarle:

“Doña Sara, ¿le ha tocado a usted la lotería? Se lo pregunto porque sus ojos tienen un brillo especial; irradia usted en su mirada algo tan bello que me resulta difícil de explicar; y si no es la lotería, sí sospecho que algo bueno está teniendo lugar en su vida”.

“Nada en particular, Raúl –dijo Sara– ocurre que me siento muy bien; las cosas en el trabajo, como sabes, marchan viento en popa y, esa es la razón por la que estoy tan dichosa. Bien es cierto que, al levantarme, si me lo permites, hoy me sentí guapa; no se las razones, pero desde que aprendí a quererme a mí misma es entonces cuando amo a los demás; y no es vanidad, como muy bien sabes. Al levantarme y comprobar que tengo salud al igual que los míos, me he sentido inmensamente rica. Cualquiera diría que es una situación digamos normal, es verdad; pero al levantarme le doy gracias a Dios por todo lo que tengo; quizás no merezco tanto, de ahí la gratitud que siento ante la vida y, como te digo, ante Dios.”

Al margen que todo lo que Sara le dijo a Raúl era muy cierto, el fondo de la cuestión no era precisamente lo que ella le había explicado al compañero. Tampoco era necesario más. Cierto es que, Sara no faltó a la verdad; las emociones contadas al compañero eran muy ciertas, pero había algo especial que ella se había callado y que era el auténtico “porque” de tan feliz que se estaba sintiendo.

Ya casi era la hora de terminar la jornada y estaba Sara deseosa de llegar a su casa. Sin duda alguna, con más ilusión que nunca. Al llegar, presentía con toda seguridad que encontraría el mensaje que estaba esperando, justamente, del hombre que tanto la había ilusionado. Por momentos, en el transcurso del trayecto hasta su casa, su sonrisa delataba lo que estaba sintiendo. Faltaba poco para llegar y, la expectación que llevaba dentro de su corazón era lo más bello que había sentido en años.

 
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